Los neonazis vuelven al poder en Alemania: lo que dice el triunfo de AfD en Sajonia-Anhalt
La ultraderecha alemana arrasa en Sajonia-Anhalt con más del 44% de los votos, impulsada por la imagen moderada de Alice Weidel. Pero su vida personal —lesbiana, con pareja asiática y residencia en Suiza— choca con el discurso conservador y antiinmigración de su propio partido.

La victoria de Alternativa para Alemania (AfD) este fin de semana en Sajonia-Anhalt —más del 44% de los votos— ha vuelto a situar a Alice Weidel en el centro del tablero. El partido la ha colocado como su imagen más presentable para el electorado moderado. Pero su biografía personal choca frontalmente con buena parte del programa que defiende.
Weidel tiene 46 años, nació en Gütersloh (oeste de Alemania) y viene del mundo de las finanzas internacionales: pasó por Goldman Sachs, Credit Suisse y Allianz Global Investors, además de residir varios años en China. Se afilió a AfD en 2013, cuando el partido aún era euroescéptico y liberal en lo económico, lejos del giro identitario que daría después y que derivó en una nueva forma de nazismo. Desde 2022 copreside la formación con Tino Chrupalla, y encuestas recientes la colocan como la política con mayor popularidad en el país.
Weidel es abiertamente lesbiana. Desde 2009 mantiene una relación con Sarah Bossard, una productora audiovisual inmigrante nacida en Sri Lanka y adoptada por una familia suiza. Llevan más de quince años juntas, no están casadas y crían a dos hijos varones, también adoptados.
Viven habitualmente en un pequeño pueblo del cantón de Schwyz, en Suiza, aunque Weidel tiene su domicilio electoral registrado en Alemania y reparte su tiempo entre Berlín y la vida familiar al otro lado de la frontera.
Neonazismo con un nuevo rostro
Esa biografía choca de lleno con el programa de su partido: AfD defiende el modelo de familia tradicional (padre, madre e hijos), rechaza la llamada “ideología de género” y resta importancia al matrimonio igualitario, una postura que Weidel apoya públicamente aunque no encaje con su vida.
Ella insiste en que no está en AfD a pesar de su homosexualidad, sino a causa de ella, argumentando que el partido “protege a los homosexuales” frente a la intolerancia de las comunidades migrantes musulmanas. Analistas y colectivos LGBT+ tachan este argumento de pura instrumentalización y de no ser otra cosa que un pink-washing, o sea, utilizar las causas de los colectivos sexualmente diversos sin realmente creer en ellas, solo para beneficios políticos.
Lejos de restarle peso, esta contradicción se ha convertido en un activo para su imagen pública, según coinciden varios análisis. Le permite aparecer como una versión más digerible de la ultraderecha frente a quienes aún asocian a AfD con su ala más dura, la que lidera Björn Höcke en Turingia —condenado en dos ocasiones por utilizar un lema prohibido de las SA nazis.
El resultado del fin de semana no es un caso aislado, sino un eslabón más en la escalada que arrancó en septiembre de 2024, cuando AfD ganó por primera vez unas regionales en Turingia desde la Segunda Guerra Mundial y rozó el primer puesto en Sajonia. En Sajonia-Anhalt ha duplicado el apoyo de 2021 y se ha quedado al borde de la mayoría absoluta. Solo el cordón sanitario que los demás partidos mantienen contra la extrema derecha le impide, de momento, gobernar en solitario.
En mayo de 2025, la Oficina Federal para la Protección de la Constitución —el servicio de inteligencia interior alemán— clasificó a AfD a nivel nacional como “extremista de derecha confirmada”, citando declaraciones islamofóbicas, racistas y antisemitas de sus líderes. Las sedes regionales en Sajonia, Sajonia-Anhalt y Turingia ya habían llegado a esa misma conclusión sobre el partido en sus territorios.
Los sondeos a pie de urna indican que, aunque la migración es el núcleo del discurso de AfD, no fue la principal razón del voto. Solo un 16% del electorado la señaló como prioridad, muy por detrás de la economía, la educación, la falta de infraestructuras y la escasez de empleo. Esto refuerza la idea de que el respaldo a Weidel y a su partido mezcla el descontento por el coste de vida y la gestión del gobierno federal con un rechazo directo a la población migrante.
Con AfD ya por delante en buena parte de las encuestas nacionales y con la posibilidad de forzar una repetición electoral en Sajonia-Anhalt para intentar lograr esa mayoría absoluta en solitario, la figura de Weidel —y la contradicción entre su vida privada y el programa que defiende— seguirá marcando el debate sobre el techo de la ultraderecha en Alemania.
AfD ha reivindicado el nazismo
Hay varios casos documentados sobre cómo líderes del partido, y su núcleo ideario mismo, reivindican al nazismo. Alexander Gauland (excopresidente del partido) dijo en 2018 frente a sus votantes que los alemanes deben asumir la responsabilidad por los 12 años de gobierno de Hitler, pero sostuvo que eso es solo una pequeña parte de la historia alemana, calificando a Hitler y los nazis como “una mancha de excremento de pájaro” en más de 1.000 años de historia exitosa de Alemania.
Ese mismo discurso tuvo un segundo tramo menos citado pero igual de revelador: Gauland elogió los logros del mariscal de campo nazi Erwin Rommel y del oficial Claus von Stauffenberg, y sostuvo que, así como los franceses están orgullosos de Napoleón y los británicos de Nelson y Churchill, los alemanes tienen derecho a estar orgullosos de las hazañas de sus soldados en las dos guerras mundiales.
En enero de 2017, Björn Höcke (líder de AfD en Turingia) habló en un mitin de juventudes del partido, y calificó al célebre Memorial del Holocausto de Berlín como “un monumento de la vergüenza en el corazón de la capital” y pidió un giro radical en la manera en que Alemania recuerda ese período.
Es el mismo dirigente que fue multado dos veces por la justicia alemana por usar la consigna prohibida de las tropas de asalto nazis “Alles für Deutschland”.
En 2024, poco antes de las elecciones europeas, Maximilian Krah (excabeza de lista de AfD para el Parlamento Europeo), le dijo a un diario italiano que los miembros de las SS —la principal fuerza paramilitar nazi— “no eran todos criminales”. Fue expulsado del partido pero volvió por la puerta grande en 2025.
Matthias Helferich (diputado federal), fue mucho más sincero: se autodescribió en un chat filtrado como “la cara amigable de los nazis”, lo que lo obligó a renunciar a su banca en 2021; alegó después que era una “parodia” de discursos de izquierda. Como Krah, fue reincorporado al bloque parlamentario en 2025.
Compartí tu opinión con toda la comunidad