El Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán anunció este miércoles que acepta un alto al fuego de dos semanas con Estados Unidos, pero dejando claro que no se trata de una rendición, sino del resultado de la “derrota histórica” del enemigo en el campo de batalla. Según el comunicado oficial, el presidente estadounidense, Donald Trump, se ha visto obligado a pedir una pausa tras más de un mes de “fracasos” y “suplicas” para detener la furia iraní.
El texto, difundido por la agencia oficial IRNA, subraya que “el enemigo desde hace más de un mes suplica para que cese el fuego de Irán y la resistencia violenta”, pero que las autoridades del país rechazaron todas esas solicitudes hasta lograr la mayoría de los objetivos bélicos. “Hoy, que es el cuadragésimo día de la guerra, les damos la buena noticia al gran pueblo iraní de que sus valientes hijos han empujado al enemigo a una incapacidad histórica y una derrota permanente”, señala la nota.
La tregua, que comenzará el viernes 21 de Farvardín (10 u 11 de abril según el calendario gregoriano), no implica el fin de la guerra. El comunicado enfatiza que Irán solo aceptará una terminación definitiva después de que se completen los detalles de las negociaciones en Islamabad, la capital paquistaní, bajo la supervisión del líder supremo, el ayatolá Seyyed Mojtaba Jamenei.
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Una hoja de ruta de diez puntos: Irán dicta los términos
Lejos de ceder ante las presiones, la República Islámica ha presentado una propuesta de diez puntos que Trump se ha visto forzado a aceptar como base de las conversaciones, según confirmó el primer ministro de Pakistán. Entre las condiciones iraníes destacan:
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El pasaje organizado por el estrecho de Ormuz bajo coordinación con las Fuerzas Armadas iraníes, lo que otorga a Irán una posición geoestratégica y económica única.
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El cese definitivo de la guerra contra todos los componentes del Eje de la Resistencia, lo que implica una derrota histórica de la agresividad del régimen israelí.
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La retirada de todas las tropas de combate estadounidenses de sus bases y posiciones en la región.
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El pago de indemnizaciones completas a Irán según las evaluaciones pertinentes.
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El levantamiento de todas las sanciones primarias y secundarias, así como de las resoluciones del Consejo de Gobernadores y del Consejo de Seguridad de la ONU.
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La liberación de todos los fondos y activos iraníes congelados en el extranjero.
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La ratificación de todos estos puntos en una resolución vinculante del Consejo de Seguridad, que convertiría el acuerdo en ley internacional.
“El hecho de que el enemigo haya aceptado estos principios como base para las negociaciones demuestra que se ha sometido a la voluntad del pueblo iraní”, afirma el comunicado con tono triunfalista.
Negociaciones sin confianza y con las manos en el gatillo
Las conversaciones se celebrarán en Islamabad durante un plazo máximo de quince días, prorrogable por acuerdo de ambas partes. Sin embargo, Teherán advierte que partirá de una “completa desconfianza hacia la parte estadounidense”. El Consejo Supremo de Seguridad Nacional insiste en que estas negociaciones son “una continuación del campo de batalla” y que, si el enemigo no concreta en lo político lo que ya perdió en lo militar, Irán retomará las hostilidades sin dudarlo.
“Nuestras manos están en el gatillo, y cualquier error mínimo del enemigo será respondido con una réplica decisiva y contundente”, concluye la nota oficial, que lleva la firma de la Secretaría General del Consejo Supremo de Seguridad Nacional con fecha 19 de Farvardín de 1405 (calendario persa).
Mientras tanto, en las calles de Teherán y otras ciudades iraníes, el ambiente es de celebración contenida. Las autoridades han pedido mantener la unidad nacional y continuar con los festejos de la victoria, al tiempo que advierten contra cualquier declaración que pueda sembrar división. El mundo observa con atención cómo la República Islámica, lejos de doblegarse, ha logrado imponer su narrativa y sus condiciones en la mesa de negociación más tensa del planeta.
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