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El INE registra caídas de 36% en robos y 39% en estafas, pero la percepción de inseguridad no se mueve

La encuesta del INE confirma la tendencia del Ministerio del Interior: menos victimización declarada, misma sensación ciudadana de riesgo.

Foto: Ministerio del Interior
Foto: Ministerio del Interior

La Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE) incorporó por primera vez un módulo de victimización a partir del segundo semestre de 2024. Desde entonces, cada publicación semestral ha arrojado un dato que se repite con insistencia estadística: cuatro de cada diez uruguayos declara sentirse «inseguro» o «muy inseguro» cuando transita a solas por su barrio en la noche. El número apareció en junio de 2024, en un sondeo conjunto entre El Observador y académicos de la Universidad de la República. Reapareció en la medición del INE para el segundo semestre de ese año. Se confirmó en el primer semestre de 2025. Y en la publicación del segundo semestre de 2025, el organismo lo describió con la misma fórmula: «niveles similares a los registrados en mediciones anteriores».

Lo que sí cambió, y de manera abrupta, fue la incidencia declarada de los dos delitos que ese módulo mide: robos y estafas. En el período de un año móvil, los encuestados reportaron haber sido víctimas de robos en un 36% menos y de estafas en un 39% menos. Son los únicos dos tipos de eventos de victimización que el módulo de la Encuesta Continua de Hogares releva, lo que circunscribe el alcance del análisis a esas categorías específicas.

El economista Marcelo Bisogno, director del INE, se refirió a los datos de manera informal. Su comentario fue el siguiente: «Es (estadísticamente) significativa y sorprendente la baja de estos delitos» en un solo año. Bisogno no trazó vínculos causales, no atribuyó las cifras a políticas concretas y tampoco descartó que la disminución en estos dos rubros pudiera coexistir con aumentos en otros tipos de delitos que la encuesta no captura.

La brecha entre los números y la sensación

El promedio mensual de eventos de victimización durante el año 2025 fue de 59.800 en todo el territorio nacional. La distribución geográfica de la percepción de inseguridad muestra diferencias notorias: en Montevideo, el 57,8% de los encuestados se siente inseguro o muy inseguro al caminar de noche por su barrio, mientras que en localidades del interior con más de 5.000 habitantes ese porcentaje cae a 33,1%, y en localidades más pequeñas desciende a 15,2%. La variable de género también opera con consistencia: las mujeres registran una percepción de inseguridad del 49%, frente al 30,3% de los hombres.

Que la percepción de inseguridad no haya respondido proporcionalmente a la caída en la victimización declarada no es un fenómeno exclusivo de Uruguay. El politólogo Nicolás Schmidt, coordinador de la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de la Universidad de la República, lo enmarcó en términos de teoría de opinión pública: «Este patrón es consistente con lo que la literatura sobre opinión pública describe como la diferencia entre evaluaciones sociotrópicas y egotrópicas. Cuando los individuos evalúan la situación del país tienden a identificar problemas asociados al orden social general, como la delincuencia. En cambio, cuando la pregunta refiere a su situación personal, las respuestas se organizan principalmente en torno a condiciones materiales del hogar, como el costo de vida». La inseguridad aparece consistentemente como el principal problema del país en las encuestas de opinión, pero no necesariamente como el principal problema de la vida cotidiana del encuestado.

El barrio con mayor proporción de inseguridad dentro de Montevideo es Malvín Norte, según el informe. La geografía del miedo, en ese sentido, no se distribuye de manera uniforme dentro de la capital, lo que agrega una dimensión territorial a un fenómeno que las cifras nacionales tienden a aplanar.

Denuncias formales y la cifra negra

Una de las constantes que el módulo de victimización del INE ha expuesto desde su primera edición es la magnitud de la cifra negra, es decir, la diferencia entre los delitos declarados ante encuestadores y los que efectivamente ingresan al sistema formal de denuncias. En el segundo semestre de 2024, solo el 35,6% de los delitos declarados fue reportado a la policía, mientras que apenas el 27,5% derivó en una denuncia formal. En el caso de los robos, el 45% fue reportado y el 35,1% fue denunciado formalmente, mientras que para las estafas esos porcentajes fueron del 16,2% y 11,7%, respectivamente.

Esa proporción adquiere relevancia para interpretar los datos del Ministerio del Interior, que históricamente ha medido la evolución del delito a partir del registro de denuncias. Con solo cuatro de cada diez robos formalizados en una denuncia, y apenas dos de cada diez estafas con el mismo destino, las estadísticas oficiales de Interior capturaban una fracción acotada del universo real de eventos. La encuesta del INE ofrece ahora un segundo instrumento de medición, con metodología y propósitos distintos, que permite contrastar tendencias.

El Ministerio del Interior recibió la publicación del segundo semestre de 2025 sin sorpresa en cuanto a la dirección de los datos, dado que las tendencias internas de la cartera apuntaban en el mismo sentido. El ministro Carlos Negro señaló que los resultados «tienen especial importancia» por provenir de un organismo independiente, y agregó que los números del INE «corroboran e incluso aumentan» lo que mostraban los registros internos de su ministerio sobre la baja en las denuncias de delitos durante la actual administración.

Lo que la encuesta del INE no mide

La Encuesta Continua de Hogares comenzó a incorporar este módulo semestral sobre victimización en 2024, con el objetivo de relevar no solo la incidencia de los delitos, sino también las percepciones de inseguridad y las respuestas de la población. A diferencia de las estadísticas del Ministerio del Interior, el relevamiento del INE recoge lo que la población declara haber vivido, independientemente de si hubo denuncia o no.

La cobertura temática del módulo, sin embargo, tiene límites explícitos. Solo robos y estafas integran el universo de victimización medido. Esa acotación abre una pregunta que el propio instrumento no puede responder: ¿qué ocurre con otros tipos de delitos? El doctor en Ciencias Sociales Gabriel Tenenbaum planteó la posibilidad de que exista una migración del delito. En declaraciones previas a El Observador, sostuvo que podría estar operando un desplazamiento de modalidades como la rapiña hacia otras que implican menor exposición pública y mayor rédito económico, como las vinculadas al tráfico de drogas. Tenenbaum había identificado además un cinturón geográfico dentro de Montevideo donde se concentran la mayoría de los homicidios, con una tendencia al alza en los vinculados a estupefacientes y a la baja en los asociados a rapiñas.

En el primer semestre de 2025, el número promedio mensual de hechos de victimización declarados cayó a 67.900, frente a los 82.100 del segundo semestre de 2024, lo que representa una disminución de 17,3%. La prevalencia mensual de victimización entre los hogares cayó de 5,2% a 4,3%, mientras que entre las personas de 14 años o más bajó de 3,6% a 3,0%. Estos registros intermedios confirman que la tendencia a la baja en las dos categorías medidas se venía configurando antes del segundo semestre de 2025, que es el período que exhibe la contracción más pronunciada en términos interanuales.

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