calentamiento global

El umbral de 1,5 °C se romperá en esta década, pero los expertos de Naciones Unidas explican cómo revertirlo

El nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente confirma que el mundo atravesará el umbral crítico de 1,5 °C, pero establece que un pico controlado y una caída acelerada de las emisiones podrían devolver la temperatura a niveles seguros para finales del siglo XXI.

Un hombre busca agua en una zona afectada por la sequía en Myanmar. Foto de archivo: Pyae Phyo Aung
Un hombre busca agua en una zona afectada por la sequía en Myanmar. Foto de archivo: Pyae Phyo Aung

La comunidad científica y los organismos multilaterales lo saben desde hace años, pero nunca se había expresado con tanta crudeza en un documento oficial: el mundo superará el límite de 1,5 °C de calentamiento global en los próximos años. Sin embargo, el mismo estudio que confirma este fracaso temporal del Acuerdo de París sostiene que aún estamos a tiempo de revertir la curva y volver a situarnos por debajo de ese umbral para finales del siglo XXI.

El nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), titulado “Limitando el exceso” y presentado en la recta final de 2025, supone un cambio de paradigma en la estrategia climática global. La ONU abandona el discurso de la prevención absoluta para abrazar la gestión del “exceso”. La clave, según los especialistas del panel, no está en evitar el paso por encima de los 1,5 °C, sino en controlar la magnitud del pico y, sobre todo, acortar su duración al máximo posible.

Guterres es claro: “Todavía podemos lograr que el calentamiento vuelva”

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, fue contundente durante la presentación del documento: “Todavía podemos lograr que el calentamiento vuelva a situarse por debajo de 1,5 °C a finales de siglo”. Guterres insistió en que el objetivo debe ser que el exceso por encima de ese límite sea “lo más pequeño y breve posible”. Esta declaración no es un consuelo, sino un imperativo matemático. El informe modela varios escenarios y el más optimista, que exige una acción política inmediata, proyecta un pico máximo de 1,8 °C. En contraste, si los gobiernos mantienen las políticas actuales sin modificaciones sustanciales, el termómetro global se dispararía hasta los 2,6 °C para 2100, un nivel que los autores del estudio califican como catastrófico para la civilización tal como la conocemos.

Los puntos de inflexión: el peligro real de cada fracción de grado

¿Qué significa realmente sobrepasar los 1,5 °C? No se trata de un interruptor que se enciende de golpe. Es un umbral de seguridad ecológica. Cada fracción de grado adicional intensifica la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos. Pero el peligro mayor reside en la activación de los llamados puntos de inflexión del sistema terrestre. El informe del PNUMA cita específicamente tres grandes riesgos geofísicos que podrían volverse irreversibles si la temperatura se mantiene elevada durante décadas.

El primero es la desestabilización de las grandes capas de hielo de Groenlandia y la Antártida Occidental. El segundo, la degradación progresiva de la selva amazónica, que podría convertirla de sumidero de carbono a emisor neto. Y el tercero, quizás el más inquietante para el clima europeo y global, es la alteración de la circulación de corrientes oceánicas en el Atlántico (conocida como AMOC), responsable de regular las temperaturas en gran parte del hemisferio norte. Superar los 1,5 °C durante varias décadas aumenta exponencialmente la probabilidad de cruzar estos umbrales.

La estrategia de tres fases: “exceso, pico y declive”

Para evitar ese destino, el PNUMA propone una estrategia de gestión climática bautizada como “exceso, pico y declive”. La hoja de ruta se compone de tres fases diferenciadas. La primera es la aceptación del exceso, que ya es inevitable. La segunda es la contención del pico, para que no supere los 1,6 °C o 1,8 °C en el mejor de los casos. La tercera, y más relevante para la reversión, es el declive acelerado, que exige lograr emisiones netas negativas en la segunda mitad del siglo. Esto significa que la humanidad no solo debe dejar de emitir, sino que debe extraer activamente el dióxido de carbono de la atmósfera.

Las políticas urgentes que plantea el documento no son teóricas, ya que el informe desglosa acciones concretas y cuantificables que deben implementarse antes de 2030 para que el plan funcione. En primer lugar, exige una reducción drástica de la contaminación por metano, un gas de efecto invernadero con un poder de calentamiento 80 veces superior al del CO₂ en el corto plazo. Controlar las fugas en la industria de los combustibles fósiles y modificar las prácticas ganaderas podría reducir casi la mitad de las emisiones de metano para 2030.

En segundo lugar, el PNUMA pide una auténtica revolución de las energías renovables que multiplique por seis la capacidad instalada actual de solar y eólica para mediados de la próxima década. Esto implica eliminar progresivamente los subsidios a los combustibles fósiles, que aún superan los 7 billones de dólares anuales a nivel mundial, según datos de la agencia. En tercer lugar, y para lograr el ansiado “declive” que permita regresar a los 1,5 °C, será necesario desplegar tecnologías de remoción de carbono a gran escala, incluyendo la reforestación masiva y sistemas de captura directa de aire, aunque los autores advierten que estas no son un sustituto de la reducción de emisiones, sino un complemento indispensable para compensar los sectores de difícil descarbonización, como la aviación o el cemento.

El peso recae sobre el G20 y el costo de no hacer nada es mayor

El peso de esta transformación recae, según el principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”, sobre los países del G20, que concentran el 80% de las emisiones globales. Los economistas del PNUMA estiman que el costo de no hacer nada es infinitamente superior a la inversión requerida. Si no se toman estas medidas, el daño económico acumulado por la pérdida de productividad agrícola, el aumento del nivel del mar y los desastres climáticos extremos restará hasta un 15% del PIB global para 2050.

El mensaje final del organismo multilateral es desafiante pero no derrotista. La ciencia ha cambiado el foco: ya no se pregunta si superaremos los 1,5 °C, sino cuánto tiempo permaneceremos allí. La urgencia política no es una opción retórica, es una variable física. Cada año de retraso en la implementación de estos recortes añade décadas al periodo de exceso térmico, acercándonos peligrosamente a esos puntos de no retorno.

La reversión es técnicamente viable y económicamente racional, pero su ventana de oportunidad se está cerrando a una velocidad sin precedentes. El planeta ya tiene fiebre; la pregunta es si los líderes mundiales recetarán el tratamiento completo a tiempo para bajar la temperatura antes de que sea demasiado tarde.

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