"El héroe en la escena; las masas en la platea"
«Baños no era un traidor. Era un cátaro, un puro, quizás un ingenuo, dispuesto a todo, capaz de dar la vida por sus certezas. Pertenecía a una especie ya en vías de extinción en esta sociedad de cálculos y dividendos políticos y de los otros. El y los suyos pagaron con su vida el precio de sus ideas», publicó el director de LA REPUBLICA Federico Fasano el domingo 29 de enero de 1989, a apenas cinco días de la derrota de los activistas. Entre los 39 muertos, 3 desaparecidos, 60 heridos y 5 cuerpos sin nombre fueron hallados los restos del abogado humanitario Jorge Baños, quien había pedido a la Justicia Federal la extradición de los represores José Gavazzo, Manuel Cordero, Hugo Campos Hermida y Jorge Silveira por el secuestro y posterior muerte de los militantes León Duarte, Gerardo Gatti, y Hugo Méndez en Automotores Orletti. El doctor Baños había sido conocido en Uruguay, en agosto de 1988, cuando trajo a Montevideo documentación, hasta entonces desconocida, que evidenció las reales intenciones de la 17ª Conferencia de Ejércitos Americanos, celebrada entre el 16 y el 20 de noviembre de 1987, en la ciudad argentina de Mar del Plata. LA REPUBLICA publicó los cuatro documentos caratulados como «secretos». Las pruebas sirvieron para que el senador Carlos Julio Pereyra pudiera interpelar al entonces ministro de Defensa Nacional, teniente general (r), Hugo Medina. La documentación revelaba los acuerdos golpistas y represivos entre las fuerzas armadas de la región, que acordaron crear un comando único de inteligencia. «El abogado destrozado en La Tablada», dijo Fasano es uno de «nuestros héroes», y uno de aquellos «hegelianos, sin saberlo», que «tomaron prestada la práctica del fascismo que querían destruir». El director del diario plural había recordado que «para Hegel sólo la acción verdadera conduce al pensamiento verdadero. En cambio para Marx, sólo el pensamiento verdadero conduce a la acción verdadera».
«Los putchistas», preconizaba Fasano en su editorial del 29 de enero, «portaban en la punta de sus fusiles, sin percibir, que su acción destrababa como por arte de magia a un Ejército acorralado por la sociedad civil. A un Ejército incapaz de persuadir y convencer, sin espacio para otra cosa que el uso de la fuerza bruta». La posibilidad de que los activistas hubieran sido inducidos a perpetrar una acción armada (a partir de cierta información falsa que los engañó a pensar que estaban ante una nueva intentona golpista que debía ser resistida por las armas), es una hipótesis que fue considerada por LA REPUBLICA, desde los primeros momentos.
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