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Xi Jinping y Sánchez arman en Pekín una alianza frente al desorden global

Xi Jinping y Sánchez se unen contra la “ley de la selva” en una cumbre cargada de mensajes geopolíticos y guiños a Estados Unidos.

Xi Jinping recibió a Pedro Sánchez en China. Foto: Gobierno de España
Xi Jinping recibió a Pedro Sánchez en China. Foto: Gobierno de España

Pedro Sánchez completó este martes su cuarta visita oficial a China en cuatro años con una reunión bilateral en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín junto al presidente chino, Xi Jinping. El encuentro, que constituyó el acto central de la visita, se desarrolló en un contexto internacional marcado por la guerra en Irán, las tensiones comerciales derivadas de la política arancelaria estadounidense y el cuestionamiento sostenido del orden multilateral.

Xi tomó la palabra primero. Ante Sánchez y su delegación —encabezada por el ministro de Exteriores, José Manuel Albares— el líder chino situó el momento actual como una coyuntura de ruptura. Para Xi, el mundo atraviesa una etapa «cambiante y turbulenta» en la que el derecho internacional ha sido «gravemente socavado». En ese marco, subrayó que la forma en que un Estado trata las normas internacionales revela su visión del mundo, sus valores y su sentido de la responsabilidad.

La frase central del discurso inaugural de Xi fue directa: «Tanto China como España tenemos principios y abogamos por la justicia, y estamos dispuestos a estar del lado correcto de la historia«. Con esa formulación, el presidente chino trazó una línea divisoria implícita entre los países que sostienen el multilateralismo y aquellos que, según su lectura, propician el retorno a la ley del más fuerte.

China y España le hacen a la hegemonía de EE.UU.

La referencia a la «ley de la selva» no fue casual ni accesoria. Xi la empleó para condensar su crítica al unilateralismo —sin nombrar a ningún país en particular— y para encuadrar la relación hispano-china como un contrapeso a esa tendencia. Llamó a los dos gobiernos a reforzar la comunicación, consolidar la confianza mutua, estrechar la cooperación y «rechazar el regreso del mundo a la ley de la selva», además de «salvaguardar juntos el verdadero multilateralismo y defender la paz y el desarrollo globales».

Sánchez respondió en un registro similar. Recordó que esta es su cuarta visita consecutiva a Pekín desde 2023 y la presentó como evidencia del peso estratégico que Madrid concede a la relación bilateral. Afirmó que el vínculo entre China y la Unión Europea se ha vuelto «aún más sólido» en ese período y defendió que esa cooperación opera en favor de la estabilidad mundial. «Quiero que sepa que España va a estar a la altura del desafío histórico que se plantea, que va a ser valiente, claro y predecible, y va a trabajar siempre por el entendimiento entre naciones», señaló el presidente español dirigiéndose directamente a su par.

Ambos mandatarios coincidieron en que el sistema multilateral está siendo erosionado «de manera recurrente y muy peligrosa» y en que resulta más necesario que nunca reforzarlo. El objetivo declarado de la reunión fue trabajar de forma conjunta para encontrar vías que permitan sostener el derecho internacional frente a las presiones actuales.

El trasfondo económico de la visita

Antes del encuentro protocolar con Xi, Sánchez se reunió en Pekín con una decena de inversores chinos de sectores como la automoción, las energías renovables y las baterías, con el propósito de posicionar a España como destino de negocios orientado a la generación de empleo local y alianzas estratégicas. El intercambio comercial bilateral entre ambos países ronda los 60.000 millones de euros, aunque el déficit de España respecto a China se aproxima a los 40.000 millones de euros, una asimetría que el gobierno español ha identificado como uno de los desequilibrios a corregir.

Esa búsqueda de reequilibrio fue expuesta públicamente por Sánchez días antes en una intervención en la Universidad de Tsinghua, donde señaló la necesidad de avanzar tanto en comercio como en inversiones para reducir esa brecha. El escenario de la visita combinó, por tanto, la dimensión geopolítica del alineamiento discursivo con la dimensión práctica de la captación de capital.

Las referencias al conflicto iraní

Xi también aludió al conflicto en Irán como uno de los casos concretos en los que considera que España mantiene una posición coincidente con China. Sánchez, por su parte, pidió expresamente a Pekín una mayor implicación para que cesen las hostilidades en ese país, lo que sugiere que la sintonía declarada en los términos generales convive con expectativas específicas por parte española respecto al papel que China puede desempeñar en conflictos activos.

Tras la reunión bilateral, Xi ofreció un almuerzo al presidente español. A la mesa asistieron también Begoña Gómez y el canciller Albares. El encuentro se cerró con el anuncio de la puesta en marcha de un «diálogo estratégico» entre los dos países, un mecanismo institucional que ambos gobiernos presentaron como un salto cualitativo en la relación bilateral. Xi recordó además la visita de los reyes de España a China en noviembre pasado, señaló que en ese encuentro alcanzaron «muchos consensos» y pidió a Sánchez que les trasladara sus saludos.

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