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PIX venció al efectivo: todos en Brasil la aman pero incomoda a Estados Unidos

Cómo un sistema de pagos gratuito transformó la economía brasileña, se expandió a Uruguay y el resto de la región, y terminó en el centro de una disputa comercial con Estados Unidos.

Foto de archivo
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Cuando un turista uruguayo -o de cualquier otra nacionalidad- paga un helado en la playa de Copacabana escaneando un código QR, participa sin saberlo de una de las mayores transformaciones financieras de la última década en América Latina.

El PIX, el sistema de pagos instantáneos del Banco Central de Brasil, ya no es solo una curiosidad tecnológica: es la infraestructura sobre la que corre buena parte de la economía brasileña, y desde este año también un capítulo de la guerra comercial entre Brasil y Estados Unidos.

Su expansión hacia Uruguay y el resto de Sudamérica ya es un hecho, y desde 2025 Estados Unidos lo investiga por presunta competencia desleal contra Visa y Mastercard, obviamente, con la complicidad de Donald Trump que quiere que sus marcas locales mantengan la hegemonía mundial.

Una app que le pertenece al pueblo brasileño

PIX nació en noviembre de 2020 como una plataforma pública de transferencias en tiempo real, disponible las 24 horas y sin costo para las personas físicas. Para el primer trimestre de 2026 alcanzó los 200 millones de usuarios activos mensuales, entre 175 millones de personas y 25 millones de empresas, lo que equivale a más del 80% de la población brasileña.

El volumen de dinero que mueve el sistema es igual de significativo. Los brasileños realizan cerca de 8.600 millones de transferencias por PIX cada mes, por un total aproximado de 3,4 billones de reales, unos 660.000 millones de dólares. Esa cifra supera en 8,6 veces todo lo que se mueve por tarjetas de crédito y débito juntas en el país.

La razón del éxito no es un misterio para quienes estudian el sistema financiero brasileño: resolvió, en pocos años, un problema estructural de inclusión bancaria. Antes de 2020, buena parte de la población de bajos ingresos usaba el efectivo o retiraba dinero en cajeros sin operar con transferencias digitales. Con PIX, esa misma población empezó a pagar y cobrar desde el celular sin necesidad de una cuenta bancaria tradicional, lo que incorporó a más de 70 millones de personas al sistema financiero formal.

El costo también explica la migración masiva del comercio. Mientras las tarjetas cobran comisiones de entre 2% y 5% a los negocios, PIX ronda apenas el 0,33% para las empresas y es completamente gratuito para los usuarios individuales. Esa diferencia llevó a que hoy represente más del 50% de todas las transacciones de pago del país, superando ampliamente a las tarjetas y otros métodos tradicionales.

La expansión regional: Uruguay fue uno de los primeros en sumarse

El Banco Central de Brasil no ocultó su intención de llevar PIX más allá de sus fronteras. El organismo expresó formalmente el objetivo de exportar el sistema a otros países latinoamericanos y de construir una plataforma multilateral que conecte a PIX con esquemas de pago instantáneo de otras naciones.

Uruguay integra hoy la lista de países donde ya se puede operar con PIX, junto a Chile, Paraguay, Perú, Bolivia, Colombia, Argentina y México. La llegada al país se dio inicialmente a través de OCA Comercios, que permitió a turistas brasileños pagar en comercios uruguayos sin recurrir a tarjetas de crédito ni a efectivo.

La oferta se amplió después con la incorporación de Fiserv, que habilitó la aceptación de PIX en sus terminales de venta para comercios locales. La ventaja fiscal para el turista brasileño es concreta: el pago con PIX tiene asociado un impuesto del 0,38% sobre transferencias internacionales, muy por debajo del 5,38% que se aplica a los pagos con tarjeta en el exterior.

El flujo también se activó en sentido inverso, hacia los uruguayos que viajan a Brasil. Fintechs como Prex habilitaron una sección específica para operar en reales desde la aplicación, donde el usuario puede abrir una cuenta en esa moneda, revisar su saldo y recargarla convirtiendo pesos uruguayos o dólares al momento de viajar.

Un fenómeno equivalente ocurre con los turistas argentinos, que a través de Mercado Pago, AstroPay o kamiPay pueden pagar directamente en reales desde su moneda local, sin necesidad de una cuenta bancaria brasileña. El horizonte de esa integración regional apunta ahora al Proyecto Nexus, impulsado por el Banco de Pagos Internacionales, que busca conectar distintos sistemas de pago instantáneo nacionales mediante una única integración técnica, en lugar de que cada país deba construir conexiones bilaterales por separado. Su entrada en operaciones está prevista, de forma tentativa, para 2027.

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La plataforma digital desarrollada por la autoridad monetaria brasileña procesó 79.800 millones…

Por qué Estados Unidos, Visa y Mastercard odian el modelo

El mismo diseño que impulsó la adopción masiva de PIX es el que lo puso en la mira de Washington. En julio de 2025, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos abrió una investigación sobre las prácticas comerciales de Brasil en el sector de pagos digitales.

Según ese organismo, las entidades financieras brasileñas están obligadas a incluir PIX de forma destacada dentro de sus aplicaciones y no pueden cobrarles comisiones a los usuarios, condiciones que calificó como “desleales y discriminatorias” hacia proveedores privados como Visa, Mastercard e incluso Apple.

La disputa escaló y se mezcló con otros frentes de la guerra comercial de Donald Trump con Brasil. Washington terminó aplicando un arancel del 25% a miles de productos brasileños, argumentando que el país favorece a su sistema público de pagos en perjuicio de las empresas estadounidenses del sector.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva respondió en tono nacionalista, con un mensaje que resumió la postura oficial de Brasilia: “El Pix es nuestro. Es de Brasil y del pueblo brasileño”. El gobierno brasileño sostiene que las reglas del sistema se aplican de manera uniforme y que las empresas estadounidenses participan activamente del ecosistema.

Detrás del reclamo formal hay una preocupación más amplia dentro de la industria de tarjetas: que el modelo se replique en otros mercados y erosione su posición dominante y que se les arrebate el poder de controlar y fijar tarifas y generarse ganancias multimillonarias. El caso que más se cita como antecedente es el de India, donde un sistema estatal similar, gratuito para los usuarios, ya desplazó buena parte del consumo cotidiano que antes se pagaba con tarjeta.

Lo que comenzó como una herramienta doméstica para bancarizar a millones de brasileños terminó, cinco años después, convertido en un caso de estudio sobre soberanía monetaria y en un frente abierto de la disputa comercial entre Brasil y Estados Unidos.

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