ESPECIALISTAS DENUNCIAN LA COMERCIALIZACION EN NUESTRO PAIS DE OBJETOS ARQUEOLOGICOS FALSOS

No siempre todo lo que reluce es oro

El profesor Jorge Femenías y el licenciado Andrés Florines explicaron que «desde hace unos dos años, y a partir de un resurgimiento del interés por la temática indígena a nivel popular, comenzaron a aparecer en ferias, casas de remate y anticuarios gran cantidad de piezas arqueológicas (supuestamente arqueológicas) encontradas en nuestro país. Resulta frecuente encontrar rompecabezas, boleadoras, representaciones humanas (antropolitos) y representaciones de animales (zoolitos).

Lamentablemente  agregaron  al común de la gente e incluso en algunos casos a entendidos en la materia, les resulta difícil poder diferenciar la autenticidad de estas piezas, y como corolario de esta situación, hoy se exhiben en museos muy conocidos alguna de estas como auténticas.

Frente a la constatación de esta situación, cabe entonces preguntarse, ¿qué hacer frente a estos hechos, y cómo detener esta proliferación de materiales comercializados como auténticos?, ¿cuál es la responsabilidad de las instituciones públicas (Comisión de Patrimonio, Universidad) en desenmascarar los fraudes?

En nuestro país más allá de consideraciones éticas acerca de la mercantilización del pasado, no es una actividad penalizada la venta de antigüedades, sólo presentando restricciones si se pretenden sacar del país. Por su parte, las réplicas o imitaciones son de libre comercialización en tanto fueren vendidas como artesanías y/o reproducciones. Pero cuando son presentadas como auténticas la comercialización se torna estafa creando además distorsión en relación a la información científica que un objeto de estas características implica. Este hecho está ocurriendo en ambos alcances. Hay personas e instituciones (museos) siendo estafadas, e investigadores desprevenidos que los consideran prematuramente auténticos».

Respecto al origen de estos objetos, Femenías y Florines afirmaron que «en la actualidad se conocen al menos dos fuentes de provisión de estas piezas: Cerro Largo y Salto. El número de objetos falsificados se ha incrementado en los últimos años pudiendo estimarse en decenas los que circulan en casas de anticuarios, ferias, etcétera. En todos los casos el artefacto es ofrecido como auténtico y proveniente de un origen genérico: Rocha, Soriano, u otros lugares, manteniendo velada la circunstancia y contexto arqueológico del hallazgo. Nunca se señala un lugar con precisión cayendo en vaguedades o circunstancias fortuitas.

Cuando hace unos años un amigo nos enseñó un pájaro de piedra adquirido en Tristán Narvaja fue justamente la circunstancia de ausencia de referencia de origen o contexto arqueológico lo que motivó una recomendación enfática de que la pieza debía ser sometida a un peritaje minucioso para determinar su eventual autenticidad. A pesar del empeño de los arqueólogos pioneros en la primera mitad del siglo XX este tipo de objeto se ha hallado sólo excepcionalmente en el Uruguay tal que no existen más de cinco ejemplares de esculturas biomorfas (un antropolito y cuatro ornitolitos). La prudencia entonces a condicionar su autenticidad a pruebas de tipo mineralógico, estudio de técnica de manufactura, determinación de consistencia tipológica, etcétera. Debe quedar claro en este punto que es posible entonces establecer con precisión la autenticidad de las piezas. La aparición de decenas de otros artefactos similares deja ya poca duda de las características del fraude».

Los investigadores recordaron que desde la antigüedad ha existido interés de los hombres por la posesión de objetos valiosos. «Más valiosos cuanto más escasos, exóticos o raros fueran. Otorgaba prestigio a quien los poseía, asociándose este crédito a la posición dominante del individuo entre sus pares. Mucho más recientemente en la historia estos objetos adquirieron un valor de mercancía, manteniendo como valor adicional el de prestigio.

El mercado de los objetos de arte y antigüedades (históricas o prehistóricas) es difícil de resumir en la medida que existe una porción del mismo legitimada, libre y legal y otra porción no menos sustantiva ilegal, censurable, en negro. El análisis del fenómeno incursiona en el terreno ético en particular cuando consideramos la comercialización de objetos arqueológicos. La humanidad ha avanzado en este sentido deslegitimando el comercio de antigüedades y son elocuentes las declaraciones de Unesco al respecto. Sin embargo, aun no lo suficiente para que prestigiosos museos alrededor del mundo devuelvan los trofeos de otros tiempos a sus lugares de origen. Los museos no están libres de responsabilidad en este comercio en la medida en que poseer objetos de valor excepcional les proporciona prestigio y lucrativos ingresos directos o indirectos. De esta realidad por consiguiente no caben más que consideraciones éticas, sin embargo, cuando lo comercializado son objetos falsificados presentados como auténticos ingresamos en el terreno de lo delictivo. Nuestro país por pequeño que parezca no es ajeno a estos fenómenos tanto sea en el terreno del arte como de las antigüedades».

Femenías y Florines explicaron que «a pesar del relativamente limitado repertorio de artefactos arqueológicos de nuestra prehistoria, también en el Uruguay existen antecedentes de circulación de piezas arqueológicas falsificadas – recordando que- en 1937, Francisco Mazzoni, publicó un artículo en la revista de la Sociedad Amigos de la Arqueología, acerca del hallazgo de supuestas piezas indígenas encontradas en paraderos de las costas de José Ignacio y Puntas del Chileno. Se trataba de materiales elaborados por una persona de la zona, y que sabiendo del interés de algunos coleccionistas por el tema, las vendía como materiales elaborados por los indígenas. Se trataba de falsificaciones por las que obtenía buenos dividendos entre aficionados de poco conocimiento».

«Nuestra intención  subrayaron  es alertar a los particulares y en especial a los organismos públicos (museos), acerca de la necesidad de tomar las debidas precauciones y asesoramientos antes de la adquisición de este tipo de objetos. La compra indiscriminada de objetos arqueológicos por parte de particulares (coleccionistas), ha contribuido fuertemente al desarrollo de esta industria, opinaron y sugirieron que sería importante que en nuestros museos existiera una muestra de las falsificaciones como forma de educar a la gente». *

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