EN SALTO LAS TRABAJADORAS SEXUALES ESTAN ACEPTANDO TIQUES DE ALIMENTACION A CAMBIO DE SUS SERVICIOS

El gremio de las prostitutas pierde afiliadas por la emigración

La sede de la Asociación de Meretrices Profesionales del Uruguay (Amepu) recibe diariamente consultas de sus afiliadas sobre los trámites que tienen que hacer para gestionar el pasaporte a fin de emigrar. Durante el último año, fueron numerosas las prostitutas uruguayas que se fueron a vivir a Estados Unidos, España e Italia. Algunas de ellas cambiaron de profesión y otras continúan ejerciendo en países donde encuentran una mayor demanda y los clientes tienen un mayor poder adquisitivo.

Desde la agremiación se asesora a sus pares y les comunican los trámites que deben cumplirse para obtener el pasaporte entre ellos obtener el certificado de buena conducta.

Actualmente, cualquier ciudadano sin antecedentes penales y que no esté requerido por la Justicia obtiene ese documento que debe gestionarse en la Dirección Nacional de Policía Técnica (San Martín y Guadalupe). Su director, Lucas de Armas explicó a LA REPUBLICA, que en la época del proceso militar, a las personas que ejercían la prostitución no se les entregaba el certificado de buena conducta, y sólo lo podían obtener si comprobaban que habían dejado de ejercer.

Posteriormente, las meretrices reclamaron la derogación de esta medida considerada discriminatoria, y obtuvieron este derecho como cualquier otro ciudadano.

Actualmente, las prostitutas se están yendo del país. Se estima que en Uruguay permanecen ejerciendo, en condiciones de legalidad, unas 3.000 trabajadoras sexuales en Montevideo y otras 1.000 en el Interior del país.

Entre las que emigraron incluso se encuentra Susana Ribeiro, ex presidenta, durante varios años de Amepu.

Esta mujer ya no ejerce la prostitución y ahora trabaja cuidando ancianos. Otro caso de las que emigraron es el de Marta Oviedo, quien la secundaba en la tesorería de la agremiación. Se fue del país hace cuatro meses y continúa ejerciendo la prostitución en tierras norteamericanas.

La actual presidencia de Amepu es ocupada por Magdalena Carrere, y corroboró la baja en el número de afiliadas debido a la emigración hacia Estados Unidos o Europa.

«¿Cuándo nos faltó la comida?»

Mabel Castillo, secretaria de la agremiación, señaló a LA REPUBLICA que la situación económica del país afecta al sector al punto que «antes de esta crisis nunca faltó la comida, cosa que hoy día sí ocurre».

Es que sumado a las altas tasas de desempleo y la falta de dinero circulante, las trabajadoras sexuales deben enfrentar la competencia de las prostitutas que no están afiliadas, las cuales carecen de los controles sanitarios correspondientes, y de las encubiertas casas de masajes. «Actualmente la situación está embromada para todas las trabajadoras, tanto para las jóvenes como para las mayores y las informales», explicó Castillo.

Sumada a la retracción de la demanda, las agremiadas enfrentan las ofertas de las seudocasas de masajes, donde en realidad se vende sexo a un menor precio.

Para un servicio sexual «común», en promedio se cobran $ 120, de los cuales la mitad van a parar a manos del dueño de estas casas de masaje.

Las trabajadoras agremiadas tienen una tarifa de $ 200, más el pago del hotel ($ 130) por una hora.

A pesar de que la Intendencia capitalina entabló el año pasado una guerra a las «casas de masajes», hoy día se están abriendo varias wiskerías donde las mujeres «alquilan» su cuerpo. Tan difícil es la situación de las prostitutas en nuestro país, que en el departamento de Salto, algunas de las trabajadoras sexuales aceptan como pago, la entrega de los bonos de alimentación que el Estado y algunas empresas otorgan a sus empleados como parte del salario.

Esta situación fue informada a fines de febrero por el diario Cambio de Salto, que realizó una investigación sobre los usos dados a los bonos alimenticios más allá de las vías previstas. En el departamento salteño, se canjeaban estos bonos entre el receptor (empleado) con otros comercios o personas que no estaban afiliadas al sistema. Es así que los aceptaban las estaciones de servicio, los pequeños comercios y hasta ciertas prostitutas. Según informaron periodistas locales, es usual ver por las principales arterias de la ciudad a numerosas prostitutas, muchas de ellas de 14 y 15 años, disputándose una menguada clientela. *

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