100 Mujeres Heroínas del agro: Uruguay dijo presente en el homenaje mundial de la FAO
Cien mujeres, un mismo surco: la FAO corona a las heroínas que sostienen el campo del mundo.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) distinguió esta semana a 100 Mujeres Heroínas de los Sistemas Agroalimentarios y el Desarrollo Rural, un reconocimiento global que pone bajo los reflectores a referentes de todo el planeta cuyo trabajo diario deja huella en la producción de alimentos y en la vida de las comunidades rurales.
El homenaje llega de la mano del Año Internacional de la Agricultora 2026 y se hizo coincidir con el Día Internacional de las Mujeres Rurales, que cada 15 de octubre pone en valor el aporte decisivo de estas mujeres a la agricultura, al desarrollo del campo, a la seguridad alimentaria y a la lucha contra la pobreza rural.
Veinte países de la región y dos banderas uruguayas
De la lista surgida de este reconocimiento, veinte naciones de América Latina y el Caribe aportaron nombres propios: Bahamas, Belice, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dominica, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
La ceremonia se desarrolló en la sede de la FAO en Roma, en el marco del Foro Mundial de la Alimentación 2026, que cerró con el Día Mundial de la Alimentación el 16 de octubre. Al abrir el acto, el director general del organismo, QU Dongyu, evocó a su propia abuela, quien lo crió en una pequeña aldea china y le transmitió el oficio de cultivar y cocinar, además del valor del esfuerzo, la resiliencia y el respeto por la tierra.
Pensando en voz alta sobre esos saberes que pasan de madres a hijas, QU sostuvo: “Todo lo que aprendí de ella, ella lo aprendió de las generaciones de mujeres que la precedieron. Y así es como el conocimiento cambia el mundo”. Luego se dirigió a las homenajeadas para subrayar su rol como agricultoras, emprendedoras, investigadoras, educadoras y líderes comunitarias comprometidas con la biodiversidad, la innovación y la resistencia frente al hambre, la pobreza y el cambio climático. “En pueblos y ciudades, montañas y costas, bosques y campos, ustedes están haciendo cosas extraordinarias”, afirmó.
Un proceso riguroso: de 609 candidaturas a las 100 elegidas
Detrás de la lista hubo un trabajo de selección pensado para garantizar participación amplia, equilibrio geográfico y transparencia. La FAO recibió 609 nominaciones de 131 de sus Estados miembros, luego de una convocatoria abierta cuyo cupo por país se fijó según el tamaño de la población de cada uno.
Todas las postulaciones fueron revisadas para verificar que cumplieran los requisitos y las cuotas nacionales. Las candidaturas habilitadas pasaron después por la evaluación de la alta dirección, que las clasificó, y las preseleccionadas atravesaron dos rondas adicionales de deliberación para medir calidad, equilibrio y representatividad del conjunto. La nómina final fue avalada por el Comité de Dirección Superior del organismo.

Las seleccionadas provienen de regiones, oficios y realidades diversas, un reflejo de los múltiples papeles que cumplen las mujeres a lo largo de toda la cadena agroalimentaria: desde producir alimentos y cuidar los recursos naturales hasta impulsar la ciencia, gestionar empresas, preservar conocimientos y sostener a las comunidades rurales. Entre las figuras destacadas aparecen Rita Parcco Pumapillo, agricultora conservacionista de Apurímac (Perú); Alba Pettengill (Paraguay), referente del sector ganadero y agroalimentario; Olga Vargas (Costa Rica), productora e integrante del Centro Agrícola Cantonal de Buenos Aires; y nombres como Luena Pataxó, Dong Minfang, Senait Gezahegn, Petra Bentkämper, Ana Laura Aguilar Carrasco y Bilkis Khatun.
La apicultora de Flores que llegó hasta Roma
Entre las cien figura María Laura Rodríguez, apicultora y líder rural oriunda de Trinidad, en el departamento de Flores. Fue elegida por su empeño en transformar el entorno del campo a través de la apicultura sostenible y del empoderamiento colectivo de las mujeres rurales.
Aunque creció en un tambo familiar, pasó buena parte de su juventud en la ciudad, lejos de aquellas raíces. Fue el reencuentro con la naturaleza, a través del cuidado de las abejas, lo que la empujó a liderar cambios de fondo en su comunidad.
Su labor se concentra en tres frentes. En materia de liderazgo femenino, como integrante de la Sociedad Apícola Uruguaya y representante ante la Secretaría de la Mujer de la Federación Internacional Latinoamericana de Apicultura (FILAPI), trabajó para derribar barreras de género y empujar la autonomía económica de las productoras, dándoles herramientas para crear y conducir sus propios emprendimientos. En el plano ambiental, dedica buena parte de su tiempo a la sensibilización: dicta capacitaciones y charlas en comunidades y escuelas sobre el papel clave de las abejas y los polinizadores en el equilibrio ambiental, la biodiversidad y la seguridad alimentaria. Y en lo asociativo, promueve el trabajo en equipo en el interior, animando a las productoras a unirse, a comunicar el verdadero valor de lo que producen y a tejer redes de apoyo para ganar peso en los mercados.
Con su distinción, María Laura mostró cómo una actividad tradicional como la apicultura puede volverse un motor de inclusión social, sostenibilidad y cambio cultural para las mujeres del campo de toda la región.
La mujer que le ganó al desierto
En esta iniciativa no hubo un primer puesto ni un escalafón del uno al cien: se trató de un reconocimiento colectivo, en igualdad de condiciones. Aun así, la organización reservó una dinámica especial para Roma y mantuvo en secreto el nombre de la última integrante, presentada como la galardonada número 100. Ese cierre quedó para la ambientalista china Yin Yuzhen.
Pionera en la lucha contra la desertificación en la región autónoma de Mongolia Interior, al norte de China, Yin protagonizó una verdadera hazaña ecológica. Dedicó más de 40 años a frenar el avance de la arena en el desierto de Mu Us: lo que arrancó en los años ochenta como un esfuerzo familiar con recursos mínimos terminó con la plantación de más de ocho millones de árboles y la recuperación de casi 5.000 hectáreas de paisaje estéril, dunas áridas convertidas en un manto verde capaz de albergar agricultura sostenible y sostener a comunidades enteras. En la ceremonia, el propio QU Dongyu destacó su constancia como ejemplo de que restaurar los recursos naturales resulta imprescindible para asegurar el futuro de los sistemas agroalimentarios del mundo.
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