denuncian crueldad

Presionado por el campo, el gobierno aprueba la matanza masiva de cotorras con venenos y adhesivos

El MGAP presenta un plan de choque que incluye al Ejército para aplicar cebos tóxicos en los nidos y reducir la población del ave que causa millonarias pérdidas. Otros animales podrían intoxicarse.

El gobierno uruguayo cede al campo y ordena la matanza masiva de cotorras
El gobierno uruguayo cede al campo y ordena la matanza masiva de cotorras

La superpoblación de cotorras en Uruguay ha sido una problemática durante décadas, generando un escenario de tensión permanente para el sector frutícola. Las bandadas provocan daños significativos en los cultivos, traduciéndose en pérdidas económicas cuantiosas para los productores.

Ante esta situación, el Gobierno uruguayo impulsa un rediseño sustancial de las medidas de control existentes. Este nuevo enfoque estratégico encuentra un frente de oposición en organizaciones ambientalistas y en representantes del Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA), quienes objetan los métodos propuestos por considerarlos lesivos y por inducir un sufrimiento extremo en los animales.

El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) presentó el 5 de noviembre un paquete de cinco iniciativas. Entre ellas, la aplicación de la técnica denominada “pega-pega” y el uso de cebos tóxicos generan un rechazo categórico desde el bienestar animal.

Este procedimiento consiste en la colocación de un adhesivo en los nidos de cotorra, comúnmente localizados en las copas de eucaliptos de considerable altura. La representante de las entidades ambientalistas en el directorio del INBA, Rita Rodríguez, manifestó su postura frente a esta medida. Rodríguez dijo a El País que “esto supone una crueldad porque el animal se desgarra y muere al tratar de liberarse”.

La activista argumentó a favor de alternativas no letales. “Sería mucho mejor utilizar un cebo esterilizador que sería una medida ética. Pero, claro, esto supone tiempo, pienso e inteligencia. Esta política de Estado deja mal parado al país”, dijo la activista que integra el directorio del INBA.

Rodríguez también señaló inconvenientes a nivel institucional, afirmando que “Hay un problema institucional y un avasallamiento del INBA que no discutió las medidas para abordar este problema que es real”, agregó. Esta declaración expone una fricción en la gestión de la política de control de fauna.

El plan del gobierno para intoxicar masivamente a las cotorras

Desde la óptica gubernamental, la búsqueda de soluciones inmediatas y de amplio alcance define el plan de acción. Un componente central de la estrategia oficial es el involucramiento del Ejército Nacional en las tareas de control.

La colaboración de la fuerza armada se orienta a la aplicación de un cebo tóxico mezclado con grasa, el cual se colocaría en la entrada de los nidos. Ramiro Vacca, director técnico de la Granja, confirmó los lineamientos de esta medida. Vacca adelantó que se firmará un convenio con el Ejército con este objetivo y que se emitirá un decreto que establecerá cuáles son los productos químicos que se podrán aplicar. La elección del Ejército responde a su logística, ya que se piensa en el Ejército porque dispone de vehículos con plumas.

Ramiro Vacca coincidió en que el cebo esterilizador podría representar una solución a largo plazo, pero descartó su viabilidad técnica en el corto plazo. La urgencia por reducir la población del ave motiva la adopción de métodos más drásticos, ignorando la crueldad o la violencia que genere esto en las aves a la hora de su muerte.

Cotorra de la variedad Myiopsitta monachus, presente en Uruguay. Foto Flickr/Juan Emilio
Cotorra de la variedad Myiopsitta monachus, presente en Uruguay. Foto Flickr/Juan Emilio

El inicio de la aplicación de cebos tóxicos es inminente

Las acciones se iniciarán en los departamentos de Colonia, San José, Canelones y Montevideo. La cronología de aplicación es considerada crucial, con la intención de ejecutar las medidas antes de marzo, cuando se realiza la cosecha de manzanas, uno de los cultivos más afectados por la plaga.

El plan incluye protocolos de seguridad para mitigar riesgos colaterales. Los productores frutícolas tienen la instrucción de enterrar los ejemplares muertos en un plazo no superior a 48 horas. Esta disposición busca evitar la intoxicación secundaria de animales como perros, zorros, caranchos o gatos que podrían consumir los cadáveres. Vacca fundamentó la decisión gubernamental en la necesidad de una acción rápida y contundente: “Hay que bajar la población lo antes posible porque las cotorras están generando grandes pérdidas todos los años”, dijo.

La estrategia integral también incorpora a UTE, la empresa estatal de energía, para que controle los nidos en el tendido eléctrico, particularmente entre octubre y diciembre, período de puesta de huevos del ave.

Efectos del cebo tóxico: una muerte violenta, lenta y dolorosa

La oposición a los cebos tóxicos se centra en los efectos letales que estos compuestos provocan en las aves. Según la literatura veterinaria y toxicológica aplicable, los rodenticidas anticoagulantes comúnmente empleados en control de plagas, generan una muerte por intoxicación caracterizada por un cuadro de sufrimiento prolongado.

El mecanismo de acción implica la inhibición de la coagulación de la sangre, lo que deriva en hemorragias internas masivas. El proceso, que puede extenderse por varios días, incluye síntomas observables como dificultad respiratoria progresiva, letargo extremo, temblores incontrolables y hemorragias por cavidades corporales antes de producirse el fallecimiento.

Este fundamento técnico sobre el padecimiento animal es esgrimido por las organizaciones protectoras para calificar el método de cruel. La agonía prolongada del animal contrasta con los principios de bienestar animal que buscan minimizar el dolor en las prácticas de control de fauna.

Rita Rodríguez no detalló los efectos específicos del veneno en su declaración, pero la objeción se enmarca en este contexto de sufrimiento evitable. La elección de un veneno de acción lenta, en lugar de compuestos de efecto rápido o métodos físicos instantáneos, intensifica el debate ético en torno a la letalidad del control.

 

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