El Papa Borgia: el ascenso de la corrupción y el poder hace 524 años
En un día como, hace 524 años, ascendió al poder de la cúpula cristiana uno de los papas más polémicos de la historia, que enriqueció las arcas de su familia con bienes de la Iglesia Católica y fue autor intelectual, junto a otros familiares, de numerosos asesinatos.

Una de las familias más poderosas y adineradas del siglo XV fue la de los Borgia. Provenientes de Valencia, España, su apellido mutó del castellano «Borja» a su versión italiana «Borgia», para facilitar su aceptación en el Vaticano, pues un español en el poder no era algo muy bien visto en ese momento.
Rodrigo Borja alcanzó el mandato católico usando el nepotismo, o sea, otorgando puestos de poder político o religioso a familiares y aliados sin importar sus capacidades para ocuparlos, sino más bien la lealtad y las alianzas por intereses económicos.
Era sobrino del papa Calixto III, lo que le facilitó acceder al grado cardenalicio a una edad temprana y ostentar puestos de gran importancia adentro de la Curia Romana y en el exterior.
Utilizando caros sobornos como el otorgamiento de títulos de iglesias, abadías y monasterios a otros cardenales, Alejandro se colocó en los «preferiti», o sea aquellos que son elegibles como papa.
Logró, moviendo todo tipo de influencias políticas, amenazas, crímenes y actos de corrupción, convertirse en el papa Alejandro VI el 11 de agosto de 1492.
Un precio alto pero rentable
Convertirse en papa le costó a Borja cientos de miles de ducados de oro (la moneda circulante del momento), decenas de títulos de propiedad y muchos favores. El contexto en el cónclave era complicado para Alejandro: el primer preferiti era el cardenal Della Royere, pues había hecho un depósito de 200.000 ducados de oro facilitados por el rey de Francia, además de otros 100.000 de la República de Génova. Incluso, era el protegido del rey francés y contaba con los votos de los cardenales de ese país. También estaba el otro papable favorito, el cardenal Sforza de Milán, pero este cedió fácilmente al recibir de Borja cuatro mulas cargadas de plata; ese gesto le valió que le diera su adhesión a ahora virtual papa.
Cediendo decenas de terrenos a otros cardenales del cónclave, logró comprar los 5 votos necesarios para convertirse en el líder máximos de la Iglesia Católica. Un único cardenal, Gherardo de Venecia, le regaló su voto sin costo; los historiadores coinciden en que la senilidad fue la razón de ese voto gratuito, pues tenía 96 años.
A lo largo de su carrera política y religiosa, Alejandro VI vivió una vida de crimen, poder, ostento, lujo y placeres sexuales. Se le conocieron varias relaciones amorosas, entre ellos el de una viuda, Vanozza Catenei, y la hija de esta, y ciertos textos históricos afirman que recibieron dádivas por parte del papa. Se supo de distintas orgías y fiestas sexuales en la que el papa estuvo presente, actividades a las que era asiduo asistente en palacios y termas.
También se le vio envuelto -incluso desde su juventud- en asesinatos, pues a los 12 años de edad mató a otro niño con arma blanca en su Valencia natal. Durante el cónclave y el papado fue autor intelectual, o simplemente observador inamovible, de varias muertes a manos de su hijo, o de mercenarios contratados por allegados suyos para mantener control sobre territorios y sectores sociales y políticos.
Intentó someter a la mitad de Italia bajo la influencia de la Santa Sede, hasta el punto de querer convertirla en una monarquía hereditaria que le permitiría postergar el poder en manos de su familia de forma indefinida.
El 6 de agosto de 1503, Alejandro Borja y César Borja celebraron un lujoso banquete en la mansión campestre del cardenal Adriano da Corneto, junto con decenas de comensales. Pocos días después, todos los invitados cayeron gravemente enfermos; la juventud de César le permitió sortear la enfermedad y sobrevivir, pero el papa Alejandro VI falleció a los 72, el 18 de ese mes. La causa de la muerte no se conoció, pero los rumores difundidos días después aseguraban que César habría intentado envenenar a los invitados, pero un sirviente le puso la pócima a toda la comida. Este hecho fue dado por cierto por varios historiadores contemporáneos entre los que se contaron Francesco Guicciardini, y Paolo Giovio. Posteriormente Juan de Mariana y W. H. Prescott sostendrían que la teoría era sostenible.
Compartí tu opinión con toda la comunidad