Consumo personal vs. medios de producción: la diferencia que casi nadie entiende
El argumento de que un político de izquierda, socialista o comunista con dinero no debería tener bienes de lujo (como un bolso Louis Vuitton) suele calificarse como una falacia ad hominem (dirigida contra el hombre y no con argumentos). En esta nota te explicamos porqué.

El argumento de que un socialista, comunista o cualquier ideología de izquierda que defiende la justicia social no debería usar marcas de lujo o tener algún tipo de lujo, carece de sentido lógico porque confunde el consumismo personal con la estructura del sistema económico.
¿Por qué no tiene sentido esta crítica?
• Confusión entre moral individual y sistema económico y político preestablecido: El socialismo y el comunismo son teorías económicas que proponen que los medios de producción (fábricas, tierras, tecnología) pertenezcan a la sociedad y no a manos privadas. Ninguna de estas teorías prohíbe que las personas posean bienes de consumo individuales de alta calidad (lo que el marxismo define como «propiedad personal»).
• La falacia del «tú también»: Se utiliza para desviar la atención del debate de fondo: La desigualdad social porque no nacemos con las mismas oportunidades, no existe la meritocracia en términos absolutos, y suele confundirse con el poder de voluntad cuando existen factores en la vida de cada individuo que no puede controlar directamente mediante dicha voluntad milagrosa. Decir esto, es desconocer la realidad empírica de la pobreza estructural.
Existe una tendencia de las derechas a ofrecer miradas superfluas: en lugar de argumentar en contra de la justicia social, la sanidad pública o los derechos laborales, se ataca la coherencia del mensajero de manera superflua basándose en su ropa o accesorios, como si querer que todos tengan acceso a una vida digna fuera de hipócrita si dentro del consumo personal se desean objetos de lujo, que bajo este sistema, son formas de incersión y ascendencia social.
Al contrario de esta mirada clasista, sesgada, que opina que si una persona de bajos recursos no adquirir lujos (coartación falaz de la libertad individual que predican), desde la mirada de la justicia social se lucha por que todos puedan tener no solo las necesidades básicas cubiertas sino también puedan acceder a sus lujos. Cómo siempre, estas ideas de la derecha resentida soberbia y clasista, siempre demuestran lo mucho que odian la felicidad de los pobres, para sorpresa de nadie.

Aquí un resumen de las claves para no caer en falacias discursivas de un binarismo ridiculamente superfluo:
• Vivir dentro del capitalismo: Una persona que vive en una economía de mercado globalizada está obligada a consumir dentro de ese sistema. Comprar un artículo caro no invalida la propuesta de que los trabajadores cobren mejores salarios o que los ricos paguen más impuestos, puesto que son quienes más consumen (el planeta que es de todos, incluído otras especies animales, no solo el homo-sapiens la habita).
• El origen de la riqueza importa más que el gasto: El verdadero foco de la justicia social no es en qué se gasta el dinero, sino cómo se obtuvo. Si un político o ciudadano tiene dinero legítimo (por su trabajo, libros, sueldo público regulado, etc.) y paga los impuestos correspondientes que financian el Estado de bienestar, el uso de su dinero neto no contradice sus propuestas de equidad.
• Se trata de una figura discursiva ya estrudiada y tiene nombre: El argumento de que un político de izquierda, socialista o comunista con dinero no debería tener bienes de lujo (como un bolso Louis Vuitton) suele calificarse como una falacia ad hominem (dirigida contra el hombre y no con argumentos), ya que ataca la coherencia personal de la persona en lugar de refutar la validez de sus propuestas económicas o sociales.
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