Orsi navega entre foros progresistas y la Celac sin alinearse con ningún bloque
El presidente uruguayo participará en la cumbre progresista de Barcelona sin adoptar el encuadre ideológico que impulsa el foro europeo.

La política exterior del gobierno uruguayo transita un equilibrio deliberado entre distintos espacios de concertación internacional. El presidente Yamandú Orsi confirmó su participación en el foro «En defensa de la democracia» previsto para el 18 de abril en Barcelona, una iniciativa impulsada por el jefe de gobierno español Pedro Sánchez y el presidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva, según confirmaron fuentes del Poder Ejecutivo a El Observador. En paralelo, la Cancillería concentra esfuerzos en la presidencia pro témpore de la Celac, que Orsi asumirá el 21 de marzo en Bogotá.
La agenda internacional de Uruguay se desarrolla en un contexto marcado por la aceleración de decisiones del gobierno de Donald Trump, cuyas medidas en materia de seguridad regional y política comercial han reconfigurado las relaciones entre los países del hemisferio. La iniciativa denominada Escudo de las Américas, convocada por Washington para abordar la seguridad hemisférica, reunió a aliados como el presidente argentino Javier Milei y el salvadoreño Nayib Bukele, pero Uruguay no recibió invitación. Orsi calificó de «raro» ese hecho, aunque aclaró estar «dispuestos» a «estar» cuando los convoquen ante «problemas concretos».
El canciller Mario Lubetkin describió la postura oficial con precisión: «Queremos construir democracia, estabilidad, multilateralismo, no estamos para desafiar». La declaración sintetiza el enfoque con el que Montevideo procura operar en distintos foros sin proyectar antagonismos hacia ninguno de los polos de poder en disputa.
Uruguay en barcelona: presencia sin protagonismo ideológico
El encuentro del 18 de abril no es novedad en la agenda diplomática regional. Su antecedente más próximo fue la reunión de septiembre en Nueva York, en el margen de la Semana de Alto Nivel de la ONU, donde también tuvo lugar un homenaje al fallecido expresidente José Mujica, propuesta que había surgido del propio Orsi durante una reunión en Chile. La cita de Barcelona estaba prevista desde entonces como continuidad de ese proceso.
Lula confirmó su asistencia el 4 de marzo, tras una conversación con Sánchez vinculada al posicionamiento de ambos ante el conflicto en Medio Oriente. El mandatario brasileño publicó en X que comparte con el presidente español «el deseo de que la guerra termine lo antes posible y que comiencen las negociaciones de paz bajo la protección del derecho internacional». Por su parte, Sánchez había generado tensión con la administración Trump al rechazar que aviones estadounidenses utilizaran la base de Rota para operaciones contra Irán, aunque luego reprochó «enérgicamente todos los ataques ilegales e indiscriminados» del régimen iraní. Trump respondió señalando que «podría parar todo lo relacionado con España» en el plano comercial.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, también confirmó su asistencia a Barcelona. Sin embargo, la cumbre registrará una ausencia de peso: el chileno Gabriel Boric, quien transfirió la presidencia al derechista José Antonio Kast, no integrará esta vez el grupo de mandatarios convocados.
La tensión con la «movilización progresista global»
Entre los elementos que rodean la convocatoria de Barcelona existe una corriente impulsada por el Partido de los Socialistas Europeos que aspira a transformar ese espacio de líderes en una «Movilización Progresista Global» orientada a hacer frente al avance del autoritarismo y de la extrema derecha a nivel mundial. Esa formulación genera incomodidad en el gobierno uruguayo, que prefiere no adoptar ese encuadre.
La misma distancia se registró durante el primer encuentro del foro, en julio del año pasado en Santiago de Chile, cuando Sánchez convocó en primera persona «a gobiernos liderados por fuerzas progresistas» a «pasar a la ofensiva» contra la que llamó «internacional reaccionaria». Orsi eligió entonces bajar el tono. «No estamos para ninguna internacional de nada», señaló una fuente del gobierno consultada por El Observador, reproduciendo la línea que el propio presidente sostuvo en su discurso al aludir a su rechazo de los «baldes ideológicos».
Entre los mandatarios que podrían sumarse al encuentro de Barcelona se mantiene la aspiración de incorporar a Keir Starmer (Reino Unido), Claudia Sheinbaum (México), Cyril Ramaphosa (Sudáfrica) y Lee Jae Myung (Corea del Sur), aunque ninguna de esas asistencias ha sido confirmada.
El foco estratégico: la celac como plataforma de los 33
Mientras la participación en Barcelona se procesa dentro de un abanico más amplio de compromisos, la Cancillería uruguaya concentra su atención en el discurso que Orsi pronunciará el 21 de marzo en Bogotá al asumir la presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. El canciller Lubetkin ha subrayado de manera reiterada desde que asumió el cargo que ese organismo es el único espacio en el que los 33 gobiernos de la región tienen representación.
El jerarca indicó que Uruguay debe trabajar «por una región más estable y más democrática» y adelantó que no prescindirá de ningún actor —incluido Estados Unidos— en la búsqueda de coordinación para enfrentar el narcotráfico, el terrorismo y la desestabilización. Lubetkin apuesta a que la Celac «se ponga a la altura de los desafíos» y formalizó ante la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) una solicitud de apoyo para instalar en Uruguay una secretaría técnica de ese organismo.
En el plano bilateral, el canciller destacó su reunión en Chile —en el marco de la asunción de Kast— con el subsecretario de Estado norteamericano Christopher Landau, así como contactos con sus pares de Costa Rica, Honduras, Ecuador, República Dominicana, Panamá y con el vicepresidente de El Salvador. El gobierno también resalta la eventual incorporación del patrullero Reliance de la Guardia Costera de Estados Unidos como indicador del estado de las relaciones bilaterales entre ambos países.
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