“aspirante a fascista”

Trump y su deriva autoritaria: las alertas de expertos sobre el fascismo de su estilo

El mandatario ultraderechista sigue queriendo posicionar a Estados Unidos como lo que ya no es: el país más poderoso del mundo. Y parece que no tiene límites en lo que está dispuesto a hacer para demostrar que tiene razón.

Académicos debaten si las políticas de Trump 2025-2030 muestran rasgos fascistas.
Académicos debaten si las políticas de Trump 2025-2030 muestran rasgos fascistas.

El segundo mandato de Donald Trump, iniciado el 20 de enero de 2025, ha generado un intenso debate entre académicos, politólogos y analistas internacionales sobre si sus políticas y acciones reflejan una deriva autoritaria o incluso rasgos fascistas.

Estas acusaciones, presentes desde su primer mandato, se han intensificado durante los primeros meses de su administración actual. La discusión se centra en medidas ejecutivas específicas, el discurso político empleado y las dinámicas de poder observadas.

Federico Finchelstein, historiador y profesor de The New School, declaró: “Lo que vemos claramente en este Trump 2.0 es que el autoritarismo está más exagerado. Incluso vemos cómo niegan lo que dice la Constitución: es un regreso a la mentira y al extremismo; a un gobierno que trata de apropiarse de la ley para bastardearla.”

Finchelstein, especialista en fascismo y populismo, describe a Trump como un “aspirante a fascista” que supera los límites del populismo tradicional. Compara las prácticas de Trump con las de líderes populistas históricos como Juan Domingo Perón, pero subraya que Trump avanza más al fundamentar políticas en afirmaciones sin base empírica, como la supuesta presencia de soldados chinos en el Canal de Panamá.

La deriva autoritaria de Trump: no son pocas las advertencias

Larry Diamond, sociólogo de Stanford University, afirmó: “En este momento, estamos en las primeras etapas de un proyecto autoritario deliberado y una deriva autoritaria profundamente alarmante. Si usamos la palabra fascismo ahora como la máxima alarma, ¿qué palabra nos quedará cuando empiece a arrestar personas y a crear prisioneros políticos? Hay elementos de fascismo en la ideología, la organización, la mentalidad y la aspiración del movimiento MAGA.”

Diamond, experto en autocracias electorales, advierte sobre el uso prudente del término “fascismo” por su especificidad histórica. Sin embargo, identifica elementos fascistas en el movimiento MAGA (Make America Great Again), como la glorificación de la violencia y la lealtad absoluta a un líder carismático, señalando que el trumpismo representa una amenaza para las normas democráticas.

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La democracia herida por la extrema derecha

Jessica Silbey, profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Boston, expresó: “Cuando las personas elegidas para defender el Estado de derecho y seguir la Constitución desafían abiertamente el significado claro de las leyes, entonces sí, estamos en una crisis constitucional.

Donald Trump está reorganizando la estructura constitucional del Gobierno a través de mecanismos que no prevén ninguna responsabilidad ni transparencia, lo que desafía nuestras normas y compromisos democráticos.” Silbey enfatiza cómo las acciones de Trump, particularmente el uso de decretos ejecutivos que ignoran la legalidad, erosionan los principios democráticos.

Su crítica se focaliza en la ausencia de rendición de cuentas y la manipulación del marco constitucional, sugiriendo una concentración de poder característica de regímenes autoritarios.

Steven Levitsky, politólogo de la Universidad de Harvard, declaró: “Lo que estamos viviendo no es una guerra relámpago contra adversarios [políticos], sino más bien una guerra relámpago por parte del ejecutivo contra el propio Estado de derecho. Esa es una característica definitoria de una crisis para el Estado de derecho.”

Levitsky, coautor de Cómo mueren las democracias, compara las tácticas de Trump con las de líderes autoritarios como Hugo Chávez, Viktor Orbán y Recep Tayyip Erdoğan. Su análisis subraya la erosión del Estado de derecho como indicador clave de la deriva autoritaria, especialmente en el contexto de las tensiones con el poder judicial y la implementación de deportaciones masivas.

Ruth Ben-Ghiat, historiadora y experta en fascismo italiano, declaró de manera contundente: “Trump es el demagogo fascista del siglo XXI.” Ben-Ghiat establece paralelismos históricos entre Trump y Benito Mussolini, destacando la retórica carismática, la polarización social intensificada y el uso de la propaganda para consolidar el poder. Su diagnóstico apunta a un estilo de liderazgo que fusiona populismo con elementos fascistas, incluyendo la glorificación de la violencia y la deslegitimación sistemática de las instituciones democráticas.

Las acciones concretas que acercan a Trump al fascismo

Las acusaciones de autoritarismo y fascismo dirigidas al segundo mandato de Trump se fundamentan en una serie de acciones concretas implementadas desde enero de 2025. El presidente ha emitido más de noventa órdenes ejecutivas durante los primeros meses de su administración, varias de las cuales han enfrentado impugnaciones legales por su presunta ilegalidad.

Un ejemplo destacado es su política de deportaciones masivas, que generó conflictos directos con jueces federales. El juez James Boasberg suspendió temporalmente la aplicación de la Ley de Enemigos Extranjeros, cuestionando su constitucionalidad. Además, la adopción de propuestas centrales del Proyecto 2025, un plan conservador que busca reestructurar el gobierno federal y reducir las protecciones laborales de los funcionarios públicos bajo la categoría de empleados «Schedule F», ha sido interpretada por analistas como un esfuerzo por concentrar el poder en el Ejecutivo.

Elementos centrales de la deriva autoritaria identificados en Trump

Los expertos citados coinciden en identificar varios indicadores de autoritarismo dentro de las acciones y la estructura del gobierno de Trump durante su segundo mandato:

  1. Concentración del poder ejecutivo: La teoría del “poder unitario”, defendida por figuras cercanas a Trump y plasmada en iniciativas como el Proyecto 2025, busca ampliar significativamente la autoridad presidencial sobre las agencias federales, limitando la supervisión del Congreso y la independencia de los funcionarios de carrera. Esto se traduce en esfuerzos por controlar nombramientos burocráticos y reducir los mecanismos de contrapeso institucional.

  2. Erosión del Estado de derecho: Las frecuentes confrontaciones con el poder judicial, los intentos de desacreditar fallos adversos y la emisión de órdenes ejecutivas que desafiaron interpretaciones legales establecidas son vistas como esfuerzos sistemáticos para debilitar la independencia judicial y la supremacía constitucional. La política migratoria, especialmente la Ley de Enemigos Extranjeros, ejemplifica esta tensión.

  3. Uso de la retórica divisiva y la desinformación: La persistencia en afirmaciones falsas o no verificadas (como la presencia militar china en Panamá), los ataques a medios de comunicación y la estigmatización de adversarios políticos y grupos minoritarios crean un clima de polarización extrema y desconfianza en fuentes de información independientes, característica asociada a regímenes autoritarios.

  4. Glorificación de la violencia y culto al líder: La retórica que parece condonar o alentar la violencia contra opositores, junto con la construcción de una lealtad inquebrantable hacia la figura presidencial dentro del movimiento MAGA, refleja elementos que historiadores como Ben-Ghiat vinculan a movimientos fascistas históricos.

  5. Debilitamiento de las instituciones democráticas: Las iniciativas para alterar procesos electorales, restringir el voto o cuestionar resultados sin evidencia, junto con los intentos de politizar organismos no partidistas, son percibidas como amenazas a los pilares fundamentales del sistema democrático estadounidense.

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