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Colombia: archivos diplomáticos detallan financiación del Cartel de Medellín a campañas de Álvaro Uribe

Cables desclasificados indican que el expresidente temía por su seguridad ante la imposibilidad de responder a los requerimientos de sus presuntos financistas criminales.

Álvaro Uribe Vélez, expresidente de Colombia, fue condenado por sobornar a un testigo en un caso judicial
Álvaro Uribe Vélez, expresidente de Colombia, fue condenado por sobornar a un testigo en un caso judicial

La red de comunicaciones diplomáticas emitidas por funcionarios estadounidenses durante el periodo de 1993 introduce nuevas precisiones sobre las relaciones entre el entonces congresista colombiano, Álvaro Uribe, y el conglomerado criminal que operaba desde Antioquia. Los archivos, cuyo acceso fue liberado recientemente por el Departamento de Estado y al que tuvo acceso la agencia EFE el viernes 25 de mayo, detallan encuentros y testimonios de terceros que sitúan al actual líder del Centro Democrático en un esquema de financiación ilegal durante sus primeras campañas al Senado.

De acuerdo con los telegramas desclasificados, una de las reuniones consulares sostenidas en 1993 incluyó la participación de Luis Guillermo Vélez Trujillo, quien para entonces fungía como senador del Partido Liberal. En esa interlocución, Vélez Trujillo trasladó a los agentes diplomáticos una serie de afirmaciones relativas al origen de los recursos que habrían sostenido las aspiraciones políticas de Uribe en los comicios legislativos.

El cable señala textualmente que el senador liberal informó a los representantes del gobierno estadounidense que Uribe había recibido «financiación» para sus campañas al Senado por parte de la familia Ochoa Vásquez, integrantes del Cartel de Medellín. La estructura criminal, en ese momento liderada por Pablo Escobar, ejercía control sobre rutas de exportación de estupefacientes y mantenía una confrontación directa con el Estado colombiano.

El mismo documento detalla que, según el testimonio de Vélez Trujillo, fue el propio Uribe quien gestionó los primeros acercamientos con la madre de Escobar. Este contacto se habría producido en un contexto donde el capo buscaba establecer una línea de comunicación con el entonces presidente César Gaviria (1990-1994). Los registros indican que la intermediación de los hermanos Ochoa fue el conducto a través del cual Escobar transmitió sus exigencias al congresista.

El vínculo entre Uribe y Los Ochoa

La narrativa contenida en los archivos diplomáticos sugiere una transacción de intereses entre la organización criminal y el político. Según lo consignado en el telegrama, la condición impuesta por Escobar para que Uribe facilitara el canal de diálogo con la Casa de Nariño estuvo atada a la contraprestación económica que ya había recibido para sus campañas.

El texto del cable expresa que Escobar exigió a Uribe a través de «Los Ochoa» que le ayudara a comunicarse con Gaviria «a cambio del favor» de la financiación de su campaña. La revelación de este intercambio condicionado ubica al entonces congresista en una posición de dependencia respecto a los intereses del grupo narcotraficante durante un periodo crítico de violencia en el país, cuando el Estado desarrollaba operaciones para dar de baja a Escobar.

Adicionalmente, la comunicación diplomática consigna un estado de vulnerabilidad personal del político antioqueño. El senador liberal informó a los diplomáticos de que Uribe «temía por su vida» y la de su familia «por no poder responder a sus mentores del Cartel de Medellín», según se lee en el telegrama. Esta declaración refleja la presión ejercida por la organización criminal sobre quienes mantenían vínculos operativos o financieros con ella.

Trayectoria y negación de los señalamientos

Álvaro Uribe Vélez, nacido en Medellín el 4 de julio de 1952, construyó una carrera política que incluyó la alcaldía de su ciudad natal en 1982, el Senado entre 1986 y 1994, y la gobernación de Antioquia entre 1995 y 1997. Su formación académica en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Antioquia, complementada con estudios en Harvard, antecedió a su llegada a la Presidencia en 2002, cargo que ocupó durante dos periodos consecutivos hasta 2010.

A lo largo de los años, las acusaciones sobre nexos con estructuras criminales han sido una constante en su trayectoria pública. Uribe ha sostenido una posición de rechazo categórico frente a estos señalamientos, argumentando que responden a estrategias de sus adversarios políticos. Su liderazgo en el partido Centro Democrático, fundado en 2013, y su papel como mentor de Iván Duque, candidato que lideraba las encuestas previo a la primera vuelta presidencial del 27 de mayo, consolidaron su influencia en la política colombiana posterior a su mandato.

La figura del expresidente permanece como un eje polarizante dentro del espectro político nacional. Mientras sus seguidores destacan la implementación de la política de seguridad democrática que debilitó a las FARC y promovió la desmovilización de las AUC, sus críticos señalan procesos judiciales relacionados con paramilitarismo y escándalos como el de los falsos positivos. En 2025, Uribe recibió una condena judicial por otros conceptos, manteniendo activa su participación en el debate público.

Estructura criminal y contexto histórico

El Cartel de Medellín operó como una coalición de narcotraficantes entre finales de los años 70 y principios de los 90, con una estructura flexible que permitía la cooperación en producción, transporte y distribución de cocaína. La DEA acuñó la denominación para referirse a una red que, en su apogeo durante los años 80, controlaba más del 80 por ciento de la cocaína que ingresaba a Estados Unidos, con envíos que alcanzaban las 15 toneladas diarias.

Los líderes de la organización incluían a Pablo Escobar Gaviria, los hermanos Jorge Luis, Juan David y Fabio Ochoa VásquezGonzalo Rodríguez Gacha y Carlos Lehder. El cartel se distinguió por el uso del narcoterrorismo, con un saldo de 657 policías asesinados entre 1989 y 1993, además de atentados con bombas, secuestros masivos y una guerra declarada contra el Estado colombiano, el Cartel de Cali y grupos insurgentes como el M-19.

La muerte de Escobar en un operativo en Medellín el 2 de diciembre de 1993 desencadenó la fragmentación de la coalición criminal. Tras su desarticulación, el espacio dejado por la organización fue ocupado por otras estructuras como el Cartel de Cali, aunque el legado de violencia y corrupción dejó una marca estructural en el conflicto armado colombiano de las décadas siguientes.

 

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