pende de un hilo

Rodrigo Paz enfrenta la rebelión de su propio vicepresidente en medio de la crisis política en Bolivia

Denuncias de corrupción, decretos cuestionados por inconstitucionales y una intervención estatal a la petrolera YPFB configuran un escenario de fragilidad institucional en el primer año de gestión de Paz.

Foto: X / Rodrigo Paz Pereira
Foto: X / Rodrigo Paz Pereira

Bolivia atraviesa una crisis de gobernabilidad que no se explica solo por factores externos al Ejecutivo. Desde noviembre de 2025, cuando Rodrigo Paz asumió la presidencia y puso fin a veinte años de gobiernos del MAS, su propio vicepresidente, Edmand Lara, se transformó en uno de los focos de tensión más persistentes dentro del oficialismo.

Lara llegó al cargo con un perfil poco convencional. Excapitán de policía, se hizo conocido en redes sociales por denunciar casos de corrupción antes de integrar la fórmula del Partido Demócrata Cristiano junto a Paz. Además de la vicepresidencia, ocupa la presidencia de la Asamblea Legislativa, un dato que no es menor: cada roce entre ambos termina afectando también al funcionamiento del Congreso.

La ruptura empezó casi de inmediato. A dos semanas de la asunción, en noviembre de 2025, Lara ya denunciaba en redes que lo estaban dejando fuera de la cúpula de mando, en medio de diferencias sobre la designación de funcionarios. Para enero de 2026, con apenas diez semanas de gobierno encima, se consideraba a sí mismo parte de la oposición.

El quiebre más visible llegó en diciembre de 2025, después del Decreto Supremo 5503, que eliminó la subvención a los combustibles y disparó el precio del diésel y la gasolina. Lara salió a calificar al mandatario de corrupto y hábil para engañar, y llamó pelotudos a los ministros por, según sus palabras, provocar una convulsión social con esa medida.

Ese episodio tuvo consecuencias concretas puertas adentro del Parlamento. Tanto el Senado como la Cámara de Diputados emitieron pronunciamientos formales pidiéndole a Lara que se retractara públicamente de acusaciones contra legisladores que consideraron infundadas y difamatorias.

Paz, mientras tanto, evitó el choque frontal con su vicepresidente

En un encuentro con dirigentes gremiales para explicar el decreto de combustibles, respondió sin mencionar a su vicepresidente por nombre: “Yo no hago TikToks, yo actúo. Yo hago las cosas porque para eso me han elegido, para tomar decisiones”, dijo el presidente en la antesala de esa reunión.

Esa postura conciliadora se mantuvo en el tiempo. Paz prefirió no entrar en una disputa abierta y solo se refirió a Lara con una frase breve: “Las puertas siempre están abiertas al diálogo, pero yo por Tiktok no hablo”, fue casi todo lo que dijo al respecto en público.

Las acusaciones del vicepresidente, sin embargo, fueron subiendo de tono. En marzo de 2026 llamó mentiroso a Paz y lo acusó de repartir cargos, de solapar la incompetencia de algunos ministros y, la denuncia más grave hasta ese momento, de proteger el narcotráfico.

En esa misma etapa, Lara reconoció públicamente su arrepentimiento por haber sido candidato junto a Paz. “Yo aporté con mucho voto, la gente confió en mí, esa responsabilidad la tengo que asumir porque yo lo ayudé a llegar al Gobierno”, admitió ante medios de Tarija. También pidió que la gente votara en contra de los candidatos respaldados por Paz en las elecciones autonómicas, porque, según su lectura, el presidente buscaba apoderarse de alcaldías y gobernaciones.

El desgaste institucional sumó un capítulo más cuando Paz emitió un decreto para gobernar a distancia, usando medios digitales. Lara, en su rol de titular de la Asamblea Legislativa, calificó esa medida de inconstitucional, y terminó bajo revisión de la Corte Constitucional boliviana.

En enero de 2026, durante un acto por el aniversario del Estado Plurinacional, el vicepresidente lanzó una advertencia directa hacia el presidente: “El poder no es eterno. Rodrigo Paz, el poder no es para siempre. Así como el pueblo te subió, el pueblo también te puede bajar”. En la misma ocasión se comprometió a fiscalizar la gestión de Paz durante todo el mandato: “Si nos quedamos los cinco años, los cinco años va a tener que soportarme Rodrigo Paz, pues hecho de corrupción que detecte será denunciado, no voy a callar”.

Durante los bloqueos de rutas de mayo y junio de 2026, que dejaron dos muertes vinculadas indirectamente a la falta de asistencia médica oportuna, Lara volvió a acercarse en el discurso a los sectores movilizados contra el Gobierno. En un video que subió a sus redes afirmó que los tiranos van a caer y acusó al Ejecutivo de aplicar un decreto del hambre, del desempleo y de la desesperanza.

El sociólogo boliviano Franco Gamboa resumió el riesgo de fondo en una entrevista con la agencia AFP: “Es un vicepresidente anecdótico, pero también es un serio riesgo para la gobernabilidad en el mediano y largo plazo”.

A pesar del ruido político, las encuestas en diciembre de 2025 le daban a Paz un 65 por ciento de respaldo ciudadano, mientras Lara iba perdiendo protagonismo y quedaba cada vez más aislado dentro de su propio gobierno, según información de la agencia AP.

El frente económico tampoco da tregua. El 1 de septiembre de 2026 el Gobierno dispuso la intervención temporal de la petrolera estatal YPFB mediante el Decreto Supremo 5697, con el objetivo declarado de proteger los intereses del Estado y recuperar eficiencia operativa y administrativa, en medio de una crisis de abastecimiento de combustibles que ya lleva varios meses sin resolverse.

La suma de una economía en tensión, bloqueos que se repiten con base social propia y una fractura pública entre el presidente y su vicepresidente arma un cuadro de gobernabilidad debilitada. No hay, al menos por ahora, ruptura institucional formal, pero sí un desgaste que varios analistas consultados por medios de la región describen como estructural más que pasajero.

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