mis respetos, cabo verde

Argentina sufrió hasta el final, pero venció 3-2 a Cabo Verde y avanzó a octavos de final

El campeón del mundo no la tuvo tan fácil, con un Cabo Verde quedó el corazón en la cancha y le logró anotar dos goles al otrora invencible Dibu Martínez. Lionel Scaloni cumplió 100 partidos con el seleccionado argentino en este encuentro.

Foto: AFA
Foto: AFA

Hay partidos que se ganan y partidos que se sobreviven. El de esta noche en el Hard Rock Stadium de Miami fue, sin ninguna duda, de los segundos. Argentina venció 3-2 a Cabo Verde en un final de altísimo voltaje, con gol en la última bocanada de la prórroga, y se metió en los octavos de final del Mundial 2026 después de vivir noventa minutos reglamentarios más treinta de alargue que resumen, como pocos partidos, lo que significa este deporte: sufrimiento, épica, y un final que nadie va a olvidar.

Todo empezó como estaba escrito. Argentina, favorita amplísima, salió a buscar el partido desde el arranque y encontró premio temprano: apareció Lionel Messi, otra vez él, con una jugada individual de esas que solo puede firmar un genio, para poner el 1-0 y encender la ilusión de un trámite cómodo. Pero Cabo Verde, la selección revelación de este Mundial, la que ya había hecho historia clasificando a octavos por primera vez en su vida, no vino a Miami a hacer un papel decoroso. Vino a competir, y de qué manera.

En la segunda mitad, cuando parecía que Argentina iba a dormir el partido, los caboverdianos encontraron el empate y desataron la locura entre sus hinchas, minoría en el estadio pero con un volumen de garganta que parecía de local. El 1-1 le cambió la cara al partido y encendió todas las alarmas: la Selección, campeona del mundo, empezó a mostrar grietas, imprecisiones, nervios. Los noventa minutos se fueron sin que nadie pudiera destrabar el resultado, y el estadio entero contuvo la respiración sabiendo que se venía la prórroga.

Ahí arrancó la verdadera batalla. Con las piernas cargadas de cansancio y el partido ya jugado al límite físico y emocional, Argentina volvió a golpear primero: un córner cerrado, centro preciso, y Lisandro Martínez, el defensor del Manchester United, se elevó para cabecear y decretar el 2-1. Explosión de alegría, banco de suplentes desbordado, y la sensación de que por fin la Albiceleste iba a poder cerrar el partido tranquila.

Pero no. Cabo Verde volvió a golpear en el momento más inesperado. Con Argentina manejando los tiempos y buscando el contragolpe que sentenciara el resultado, apareció Sidny Lopes Cabral para marcar un golazo que representa, quizás, el mejor resumen de lo que fue este equipo en todo el torneo: coraje, técnica y una entrega que enamoró al mundo entero. El 2-2 volvió a poner todo en duda, y el fantasma de los penales empezó a sobrevolar el estadio. Argentina, incómoda, exigida como pocas veces en el torneo, no lograba encontrar los espacios que sí había tenido ante rivales de menor punch físico.

El reloj corría, los minutos de la segunda parte del alargue se consumían de a poco, y el cansancio empezaba a jugarle una mala pasada a ambos equipos. Cabo Verde, valiente hasta el final, se lanzó en busca de un tercer golpe que hubiera sido de escándalo. Argentina resistió, apretó los dientes, y esperó su momento. Y llegó, casi sobre la hora, cuando ya se palpaba en el aire la definición por penales.

Un córner desde la izquierda, centro milimétrico de Messi -otra vez el capitán, otra vez decisivo con la pelota parada- y un cabezazo de Cristian «Cuti» Romero que se desvió cruelmente en un defensor rival antes de meterse en el arco de Vozinha, el arquero que había sido una muralla durante todo el encuentro con una cantidad enorme de atajadas. El 3-2 desató la locura absoluta: jugadores corriendo hacia el banco, el cuerpo técnico abrazado, y un estadio entero soltando toda la tensión acumulada durante más de dos horas de fútbol.

Fue, sin exagerar, uno de los partidos más difíciles que le tocó atravesar a esta Argentina en los últimos años. Ni Arabia Saudita, ni ningún otro rival de este ciclo, había llevado a la Selección a semejante límite de sufrimiento. Cabo Verde se despide del Mundial con la cabeza bien alta, convertida en la sorpresa más entrañable del torneo, dejando una imagen de garra y personalidad que quedará en la memoria de todos los que vieron el partido.

Para Argentina, el premio es seguir con vida y meterse en los octavos de final, donde ahora espera Egipto, otra selección que también tuvo que sufrir de lo lindo para avanzar, ya que eliminó a Australia en la tanda de penales. El campeón del mundo sigue en carrera, golpeado, exigido, pero vivo. Y en un Mundial como este, donde ya quedó demostrado que no hay rival chico, sobrevivir también es una forma de ganar.

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