China apura la salida de Windows 10 del Estado y apuesta a KylinOS y UOS

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Pelea de gigantes: La disputa por el control de la información y la tecnología suma un nuevo capítulo

En sintonía con lo que vienen ensayando varios gobiernos europeos, China resolvió pisar el acelerador para sacarse de encima su dependencia del sistema operativo de Microsoft en el aparato estatal.

Y no lo hará a ciegas: ya definió hacia a qué distribuciones de Linux quiere migrar.

Una tendencia global que ahora abraza Pekín

La escena internacional muestra a cada vez más países buscando la manera de recortar su exposición a productos y servicios tecnológicos extranjeros, con Estados Unidos como principal foco de esa preocupación.

Detrás del movimiento aparecen tres motores: el resguardo de los datos, el dominio sobre las infraestructuras digitales y la aspiración de contar con herramientas propias. En ese esquema, los sistemas operativos pasaron a ocupar un lugar central dentro de las políticas de soberanía tecnológica.

En el Viejo Continente, sobre todo puertas adentro de la Unión Europea, distintos gobiernos analizan desde hace tiempo cómo aflojar su atadura con las grandes corporaciones estadounidenses. Ahora China lleva esa lógica un paso más allá, con una medida concreta que golpea de lleno a determinados organismos públicos y apura el reemplazo de Windows por desarrollos hechos dentro de sus fronteras.

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Bloomberg revela la orden que adelanta los tiempos

Según un informe difundido por Bloomberg, el Ministerio de Seguridad del Estado chino pidió a algunas entidades ligadas al Gobierno que desinstalen Windows 10 antes de la fecha que estaba prevista originalmente.

La consigna es clara: sustituir ese software por distribuciones Linux de fabricación china, con KylinOS y UOS como protagonistas, dentro de una estrategia orientada a soltar el lazo que ata a Pekín con la tecnología estadounidense.

El sistema que quedará en el camino es Windows 10 China Government Edition, una versión pensada específicamente para el aparato público chino y desarrollada por C&M Information Technologies (CMIT). Esa firma nació en 2016 a partir de una sociedad entre Microsoft y China Electronics Technology Group Corporation, una compañía de propiedad estatal.

Ni una edición «a medida» alcanzó para frenar la decisión

Aquella edición había sido retocada para responder a ciertas exigencias de seguridad del país. Incorporaba mecanismos locales de activación y actualización, un menú acotado de servicios de Microsoft y compatibilidad con los estándares criptográficos chinos. Aun con todos esos ajustes, las autoridades optaron por apurar su salida de escena.

El dato que grafica la urgencia es el del cronograma: el plan inicial fijaba el retiro para febrero de 2027, pero varias entidades estatales recibieron la instrucción de completar la migración a lo largo de 2026, es decir, con más de un año de anticipación.

En torno a la medida, especialistas consultados dejaron planteada su inquietud por la seguridad de los datos, aunque hasta el momento no señalaron públicamente ninguna vulnerabilidad puntual en esta versión de Windows.

Del otro lado del mostrador, Microsoft respondió que no tiene registro de incidentes de seguridad vinculados al sistema y afirmó que la edición sigue recibiendo actualizaciones con total normalidad, sin fallas ni problemas reportados.

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KylinOS y UOS, las cartas fuertes del recambio

La transición no se resuelve simplemente eligiendo una única distribución oficial para todas las máquinas del Estado. Las dos opciones más maduras son KylinOS, obra de Kylin Software, y UOS, desarrollada por UnionTech. Ambas se apoyan en Linux y fueron concebidas para desenvolverse en entornos corporativos y gubernamentales.

KylinOS ofrece ediciones para computadoras de escritorio, servidores y otros usos especializados, mientras que openKylin funciona como su variante de código abierto. UOS, en cambio, tiene su base en Deepin y en Debian Linux.

A ese tablero se suma Huawei, que trabaja en su propio ecosistema informático con HarmonyOS para computadoras, aunque esta no figura como la vía principal del proceso.

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Ahora bien, nadie debería imaginar que el cambio se reduce a instalar otro sistema y listo. Los organismos tendrán que adaptar aplicaciones, controladores, periféricos, formatos de archivo y herramientas internas, además de capacitar a los funcionarios acostumbrados a moverse dentro del mundo Windows.

El verdadero objetivo excede al sistema operativo

Detrás de esta jugada hay un proyecto mucho más ambicioso. Hace años que China empuja para levantar una infraestructura tecnológica menos dependiente de empresas de afuera, con la mira puesta especialmente en las de origen estadounidense. Reemplazar Windows es una pieza de ese engranaje, pero apenas una parte.

Lo que Pekín persigue es disponer de un ecosistema propio de hardware y software que pueda administrarse dentro del país, de modo de achicar los riesgos que implica quedar en manos de proveedores estadounidenses.

No se trata solo de dejar de usar Windows, sino de ampliar la capacidad estatal para controlar la tecnología sobre la que descansan sus organismos públicos.

El salto hacia Linux aporta, además, una base abierta sobre la cual las compañías chinas pueden montar sus propias distribuciones, sus herramientas y sus sistemas de seguridad.

Por ahora, la medida alcanza a entidades puntuales y no significa que Windows 10 vaya a desaparecer de las computadoras de los ciudadanos chinos: el reacomodo se concentra en el terreno estatal y va modificando de a poco el lugar que Microsoft ocupa dentro de las instituciones oficiales.

El adelantamiento del calendario, sin embargo, deja algo en claro: la soberanía tecnológica se transformó en una prioridad estratégica para Pekín, en un escenario internacional atravesado por la puja tecnológica entre China, Estados Unidos y Europa.

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