Hidrógeno no tan verde: planta que se construiría en Uruguay tendrá negativo impacto ambiental

La empresa HIF empezó con los trámites para instalar en Uruguay una productora de hidrógeno bajo la alerta de que tendrá impacto ambiental negativo “significativo”: deforestarán 33 hectáreas de bosque nativo.

Foto con fines meramente ilustrativos
Foto con fines meramente ilustrativos

El Ministerio de Ambiente, a cargo de Edgardo Ortuño, hizo pública la comunicación de la viabilidad ambiental de localización (VAL) del proyecto de la empresa HIF, con el objetivo de recibir comentarios, cuestionamientos y sugerencias de la ciudadanía. Este paso se produce luego de que los servicios técnicos de la Dirección Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental (Dinacea) concordaran en asignarle la clasificación C, la más alta en la escala de impacto, por tratarse de un emprendimiento cuya ejecución puede producir “impactos ambientales negativos significativos”.

Esta categorización implica que la iniciativa deberá realizar un “estudio de impacto ambiental completo” de manera obligatoria, sin importar que ya tenga previstas una serie de medidas de mitigación. La exigencia regulatoria también incluye de forma ineludible la realización de una audiencia pública, donde la comunidad y las organizaciones interesadas podrán expresar sus posiciones.

A lo largo de las 372 páginas del documento entregado, HIF detalla los impactos posibles además de brindar nueva información sobre el proyecto. El informe constituye la base sobre la cual se evaluará el emprendimiento y establece los lineamientos para los estudios más profundos que deberán presentarse.

¿Un hidrógeno no tan verde?

“La ubicación del emprendimiento propuesto presenta condiciones favorables para la actividad propuesta y no se relevan características del entorno que se pudieran considerar incompatibles con las actividades del proyecto”, dice el trabajo contratado por HIF a la consultora CSI para concluir que “es viable desde el punto de vista ambiental la localización propuesta”.

Según los planes de la empresa, la duración total de la obra será de 4 años. Durante esta etapa, el proyecto generará en promedio 1.375 puestos de trabajo, alcanzando un máximo de 3.200 personas en el momento de mayor actividad constructiva. Una vez que la planta esté en pleno funcionamiento, se prevé que trabajarán de forma permanente unas 600 personas en la operación, divididas entre 300 empleos directos y 300 indirectos.

La inversión prevista se mantiene en US$ 6.000 millones, según confirmó la empresa en julio a El Observador. De ese monto total, US$ 4.000 millones estarán destinados específicamente a la planta de producción, mientras que los US$ 2.000 millones restantes se asignarán a la construcción de los parques de energías renovables necesarios para alimentar el proceso. La autorización ambiental para estos parques eólicos o solares se tramita de manera separada del proyecto principal.

Impactos ambientales significativos: las medidas de compensación propuestas

Aunque los predios de HIF abarcan una extensión total de 440 hectáreas, el desarrollo industrial afectará directamente un área de aproximadamente 180 hectáreas, concentradas en el sector noreste del terreno. Uno de los impactos más notorios es la deforestación de 33 hectáreas de monte nativo, una cifra reducida desde el plan original que contemplaba 110 hectáreas.

La empresa dice que realizará acciones específicas de compensación por la tala. “Se dispondrá luego de la obra y el levantamiento de la infraestructura temporal, de los planes de restauración del área, que atenderán a la recomposición de la zona del bosque ribereño y bosque parque impactado”.

Entre los impactos negativos significativos detallados, se encuentra el intenso tránsito de camiones pesados durante la fase de construcción. Además, se requerirá habilitar un acceso fluvial, lo que implicará “intervenciones en un tramo del canal de navegación y ribera del río, así como en el propio terreno” para facilitar la descarga de los grandes módulos de la planta.

El proyecto también realizará intervenciones en un área definida como zona de protección ambiental en la recategorización de suelos, la cual funciona como una servidumbre ecológica debido a la presencia de ecosistemas identificados como “relevantes para la conservación de la biodiversidad, la ribera del río Uruguay y los ecosistemas presentes de monte ribereño y monte parque”. Estas obras se ubicarán en los límites de una zona recientemente incorporada al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP): las Islas del Queguay y su entorno acuático directo.

La empresa ya no tiene buena imagen

En su informe, HIF reconoce de manera explícita que la obra y las actividades vinculadas al proyecto podrán ser motivo de “percepción social negativa por parte de la población presente en el área de influencia”, principalmente debido a los cambios en el paisaje y la alteración visual del entorno natural.

“A priori, no se identifica rechazo social a este tipo de emprendimiento”, dicen, a pesar de saber que hay resistencia en la ciudadanía. Ante este escenario, esperan que la comunidad se muestre receptiva frente a los supuestos “beneficios” que el proyecto puede ofrecer en materia de desarrollo económico, empleo, capacitación y tecnificación, entre otros.

Pese a este optimismo inicial, el documento reconoce que a nivel general es posible identificar inquietudes fundadas acerca de los usos del suelo, la alta demanda de agua, el potencial de contaminación del agua por vertidos industriales y los aspectos de seguridad relacionados con el almacenamiento, manipulación y transporte de hidrógeno.

Adicionalmente, debido a la ubicación y visibilidad desde la costa argentina –particularmente desde la ciudad de Colón–, se ha manifestado cierta controversia ligada a su localización, enfocada en los cambios paisajísticos y los riesgos de contaminación transfronterizos.

Infraestructura crítica: el intensivo uso de recursos

Entre las razones técnicas esgrimidas por HIF para mantener la ubicación elegida, se destaca la cercanía a la planta de ALUR, situada a aproximadamente 6 kilómetros lineales. Desde allí se capturará el CO₂ biogénico necesario para el proceso y se asegurarán los volúmenes requeridos de biomasa para reutilizar como combustibles en la caldera de la planta industrial.

Paralelamente, la empresa menciona que construirá una toma de agua directamente en el río Uruguay para abastecer el enorme requerimiento del proceso de electrólisis. “La captura de agua del río se dimensiona para una capacidad de 450 litros por segundo, que suple los requerimientos de la totalidad del agua para la planta (1.557 metros cúbicos por hora)”, dice.

La cantidad de agua a extraer representa del orden del 0,01% del caudal del río en condiciones promedio, que es de 4.500 metros cúbicos por segundo. Este recurso hídrico se utilizará para tres procesos principales: la producción de hidrógeno en los electrolizadores, el funcionamiento del sistema de enfriamiento y en el sistema de generación de vapor de caldera.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje