Estaba hablando en un acto público bajo un calor agobiante

Leve desfallecimiento de Castro crea conmoción

Oficialmente se informó que «el calor y el sol excesivo le produjeron (a Castro) una fatiga», sin proporcionarse otros detalles hasta el momento.

La población «está atenta, es un jefe de Estado y de su vida dependen muchas cosas», dijo a la AFP una joven cubana al enterarse de la sorpresiva situación por las imágenes de la televisión local. En La Habana reina la calma, pero entre la población se comenta el hecho de boca en boca.

«Entendemos perfectamente que fue consecuencia del calor y que no tiene nada que ver con una enfermedad incurable», dijo a la AFP un diplomático que solicitó el anonimato, al apuntar que siempre «el asunto de la salud del presidente cubano nos preocupa mucho».

La eventual desaparición física del presidente cubano alienta diversas teorías sobre cómo será Cuba tras la muerte de Castro, pero la dirigencia ha afirmado que no habrá una era pos-Castro y que la isla continuará siendo socialista.

En caso de su desaparición física, asumiría el mando del país su hermano Raúl Castro, de 70 años, ministro de las Fuerzas Armadas, considerado el segundo hombre fuerte en la dirigencia cubana.

Raúl Castro ha instado en las últimas semanas a Estados Unidos a negociar en vida del presidente Fidel Castro la solución al diferendo que enfrenta a ambos países.

«¿No será más fácil resolverlo con Fidel?», preguntó Raúl Castro hace unas semanas y agregó: «¿Qué pasará en la era pos Castro, quién viene, qué va a pasar? Haremos nuestra transición hacia un socialismo mejor».

Raúl Castro ha afirmado que en Cuba «no habrá cambios como reclaman los enemigos de la revolución, sino el tránsito para mejorar el socialismo».

El líder cubano sufrió el sábado un momentáneo quebranto de salud mientras pronunciaba un discurso bajo un sol agobiante. Comenzó a vacilar en sus palabras, su voz se tornó ronca y buscó aliento para continuar la alocución.

Al percibir el malestar de Castro, varios funcionarios, entre ellos el vicepresidente, Carlos Lage, y el secretario particular, Carlos Valenciaga, se apresuraron hacia la tribuna donde se encontraba el presidente de pie.

La multitud intentó avanzar hacia el estrado pero fue contenida por personal de seguridad que auxilió a Castro y lo llevó hacia atrás del escenario.

La conmoción inicial se superó cuando el mandatario cubano volvió a la tribuna unos diez minutos después, luciendo buen aspecto y asegurando: «Estoy bien. No se preocupen, no pude terminar el acto, pero lo termino hoy por la tarde a la hora de la retransmisión, allí hace menos calor».

Al aparecer Castro nuevamente, el locutor oficial Rafael Serrano manifestó: «Que no se hagan ilusiones los miserables, el padre de nuestra independencia, la voz más alta de Cuba nos volvió a llamar al combate. ¡Por él, por la patria, Viva Cuba libre, Viva Fidel!».

Desde hace cuatro años, la salud del máximo dirigente de la revolución cubana es un tema de constantes comentarios, que lo mismo hablan de su vitalidad que de supuestas enfermedades graves, como ocurrió en el verano de 1997 cuando estuvo ausente de actividades públicas durante varias semanas.

En ese año, desde Miami, la llamada capital del exilio anticastrista radical, se difundieron rumores sobre una supuesta grave enfermedad del líder cubano.

Pero esos rumores fueron atajados cuando, el 1º de setiembre de 1997, Castro reapareció en público. Entonces dijo: «Caiga quien caiga, muera quien muera» la revolución cubana no desaparecerá.

Desde hace años, Castro abandonó el hábito de fumar y el de tomar café, que cambió por el té, y si la edad no le permite la práctica del dinámico baloncesto, una de sus grandes pasiones, aún realiza actividad física, sobre todo natación.

Castro aceptó públicamente que no es «eterno» cuando cumplió 70 años. «De repente, uno descubre que casi todo quedó por detrás y que la vida tiene sus límites», señaló entonces.

Tirios y troyanos reconocen que el líder comunista es uno de los últimos grandes personajes de la escena mundial de este fin de siglo e imprescindible para dirigir la isla sin turbulencias sociales.*

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