Vecinos de Ciudad de la Costa resistirán la llegada del megaproyecto inmobiliario: buscarán recoger firmas
El plan que regula Ciudad de la Costa desde 2010 parece ser solo una leve sugerencia frente a los intereses inmobiliarios. El nuevo megaproyecto de 21 torres en Médanos de Solymar pone en pie de lucha a los lugareños.

El Costaplan es la norma que regula el desarrollo urbano de Ciudad de la Costa: qué se puede construir, dónde, hasta qué altura y bajo qué condiciones ambientales. Fue aprobado por la Junta Departamental de Canelones mediante el Decreto N°6 del año 2010 y actualizado en 2020 a través del Decreto N°1/020. Su nombre oficial es Plan Estratégico de Ordenamiento Territorial de la Microrregión de la Costa.
Hoy está en el centro del debate más encendido que la franja costera de Canelones ha tenido en años, a raíz del megaproyecto del Consorcio Giannattasio: 21 edificios, más de 1.152 viviendas y una inversión estimada de US$ 100 millones sobre siete hectáreas en los médanos del kilómetro 27,5 de la avenida Giannattasio, en Solymar.
Esto abre un nuevo frente de lucha para las y los residentes de esta histórica región canaria, en donde van viendo cómo las inversiones inmobiliarias de las grandes constructoras van gentrificando de forma constante y sostenida.
Para quienes no conocen el concepto, la gentrificación es un proceso urbano y socioeconómico en el que la población de mayores ingresos se instala en vecindarios tradicionalmente populares, obreros o en deterioro. Este fenómeno desencadena un incremento acelerado de los precios del suelo, el alquiler, los impuestos y el coste de vida.
Esto provoca el desplazamiento gradual y forzoso de los residentes originales y el cierre de comercios locales, para ser reemplazados por negocios y servicios orientados a los nuevos habitantes.
En esencia, si bien implica una revitalización física de la infraestructura, conlleva una profunda transformación cultural y una exclusión social que borra la identidad histórica del barrio.
Una zona que creció más rápido de lo que podía sostener
El Costaplan establece que todas las entidades públicas, los actores privados y los habitantes de la Microrregión de la Costa deben adecuar sus acciones a las previsiones del plan.
Su ámbito territorial abarca desde el Arroyo Carrasco al oeste, donde limita con Montevideo, hasta el arroyo Pando al este, incluyendo Ciudad de la Costa, Colonia Nicolich y Paso Carrasco.
Antes de su aprobación, la zona creció de forma explosiva y sin reglas claras. El plan llegó a poner orden bajo tres ejes que hoy están en tensión directa.
El límite de altura: la identidad de ciudad jardín
El criterio fundacional del Costaplan es que la costa de Canelones no se convierta en un muro de edificios frente al río. En Ciudad de la Costa, la altura máxima permitida por la norma general es de 8,5 metros, lo que equivale a planta baja más uno o dos pisos.
El criterio original establece que las construcciones no superen la copa de los árboles, preservando la circulación del viento marino y el paisaje costero.
Esa norma no impidió el desarrollo inmobiliario especulativo. A lo largo de quince años, la Junta Departamental aprobó cerca de 30 proyectos por la vía de la excepción, permitiendo edificios de entre 5 y 12 pisos. La gran mayoría se concentró en el eje de la Avenida de las Américas y la zona de los lagos, áreas que el propio plan considera aptas para resistir mayor densidad y altura.
La protección ambiental: dunas, humedales y lagos
El Costaplan clasifica como recursos naturales a proteger las costas, humedales, lagos areneros, cursos de agua, playas, dunas, médanos, montes marítimos y mediterráneos, lagunas, barrancas y todo ecosistema frágil, y exige estudio previo de impacto ambiental para cualquier emprendimiento que los afecte.
El plan también prohíbe expresamente la construcción de edificaciones en la Faja de Defensa de Costas del Río de la Plata y en la faja costera al sur de la rambla costanera.
Los médanos de Solymar caen dentro de la categoría de ecosistemas sensibles. Funcionan como barreras naturales contra el viento y como sistemas de drenaje que absorben el agua de lluvia, contribuyendo a prevenir inundaciones en los barrios adyacentes. Su degradación no es reversible en escala humana.
El opaco mecanismo de las excepciones
El Costaplan prevé que proyectos de escala mayor puedan solicitar excepciones edilicias, más pisos y mayor densidad, a cambio de un pago a la Intendencia de Canelones denominado retorno por mayor valor o mayor aprovechamiento por edificabilidad.
El artículo 19.5 del decreto regula específicamente este instrumento. Esos fondos deben destinarse por ley a obras de infraestructura en el departamento: calles, plazas, alumbrado, saneamiento.
El mecanismo fue concebido como válvula de escape para casos puntuales. El debate actual gira en torno a si su uso reiterado durante tres lustros ha desvirtuado el espíritu original del plan.
El caso Solymar: lo que distingue a este proyecto
El predio en cuestión acumula estructuras de obra inconclusa desde hace más de 20 años y pasó del Banco Hipotecario a manos de la Agencia Nacional de Vivienda. En febrero de 2025, el directorio de la ANV firmó el Acuerdo Marco para la compraventa del terreno por 21,3 millones de unidades indexadas, equivalente a unos US$ 3,4 millones, y la entrega futura de 27 apartamentos a favor del organismo por parte del Consorcio Giannattasio.
Lo que distingue a este proyecto de los 30 anteriores no es la escala, sino la localización. Es la primera vez que se tramita una excepción de altura, con torres que podrían alcanzar entre 10 y 13 pisos, directamente sobre una zona de médanos activos clasificada como área de conservación ambiental por el propio Costaplan.
La Intendencia de Canelones le solicitó a los desarrolladores que reduzcan las alturas de las torres más altas. Sin embargo, y de forma inevitable, van a romper la vista del horizonte, van a cortar el viento y van a salirse por todos los costados de los límites de la definición de ciudad jardín y, claro, del Costaplan.
“Este megaproyecto sentaría un precedente legal”
Vecinos de Ciudad de la Costa se organizan en contra de la construcción de un megaproyecto de 21 edificios en la zona de Médanos de Solymar. Quien lidera el reclamo es Emiliano Galasso, profesor de Informática y Ciencias Biológicas, fotógrafo de naturaleza y residente de la zona desde hace más de cinco décadas, quien expresó su firme oposición en declaraciones que buscan frenar lo que considera un atentado contra la esencia del balneario.
Galasso fundamenta su postura, en primer lugar, desde la historia personal y familiar. Tal como relató, su vínculo con Solymar es profundo: “Mis padres se mudaron a Solymar en febrero de 1972, cuando yo tenía tres meses de edad, junto con mis dos hermanas mayores, Ana y Mariela, buscando un lugar tranquilo y fuera de todo lo que era Montevideo en esa época”.
Aunque reconoce el crecimiento poblacional, asegura que el lugar aún conserva su esencia: “Todavía sigue siendo un lugar para vivir tranquilo, sin edificios, donde uno puede abrir las ventanas y ver los árboles, el cielo y escuchar el cantar de los pájaros”.
El docente fue contundente al comparar el estilo de vida que ofrece la costa con la densidad urbanística de la capital. “No me gusta Montevideo ni las ciudades donde prácticamente no ves el cielo por las alturas de los edificios, por algo sigo viviendo en este lugar”, sentenció, dejando claro que la llegada de estructuras de cuatro plantas ya es un cambio que «atenta contra el espíritu» de los vecinos.
Sin embargo, su rechazo no solo se basa en cuestiones estéticas o emocionales, sino también en un fundamento geológico y técnico que considera crucial. Galasso advirtió sobre el peligro de construir sobre arenales: “Vivimos en una zona que está formada o estaba formada por médanos de arena. La mayor parte de Ciudad de la Costa está asentada sobre arenales. Si bien es posible construir edificios en zona de arenales, no menos cierto es que la construcción de éstos generará movimiento de arenas que puedan afectar las construcciones aledañas”. Además, señaló que el incremento del tránsito ya está generando vibraciones que, sumadas a las obras, podrían provocar fisuras en viviendas antiguas.
Galasso invita a los lugareños a sumarse a su movimiento para activar un referéndum departamental contra este tiop de proyectos inmobiliarios: //galasso.com.uy/sobre-el-referendum-departamental/
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