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Renunció Carlos Cordeiro, máximo asesor de Infantino, y rechaza la privatización de la FIFA

La dimisión del principal asesor de Gianni Infantino y el rechazo de tres de las principales confederaciones del fútbol mundial ponen en duda el futuro de una iniciativa que buscaba incorporar inversión privada a los derechos comerciales de los torneos de la FIFA.

Carlos Cordeiro en una foto de archivo
Carlos Cordeiro en una foto de archivo

La FIFA atraviesa uno de los momentos de mayor crisis institucional de la gestión de Gianni Infantino después de que el proyecto para incorporar inversión privada a los derechos comerciales de sus principales competiciones encontrara una oposición sin precedentes entre las federaciones nacionales. La renuncia de Carlos Cordeiro, uno de los asesores más cercanos al presidente del organismo, profundizó un escenario que ya estaba marcado por el rechazo de Europa, Asia y Norte y Centroamérica.

El proyecto impulsado por la FIFA buscaba captar alrededor de US$ 15.000 millones mediante la venta de una participación minoritaria en una nueva sociedad comercial que administraría los derechos económicos de competiciones como la Copa Mundial masculina, la Copa Mundial femenina y el Mundial de Clubes. Aunque numerosos titulares resumieron la iniciativa como una “venta del Mundial”, la propuesta era más compleja y se centraba en la comercialización futura de esos activos.

La FIFA en venta: ¿Infantino con un pie afuera?

La controversia escaló este 31 de julio con la dimisión de Cordeiro, expresidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos y asesor principal de Infantino en asuntos estratégicos. En una carta dirigida al presidente de la FIFA, el dirigente cuestionó tanto el contenido del proyecto como el proceso mediante el cual fue presentado a las asociaciones miembro.

Cordeiro afirmó que la iniciativa representaba “un mal negocio para el fútbol” y sostuvo que la organización no había demostrado la necesidad económica de desprenderse de una parte de sus activos comerciales. También cuestionó la falta de transparencia durante el proceso de consultas y advirtió que una decisión de esa magnitud debía contar con un consenso mucho más amplio entre las federaciones.

La propuesta contemplaba la creación de una empresa denominada FIFA Forward Enterprise (FFE), valorada en aproximadamente US$ 20.000 millones. Posteriormente, la FIFA vendería hasta el 20% de esa compañía a inversores privados, con una recaudación estimada cercana a los US$ 15.000 millones. Entre los grupos que habían mostrado interés figuraba un consorcio liderado por Thrive Eternal, vinculado a Thrive Capital.

Desde el punto de vista financiero, el objetivo consistía en obtener recursos inmediatos para acelerar programas de inversión y desarrollo del fútbol a escala mundial. Sin embargo, para numerosos dirigentes el interrogante principal no era cuánto dinero podía obtener la FIFA, sino qué implicancias tendría entregar parte del negocio comercial más jugoso del deporte a inversores externos.

La reacción de las confederaciones ante la privatización

La UEFA anunció que sus 55 asociaciones miembro rechazaban de manera unánime la propuesta y advirtió que no respaldaría el proyecto bajo las condiciones planteadas. Poco después, la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) también confirmó su oposición al considerar insuficiente el proceso de consulta realizado por la FIFA.

La Concacaf, que representa a Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, se sumó igualmente al rechazo. Aunque la confederación no habló de un boicot, sí dejó claro que la iniciativa requería una discusión mucho más profunda antes de avanzar hacia cualquier decisión definitiva.

En conjunto, estas tres confederaciones agrupan a más de la mitad de las 211 asociaciones nacionales que integran la FIFA. Ese dato resulta especialmente relevante porque evidencia que la resistencia al proyecto no proviene de un grupo reducido de federaciones, sino de una mayoría significativa dentro de la estructura política del organismo.

La magnitud del rechazo ha llevado a varios dirigentes del fútbol internacional a considerar que el proyecto difícilmente pueda prosperar en su formato actual. Algunas voces dentro de las federaciones consultadas por medios internacionales llegaron a describir la iniciativa como “muerta y enterrada”, reflejando el nivel de oposición que enfrenta la propuesta.

La FIFA e Infantino guardan silencio

Hasta el momento, sin embargo, la FIFA no ha anunciado la retirada del plan. El organismo mantiene que continuará el proceso de consultas y sostiene que cualquier decisión definitiva dependerá del respaldo de sus asociaciones miembro.

Desde la institución también rechazan la idea de que pretendan vender la Copa del Mundo. La posición oficial es que el objetivo consiste en atraer capital privado para fortalecer la capacidad de inversión de la FIFA sin perder el control sobre sus competiciones ni sobre la gobernanza del fútbol internacional.

La discusión, en cualquier caso, trasciende el aspecto económico. Diversos expertos en gestión deportiva consideran que la comercialización de activos estratégicos constituye una de las decisiones más sensibles para cualquier organización deportiva global, especialmente cuando esos ingresos representan la principal fuente de financiación de programas de desarrollo, federaciones nacionales y competiciones internacionales.

La Copa Mundial masculina sigue siendo el activo comercial más importante de la FIFA y genera miles de millones de dólares en derechos televisivos, patrocinios y licencias cada ciclo de cuatro años. Cualquier modificación en la estructura de propiedad o explotación comercial de esos derechos tiene un impacto potencial sobre el modelo financiero del organismo durante las próximas décadas.

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