Ante homenaje a Fructuoso Rivera, casa del PC fue vandalizada: “Salsipuedes no se olvida”
El acto de vandalismo ocurrió horas antes de un evento para reivindicar al fundador del Partido Colorado. Las consignas aludían al episodio histórico de Salsipuedes.

Durante la tarde del día previo a un acto en conmemoración de Fructuoso Rivera, fundador del Partido Colorado, la sede central de esta colectividad política fue objeto de actos vandálicos. En los muros exteriores del local fueron plasmadas las consignas «Rivera genocida» en un cartel y «Salsipuedes no olvida» en la calle en frente. Los hechos ocurrieron en el contexto de los preparativos para un evento que buscaba reivindicar la figura del primer presidente constitucional de Uruguay.
El secretario general del partido, Andrés Ojeda, fue quien comunicó públicamente los incidentes a través de sus redes sociales. «Vandalizada en el día que elegimos celebrar, homenajear y reivindicar a Rivera», escribió Ojeda sobre la sede política. En su cuenta personal de X, el senador añadió: «Paradójicamente, grafitearon nuestro gran cartel que celebra los 40 años de democracia«. La organización del homenaje a Rivera había planificado originalmente su realización en la explanada de la Terminal Tres Cruces, lugar donde se erige el monumento al caudillo.
No obstante, el evento fue reubicado hacia la Casa del Partido Colorado. La justificación oficial proporcionada por los organizadores fue el «pronóstico de lluvia«. Esta modificación en la locación del acto se produjo de forma previa a los hechos de vandalismo reportados en la sede partidaria.
La Nación Charrúa niega haber hecho las pintadas
Desde el Consejo de la Nación Charrúa, a través de un diálogo con el medio El Observador, se deslindó cualquier participación en las pintadas registradas en la sede colorada. Los representantes de este colectivo hicieron énfasis en que no apoyan ningún tipo de vandalismo como método de protesta o expresión. Simultáneamente, a través de sus propias redes sociales, la organización emitió declaraciones en las que afirmó que «los riveristas huyeron y cambiaron el lugar de su evento«.
La mencionada organización sostuvo que la razón detrás del cambio de ubicación no fue meteorológica, sino la planificación de una contramanifestación por su parte. Dicha acción estaba programada como un acto «en repudio al homenaje a Fructuoso Rivera» y a la «justificación del genocidio charrúa«. El Consejo de la Nación Charrúa llevó a cabo su evento a la misma hora que el acto colorado, pero concentrándose frente al monumento a Rivera en Tres Cruces. Durante esta concentración, se exigió a la Intendencia de Montevideo el retiro de la estatua del espacio público.
El trasfondo histórico de la masacre de Salsipuedes
La Matanza de Salsipuedes, referida en algunas fuentes como Combate de Salsipuedes, ocurrió el 11 de abril de 1831 en las márgenes del arroyo Salsipuedes Grande, ubicado en el actual departamento de Tacuarembó. Este suceso histórico, ordenado por el entonces presidente Fructuoso Rivera, es considerado por la historiografía revisionista como un punto de inflexión en la historia de los pueblos originarios del Uruguay. El evento involucró la muerte y captura masiva de integrantes del pueblo charrúa, el grupo indígena predominante en el territorio de la Banda Oriental antes de la colonización europea.
El contexto previo se remonta a la presencia charrúa en la región comprendida entre los ríos Paraná y Uruguay. Durante el siglo XVI, este pueblo seminómada habitaba extensas áreas del actual Uruguay. La llegada de europeos en el siglo XVIII, marcada por disputas imperiales entre España, Portugal y Francia, provocó su paulatino desplazamiento. Un tratado de paz de 1732 reconoció su soberanía bajo la ley española, pero los conflictos por la tierra con colonos criollos dedicados a la expansión ganadera y agrícola fueron una constante.
Durante la Guerra de Independencia de la Provincia Cisplatina, entre 1825 y 1828, muchos charrúas brindaron su apoyo a la causa uruguaya bajo el mando de José Gervasio Artigas. Sin embargo, tras la independencia en 1828, el naciente Estado uruguayo comenzó a percibir a los grupos indígenas remanentes, estimados en alrededor de 600 personas incluyendo mestizos y guaraníes sedentarios, como una amenaza a la organización social y económica.
Malones atribuidos a charrúas, consistentes en robos, raptos y ataques a estancias, generaron presiones de los colonos para su represión. En 1830, el caudillo Juan Antonio Lavalleja, rival político de Rivera, solicitó explícitamente una «confrontación» con los charrúas.
Hace unos minutos la fachada de la Casa del @PartidoColorado fue vandalizada en el día que elegimos celebrar, homenajear y reivindicar a Rivera.
Paradójicamente, grafitearon nuestro gran cartel que celebra los 40 años de democracia.
Hoy, a partir de las 17 horas, en la casa del… pic.twitter.com/PuQm484avV— Andrés Ojeda (@AndresOjedaOk) September 27, 2025
Los sucesos del 11 de abril de 1831
Fructuoso Rivera, en su función de Comandante en Jefe del Ejército, convocó a una reunión a los principales caciques charrúas: Venado, Polidoro, Rondeau y Juan Pedro. El pretexto oficial fue la necesidad de su ayuda para custodiar las fronteras contra presuntas amenazas provenientes de Brasil. La cita se desarrolló en un potrero junto al arroyo Salsipuedes Grande, con la asistencia de mujeres, niños y guerreros charrúas, quienes, según relatos, acudieron desarmados y confiados en las relaciones previas con Rivera.
Aproximadamente 1.200 soldados del ejército uruguayo, al mando de Bernabé Rivera, sobrino de Fructuoso, rodearon el lugar. De acuerdo al informe oficial de Fructuoso Rivera fechado el 12 de abril, el ataque se desencadenó cuando un oficial liberó la caballada gubernamental, gesto que los charrúas imitaron por cortesía. Esta acción facilitó la emboscada planificada: las tropas abrieron fuego, resultando en la muerte de unos 40 indígenas, incluyendo a caciques como Venado, y la captura de alrededor de 300, en su mayoría mujeres y niños. Las bajas de las fuerzas gubernamentales fueron mínimas: un muerto y nueve heridos.
Los charrúas como exhibiciones de zoológico
Los prisioneros capturados en Salsipuedes fueron obligados a marchar 260 kilómetros hasta Montevideo. Una vez en la capital, fueron distribuidos entre familias criollas para ser criados, alfabetizados o utilizados como mano de obra esclava. Cuatro sobrevivientes —los caciques Senaqué, Vaimaca Pirú, el joven Laureano Tacuabé y la embarazada Guyunusa— fueron adquiridos por el exgeneral francés François de Curel.
En 1833, este grupo fue enviado a París para ser exhibido como especímenes exóticos en el marco de estudios antropológicos, en lo que se conoció como un «zoológico humano». Guyunusa dio a luz a una hija en cautiverio, llamada Caroliné, pero fallecieron debido a enfermedades y maltrato.
La matanza no constituyó un evento aislado, sino el inicio de una campaña de persecución sistemática. Bernabé Rivera lideró ataques posteriores: el 17 de agosto de 1831 en Mataojo, con un saldo de 15 charrúas muertos y 80 capturados; y en 1832, la represión de una sublevación en Santa Rosa. El 20 de junio de 1832, Bernabé Rivera murió en una emboscada en Yacaré-Cururú, ejecutado por charrúas sobrevivientes que lo señalaron como responsable directo de los eventos de Salsipuedes.
La historiografía oficial del siglo XIX en Uruguay presentó los hechos de Salsipuedes como una «batalla» o «combate» defensivo contra grupos considerados «bárbaros», minimizando su alcance para justificar la expansión del Estado. En contraste, la visión revisionista predominante en la actualidad lo clasifica como un acto genocida.
Historiadores como Lincoln Maiztegui Casas y Diego Bracco argumentan que, si bien la desaparición charrúa fue un proceso gradual, Salsipuedes representó el golpe definitivo a su identidad colectiva, su territorio y su memoria histórica.
La traición de Rivera y la extinción de los charrúas
Adicionalmente, el evento es descrito frecuentemente como una traición, dada la invitación falsa extendida por Rivera, quien previamente había mantenido alianzas con los charrúas durante la independencia. Las características del suceso, una emboscada contra personas desarmadas que habían acudido en confianza, descartan para muchos investigadores cualquier noción de una confrontación paritaria.
A largo plazo, el evento aceleró la extinción cultural de los charrúas como pueblo cohesionado, con la pérdida de su idioma y la disolución de su estructura social. En la actualidad, se estima que existen entre 160.000 y 300.000 descendientes en Uruguay, Argentina y Brasil. El sitio de la matanza fue declarado «Lugar de Memoria» en Uruguay en 2021, y el 11 de abril se conmemora como el Día Nacional de los Pueblos Originarios.
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