MÉTODOLOGÍA DEL DIVORCIO

“Los hombres se conforman”: la abogada que explica por qué las mujeres dan el primer paso

En una entrevista con el diario elmundo.es, una reconocida abogada que inventó una nueva forma de proceder con los divorcios maritales reconoce que son las mujeres las principales personas que buscan de manera profesional y que cuando lo hacen ya están seguras de hacerlo: “El 85% de las rupturas las inician las mujeres”.

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Elena Martín, planificadora de divorcios: “El 85% de las rupturas las inician las mujeres”

Elena Martín es abogada de Familia y, además, una mujer que pasó por un divorcio. De ese cruce entre lo personal y lo profesional nació Divorce Planner, un acompañamiento integral pensado para quienes empezaron a barajar la posibilidad de terminar con su pareja. Según relató en una entrevista, la enorme mayoría de quienes golpean su puerta son mujeres, aunque algún hombre también transitó por su consultorio.

Su propuesta tiene nombre propio —el Método Pantera— y una premisa que repite sin vueltas: hacerse cargo de la propia historia y bajarse del lugar de víctima, ese que muchas veces nos impide ver la viga en el ojo propio mientras señalamos la paja en el ajeno. Habla con firmeza y sin eufemismos. Para ella, planificar una separación es tan necesario como anticipar cualquier otro gran cambio de la vida: mejor trazar la hoja de ruta cuando todavía hay afecto, porque cuando ya no queda nada, las tormentas y los naufragios se multiplican.

Recuperar el poder antes de firmar los papeles

¿En qué consiste, concretamente, ese Método Pantera? Martín explica que combinó el asesoramiento legal con herramientas de mindfulness. Lo primero, insiste, no es el expediente judicial sino uno mismo: “Realmente, lo primero en estos casos es llegar a recuperar el poder sobre tu propia vida, tomar las riendas y ser consciente de por qué estás en tu relación para decidir si quieres o no continuar en ella”. Y agrega una idea que atraviesa todo su trabajo: “Les quito el victimismo que muchas veces traen”.

Las consultas suelen arrancar con una larga lista de reproches. Llegan mujeres furiosas porque sus maridos no las cuidan, no las valoran, no las respetan ni las desean. Ahí la abogada da vuelta el enfoque: tal vez ellas tampoco se valoran ni se respetan a sí mismas. “Pongo la responsabilidad en ellas mismas. Lo primero que hay que hacer es divorciarse emocionalmente del otro y luego ya llegará el judicial. Si no, dejarán a sus maridos, pero se irán con otros hombres iguales y repetirán el patrón”, advierte.

“No soy una gurú ni tengo soluciones mágicas”

Dicho así, suena sencillo, casi demasiado. Ella misma se encarga de desinflar esa idea: “Pero yo no soy ni una gurú ni tengo soluciones mágicas”. El mindfulness, cuenta, sirve para frenar el pensamiento, apagar el piloto automático y mirar la propia vida con otros ojos. Recién desde ese lugar aparece la conexión con la intuición y con el mundo interno. Es un proceso doloroso, admite, pero imprescindible, porque siempre resulta más cómodo culpar al otro y repetir los moldes con los que crecimos. “Si nos revisamos, a veces vemos que la responsabilidad la tienes tú. Si crees que es el otro el que tiene la culpa de todo, querrás atacarle”, sostiene.

Uno de los nudos más difíciles es el de las parejas que siguen juntas “por los hijos”. Martín no se anda con rodeos: nadie quiere cargar con el peso de romper una familia, pero ella prefiere hablar de vínculos que se transforman antes que de algo que se quiebra. “Es un acto enorme de cobardía quedarte por ellos”, dispara. Los chicos, razona, tienen que aprender a construir relaciones sanas, y un matrimonio sostenido a la fuerza no es precisamente ese ejemplo. Muchas mujeres repiten lo que vieron en sus propias madres. Peor aún: los hijos terminan sintiéndose culpables al saber que son el motivo por el cual sus padres siguen juntos, una carga que no les corresponde. “Un niño se puede traumatizar por un divorcio mal gestionado, pero no por el divorcio en sí”, puntualiza.

Ocho semanas de entrenamiento para decidir

El acompañamiento dura ocho semanas e incluye trabajo físico, mental y nutricional. La lógica es simple: cuerpo y mente entrenados permiten tomar decisiones más coherentes. A veces, incluso, la conclusión es seguir adelante con la pareja, aunque reconoce que no es lo habitual. En la mayoría de los casos, el desenlace es un divorcio de común acuerdo. “Si sientes que el otro no tiene tanta culpa, ya no quieres pelear”, resume.

Las batallas más duras, según su experiencia, se dan por la tenencia de los hijos, la vivienda y las pensiones. Por motivos culturales, dice, las mujeres cargan con un miedo enorme a perder la tenencia, convencidas de que los chicos siempre estarán mejor con ellas. Martín las corre de ese automatismo: “Las madres mejores no son las que tienen la custodia y todo el control, sino las que están disponibles”. Cada caso es distinto, aclara, pero insiste en una idea de fondo: por lo general, los chicos necesitan a los dos.

Independencia económica contra la dependencia

En materia de pensiones, su norte es claro. Si hay que pelear por un aumento, se pelea, pero el objetivo final es que la mujer no quede atada económicamente a su exmarido. “Las ayudo a empoderarse y a pensar en qué pueden hacer para generar su propio dinero”, cuenta. Que el padre pague lo que corresponde por los hijos, sí; el resto, mejor generarlo una misma para cortar esa cadena de dependencia de la que, advierte, brotan casos de violencia vicaria y económica.

El tema de la casa frena a muchas parejas: mantener una vivienda en soledad es cuesta arriba. Pero ella propone otra mirada: antes que convivir con un hombre con el que ya no quiere estar, prefiere compartir techo con una amiga o un familiar. Menciona comunidades como TribuCompartida, que conectan a personas en la misma situación y reivindican una crianza compartida, a la vieja usanza, con las vecinas y las abuelas. “Nos han inculcado el individualismo, pero vemos que solos no podemos”.

Quién da el primer paso

¿Y quién empuja la separación? Los números que maneja son contundentes: el 85% de los divorcios los inician las mujeres. Para Martín, es una cuestión cultural.

“Los hombres se conforman con la vida que tienen. Mientras su casa esté en orden y sus hijos cuidados, todo está bien”. Las mujeres, en cambio, funcionan distinto: cuando finalmente deciden separarse, ya hicieron el duelo de la pareja mucho antes. No se trata de que unos sean mejores que otros, aclara, sino de que son diferentes.

Si su clientela es mayormente femenina, concluye, es porque hace falta una madurez emocional que muchos varones de entre 45 y 60 años todavía no alcanzaron. Tanto, que “¡hasta consideran una locura ir al psicólogo!”.

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