El mundo aún procesa el golpe de Estado en Venezuela: EE.UU. gobernará el país y se queda con su petróleo
Luego de secuestrar a Maduro, Trump anuncia que EE.UU. "Gobernará" Venezuela: el plan para controlar las mayores reservas de petróleo del mundo y la fractura interna del chavismo.

En la oscuridad de la madrugada del sábado, el rugido de los helicópteros y el estallido de misiles de precisión sobre Caracas marcaron el inicio de una de las operaciones militares más audaces y controvertidas de la historia reciente de Estados Unidos. “Operación Resolución Absoluta”, una incursión relámpago ejecutada por la élite de la Fuerza Delta, culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y su posterior traslado a suelo estadounidense para enfrentar cargos federales por narcoterrorismo.
Desde su residencia en Mar-a-Lago, un presidente Donald Trump triunfante declaró no solo la exitosa extracción del mandatario, sino un objetivo más amplio y sin precedentes: “Nosotros vamos a gobernar ese país por el momento”.
La cacería metódica y la invasión a Venezuela
La operación fue el clímax de meses de preparación meticulosa y una escalada militar gradual. Desde agosto, un pequeño equipo encubierto de la CIA operó dentro de Venezuela, trazando con detalle enfermizo los movimientos, rutinas y hábitos de Maduro. “Sabíamos por dónde se movía, qué comía e incluso qué mascotas tenía”, afirmó el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto. Esta inteligencia fue crucial para una misión que, según altos mandos, rivaliza en riesgo con la que eliminó a Osama bin Laden en 2011.
La noche del 3 de enero, tras una cena en Mar-a-Lago donde estuvo acompañado por sus principales halcones, el secretario de Estado Marco Rubio y el asesor Stephen Miller, Trump dio la autorización final. Una flota de 150 aeronaves despegó. Mientras aviones de combate neutralizaban sistemas de defensa aérea venezolanos en La Carlota, Fuerte Tiuna y el puerto de La Guaira, helicópteros se deslizaban a 30 metros sobre el mar Caribe hacia Caracas. A las 2:00 a.m., hora local, el equipo de asalto irrumpió en la residencia fortificada de Maduro dentro del complejo de Fuerte Tiuna.
Según relatos, el presidente venezolano intentó correr hacia una habitación segura blindada, pero no logró cerrar la puerta a tiempo. Fue rápidamente reducido y esposado. En cuestión de horas, él y su esposa eran trasladados al buque de asalto USS Iwo Jima y, posteriormente, a Nueva York, donde una multitud de venezolanos exiliados los recibió con cánticos de celebración.
Un continente dividido y un precedente peligroso
La reacción internacional fue inmediata y profundamente polarizada, fracturando a América Latina y alarmando a potencias rivales. Del lado de la condena más enérgica, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel denunció un “criminal ataque” y un acto de “terrorismo de Estado”.
Brasil, bajo el mandato de Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió que la acción “traspasa una línea inaceptable” y representa “un precedente extremadamente peligroso” que recuerda los peores momentos de la interferencia en la región. Chile y México hicieron un llamado al respeto de la Carta de la ONU y la no intervención.
Del otro lado, el presidente argentino Javier Milei, aliado de Trump, celebró la noticia con un contundente: “¡La libertad avanza. Viva la libertad, carajo!” en sus redes sociales. La posición de Colombia, el vecino más directo, fue de “profunda preocupación”, con el presidente Gustavo Petro anunciando el despliegue de medidas para proteger la estabilidad en su extensa y sensible frontera.
Más allá del hemisferio, China exigió la liberación inmediata de Maduro, calificando la operación de violación clara del derecho internacional. Corea del Norte, por su parte, la denunció como una “grave transgresión a la soberanía” y un acto de “hegemonía”. En Washington, la crítica también surgió desde la oposición doméstica.
La exvicepresidenta Kamala Harris tildó la acción de “ilegal e imprudente”, argumentando que se trataba de una guerra por el petróleo disfrazada. El senador demócrata Mark Warner expresó una inquietud fundamental: “¿Esto significa que cualquier país grande puede acusar al gobernante de un país más pequeño y sacarlo? Esto llevaría al caos total”.
El botín petrolero y la fractura venezolana interna
Más allá de la justificación sobre narcotráfico, el discurso de Trump dejó en claro un objetivo económico central: las vastas reservas de petróleo de Venezuela, las más grandes del mundo con unos 303.000 millones de barriles. “Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras… entren, inviertan miles de millones… y comiencen a generar dinero para el país”, declaró.
Prometió una “transición segura, apropiada y juiciosa”, pero condicionó cualquier futuro a que el petróleo, cuya producción se ha colapsado a menos de un tercio de sus niveles previos al chavismo, vuelva a fluir bajo gestión estadounidense.
Con Maduro físicamente removido, el régimen chavista que gobernó por 25 años se enfrenta a un vacío de poder y a una fractura interna. Mientras la vicepresidenta Delcy Rodríguez, a quien el Tribunal Supremo de Justicia venezolano ordenó asumir la presidencia, denunció un “secuestro ilegal e ilegítimo”, aparecen las primeras grietas. Analistas locales observan que las apariciones de los altos mandos oficialistas tras la captura fueron solitarias, “sin pueblo”, una imagen de aislamiento que contrasta con la unidad mostrada en crisis pasadas.
Por el lado opositor, la líder María Corina Machado declaró que era la “hora de la libertad” y exigió que el candidato presidencial Edmundo González Urrutia asumiera el mandato, aunque Trump descartó explícitamente un liderazgo de Machado en la transición.
Un futuro incierto y una región transformada
Mientras Maduro espera su futuro en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, donde podría ser alojado en régimen de aislamiento por su seguridad, las preguntas sobre el día después en Venezuela son abrumadoras. ¿Quién gobernará realmente en Caracas? ¿Cómo reaccionarán las facciones radicales del chavismo y las fuerzas armadas leales? ¿Se materializará la temida insurgencia o un éxodo masivo?
La “Operación Resolución Absoluta” no es solo el capítulo final de la presidencia de Nicolás Maduro, un hombre que sobrevivió una década a crisis económicas y presiones internacionales para caer por la fuerza directa de una potencia extranjera. Es un parteaguas geopolítico. Marca el regreso abierto y sin pruritos de Estados Unidos a la vieja doctrina Monroe de intervencionismo unilateral en su patio trasero, justificada en la lucha contra el narcoterrorismo pero con la sombra alargada del petróleo y la influencia estratégica.
El hemisferio, que se declaró una “zona de paz”, despierta hoy a un nuevo y turbulento amanecer, donde las reglas de la soberanía y la fuerza han sido reescritas de un solo golpe.
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