Cinemateca Uruguaya proyectará “NAZA”, el documental sobre el genocidio palestino
El documental ha generado un revuelo internacional al exponer, de voz de los propios militares israelíes, la deliberada intención de llevar adelante un genocidio contra el pueblo palestino.

Cinemateca Uruguaya estrenará NAZA el jueves 22 de octubre, según el anuncio difundido en sus cuentas oficiales. El documental investiga los mecanismos militares y tecnológicos utilizados para atacar Gaza mediante testimonios de personas que participaron en esas operaciones. Los horarios, la sala y los precios todavía no quedaron corroborados.
La llegada a Uruguay coincide con una ofensiva de Benjamin Netanyahu contra los militares que hablaron para la película. El 11 de octubre, el primer ministro israelí pidió identificar a los participantes y abrir investigaciones penales por sus declaraciones.
Qué es NAZA
NAZA es un documental de 2026 dirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor, dos de los cuatro realizadores de No Other Land. Tiene una duración de 80 minutos, está producido por The Guardian y JW Films, de James Wilson, y cuenta con Jonathan Glazer como productor ejecutivo.
La película tuvo su estreno mundial el 10 de septiembre de 2026, en el Festival de Venecia, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado. Su producción es británica y los testimonios están registrados en hebreo e inglés.
El título proviene del acrónimo hebreo empleado en el ámbito militar para referirse a los “daños colaterales”. Dentro del documental, ese término identifica el número de civiles que los responsables de una operación estiman que podrían morir antes de autorizar un bombardeo.
Qué denuncia el documental
La película reúne testimonios anónimos de 24 soldados y agentes israelíes, principalmente vinculados a unidades de inteligencia. Describen tareas de vigilancia, identificación de objetivos, estimación de víctimas civiles y participación en decisiones que desembocaron en ataques sobre viviendas palestinas.
El planteamiento central de los realizadores es que la matanza de civiles debe analizarse a través de órdenes, protocolos y decisiones institucionales. Su investigación cuestiona la explicación de que esas muertes fueran exclusivamente consecuencias imprevistas de operaciones contra Hamás.
Entre los procedimientos denunciados aparecen el uso de inteligencia artificial para seleccionar posibles objetivos, el seguimiento de teléfonos y comunicaciones, y la localización de presuntos combatientes cuando regresaban a sus hogares. Los entrevistados sostienen que algunas operaciones se autorizaron aun sabiendo que había familias dentro.
También se recogen relatos sobre previsiones de decenas o cientos de víctimas civiles. Uno de los señalamientos más graves refiere a una autorización que habría aceptado el riesgo de matar a 500 civiles para atacar a un integrante de Hamás. El Ejército israelí rechaza esa acusación.
Cómo fue realizado
Abraham y Szor trabajaron durante tres años y filmaron entrevistas nocturnas en azoteas de Tel Aviv. Los participantes exigieron que se ocultaran sus identidades por temor a represalias. La película protege su reconocimiento mediante recursos visuales y sonoros.
El trabajo audiovisual se desarrolló junto con investigaciones publicadas por +972 Magazine, Local Call y The Guardian. Algunos hallazgos se difundieron antes del estreno porque los periodistas consideraron urgente hacerlos públicos.
Según la metodología defendida por el equipo, la investigación más amplia incluyó más de cien fuentes, entre ellas mandos conocedores de los sistemas militares y de la autorización de ataques. Los testimonios se contrastaron con documentos filtrados y con información sobre operaciones específicas.
Los directores afirman que verificaron las identidades de quienes aparecen y corroboraron los datos relevantes mediante fuentes independientes. Esa explicación corresponde a su propia descripción del proceso periodístico y no significa que toda la documentación utilizada esté disponible públicamente.
La puesta en escena y la responsabilidad individual
Las entrevistas muestran a personas que describen acciones devastadoras con vocabulario técnico y, en ocasiones, con aparente normalidad profesional. La película examina cómo la división de tareas puede permitir que cada participante se perciba como una pieza pequeña, aunque contribuya a una operación mortal.
Los realizadores explican que encontraron motivaciones diferentes para hablar: culpa, vergüenza, necesidad de contar lo ocurrido y también orgullo por conocimientos técnicos. Por eso, no presentan a todos los entrevistados como arrepentidos ni concentran el relato únicamente en sus emociones.
Las imágenes nocturnas de Tel Aviv introducen otra dimensión: la continuidad de la vida cotidiana en una ciudad desde la cual se gestionaban operaciones sobre Gaza. Esa elección cinematográfica permite observar la distancia entre quienes toman decisiones y quienes sufren sus consecuencias.
Netanyahu empezó una cacería contra los militares que hablaron
El 11 de octubre de 2026, Netanyahu reclamó identificar a quienes participaron en NAZA e investigarlos penalmente. Dirigió su petición a la fiscal general Gali Baharav-Miara, al jefe del Estado Mayor Eyal Zamir y al director del Shin Bet David Zini.
El primer ministro alegó posibles delitos relacionados con la divulgación de información secreta, vulneraciones de seguridad, difamación y perjuicios a los intereses diplomáticos y de seguridad de Israel. Además, calificó la película como falsa y perjudicial para la imagen del país.
No está acreditado que los 24 participantes ya hayan sido identificados, detenidos o procesados. Lo comprobado es la exigencia de Netanyahu de descubrir sus identidades y promover actuaciones penales. Presentar esa petición como una condena judicial ya ejecutada sería incorrecto.
El objeto de esa exigencia son las declaraciones y la participación en el documental. No debe confundirse con una investigación sobre la posible responsabilidad de los entrevistados en los ataques que describen.
Amenazas contra los directores y sus familias
Las presiones comenzaron después del estreno en Venecia. +972 Magazine denunció amenazas de retirar la ciudadanía a Abraham y Szor, promovidas por Netanyahu y el ministro de Cultura, Miki Zohar.
El medio también documentó protestas de activistas de extrema derecha ante viviendas de sus familiares, con consignas que reclamaban la pena de muerte para supuestos traidores. En Ashdod apareció un mural con los rostros de los realizadores, la palabra “traidores” y miras de armas.
Asimismo, +972 informó que activistas acudieron a su oficina compartida con Local Call, filmaron y hostigaron al personal. Según la publicación, el equipo debió abandonar temporalmente el lugar por seguridad. Estas acciones fueron denunciadas por el medio afectado y deben diferenciarse de las decisiones oficiales.
La negación del Ejército israelí
Las Fuerzas de Defensa de Israel difundieron una respuesta de 17 páginas que rechaza las principales acusaciones. Sostienen que las decisiones sobre objetivos y ataques corresponden a oficiales, y que sus normas prohíben atacar deliberadamente a civiles.
El Ejército niega que existieran autorizaciones automáticas para poner en riesgo cantidades predeterminadas de personas. También rechaza que se hubiera aprobado un ataque con una previsión de 500 muertos civiles.
Existe, por tanto, una contradicción entre los testimonios presentados por los realizadores y la versión institucional israelí. Resolverla requiere examinar las pruebas, los registros operativos y la cadena de mando. Las amenazas contra quienes hablaron no esclarecen los hechos denunciados.
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