Trump atacó a Giorgia Meloni: todo el arco político italiano cerró filas tras ella
La defensa al papa León XIV desencadenó una respuesta inmediata de la Casa Blanca y unió a fuerzas opuestas en Roma para defender a Meloni de los ataques de Trump.

Una comunicación telefónica de seis minutos entre el presidente estadounidense y la primera ministra italiana generó el martes un realineamiento temporal en el arco legislativo de Roma. Donald Trump expresó en una entrevista su «conmoción» por la postura de Giorgia Meloni, a quien acusó de pretender que Estados Unidos realice el «trabajo sucio» mientras Italia observa sin involucrarse.
La mandataria italiana había calificado previamente como «inaceptables» los comentarios del republicano sobre el papa León XIV, a quien Trump describió como «débil» en política exterior y vinculó con una imagen generada por inteligencia artificial de carácter mesiánico.
El enfrentamiento público derivó en una defensa transversal de la jefa del gobierno italiano. Antonio Tajani, vicepresidente y canciller, afirmó que Italia mantendrá su rol como «aliado sólido» de Washington pero bajo principios de «lealtad, respeto y franqueza recíprocos».
El funcionario agregó que Trump no se equivocaba al considerar a Meloni una mujer valiente, y que sobre el pontífice ella dijo «exactamente lo que todos los ciudadanos italianos piensan». Ignazio La Russa, presidente del Senado, sostuvo que cuando no se coincide con un socio estratégico «tenemos el deber —antes que el derecho— de decirlo».
El desencuentro Trump-Meloni que unificó al parlamento italiano
El líder de la Liga, Matteo Salvini, evitó mencionar directamente al mandatario estadounidense pero calificó como «ni útil ni inteligente» atacar a un «símbolo de paz y guía espiritual».
La respuesta de la oposición mostró matices diferenciados. Elly Schlein, cabeza del Partido Democrático, condenó «firmemente» el ataque de Trump y subrayó que, pese a las discrepancias políticas, no se aceptarán amenazas contra el gobierno ni contra Italia. En el recinto parlamentario, Schlein declaró: «Somos adversarios en esta cámara, pero todos ciudadanos italianos».
Giuseppe Conte, líder del Movimiento Cinco Estrellas, adoptó un tono más analítico. Calificó los ataques como previsibles y cuestionó la estrategia diplomática del ejecutivo, al que acusó de haber buscado deliberadamente la ambigüedad en su vínculo con Washington.
Paralelamente, Conte celebró la decisión de Meloni de suspender el acuerdo de defensa con Israel, aunque la calificó de tardía, y la atribuyó parcialmente a la derrota de la coalición gobernante en el referéndum sobre justicia de marzo pasado.
La posición más crítica dentro del espectro político
El ex primer ministro Matteo Renzi ofreció la valoración más adversa hacia la actual mandataria. Renzi aseguró que Meloni «es abandonada incluso por los suyos, por su gurú, por su líder» y advirtió que «el colapso no ha hecho más que empezar» de cara a los próximos comicios electorales. Esta declaración contrastó con el respaldo mayoritario que recibió la primera ministra desde sectores habitualmente enfrentados.
La acumulación de roces entre ambos mandatarios venía gestándose antes del episodio relacionado con el papa León XIV. Italia se negó a autorizar el uso de la base de Sigonella para operaciones militares hacia Medio Oriente y descartó participar en misiones para asegurar el estrecho de Ormuz.
Trump reveló haber solicitado a Italia el envío de dragaminas a esa zona estratégica, sin obtener respuesta positiva. Encuestas recientes indican que el 66% de los ciudadanos italianos tiene una opinión negativa de Trump, dato que habría influido en el reposicionamiento de la premier.
La estrategia internacional de Meloni en revisión
El proyecto político más ambicioso de Meloni en el plano exterior consistía en erigirse como el puente entre Trump y Europa, aprovechando la afinidad ideológica con el presidente republicano para reclamar para Italia un papel que ningún otro socio europeo podía desempeñar.
Esa estrategia parecía funcionar hasta hace pocas semanas: Meloni había sido la única líder europea presente en la toma de posesión de Trump en enero de 2025, y ambos habían mantenido un vínculo de sintonía pública.
En paralelo al conflicto diplomático, Meloni anunció la suspensión de la renovación automática del acuerdo de defensa con Israel, firmado en 2005 y vigente durante dos décadas. Esta medida fue interpretada como una «señal política» en el contexto del conflicto regional. La primera ministra fue explícita en su postura sobre la relación entre poder político y autoridad religiosa: dijo que no se sentiría «cómoda en una sociedad donde los líderes religiosos hacen lo que les dicen los líderes políticos».
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