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Milei ante la ONU: Defensa de la IA, insultos al organismo y críticas al multilateralismo

El presidente argentino usó su tercera intervención ante la Asamblea General para impugnar el funcionamiento del organismo, insistir con la soberanía sobre las islas del Atlántico Sur y anunciar que su país no aplicará regulación preventiva a la IA.

El presidente de Argentina, Javier Milei, convirtió su tercera intervención ante la 81ª Asamblea General de la ONU en una verborrágica diatriba pública del organismo que lo recibía. El discurso, de unos veinte minutos, combinó el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas con una crítica estructural al multilateralismo y un anuncio de política tecnológica: Argentina no regulará de forma preventiva la inteligencia artificial.

La alocución se ordenó, según el texto difundido tras la sesión, en tres bloques: lo que la ONU debió hacer y no hizo, lo que hizo sin que le correspondiera y qué posición adoptará el país frente a la IA. El orden no fue casual. Milei abrió con Malvinas y cerró con tecnología, dejando la crítica institucional en el medio.

Malvinas, el eje populista que atravesó todo el discurso

Milei definió la causa Malvinas como una “causa nacional” y acusó al organismo de “mirar para otro lado” frente al reclamo de soberanía sobre las islas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Lo dijo dos veces, al inicio y al cierre, como marco de todo lo demás.

El argumento jurídico central fue la resolución 31/49 de la Asamblea General, vigente desde hace cinco décadas, que insta a ambas partes a no introducir modificaciones unilaterales mientras la disputa permanezca abierta. Para el mandatario, ese mandato se incumple cada vez que Londres avanza con exploración de hidrocarburos en la zona.

El punto más concreto fue el proyecto petrolero Sea Lion, en la Cuenca Malvina Norte. Milei sostuvo que el Reino Unido opera allí bajo licencias que Argentina “rechaza como ilegales e ilegítimas” y enumeró tres medidas de su gestión: notas diplomáticas de protesta, sanciones a empresas involucradas y el envío al Congreso de una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.

También reiteró que el principio de autodeterminación no aplica al caso, porque la población isleña, según la posición argentina, fue implantada por la potencia ocupante en un territorio cuya soberanía sigue en disputa. Y convocó a Londres a reanudar negociaciones: “No nos vamos a sentar a esperar que la ONU actúe, vamos a tomar cartas en el asunto.”

Foto: ONU
Foto: ONU

El cuestionamiento al multilateralismo

La crítica al organismo fue frontal. Milei afirmó que la ONU “se convirtió en una organización inútil que solo sirve para alimentar una casta de parásitos, fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bien intencionados”.

Su diagnóstico tuvo tres partes. Primero, el fracaso en seguridad colectiva y derechos humanos, con el argumento de que la organización “apañó a regímenes totalitarios”. Segundo, la ausencia de consecuencias: “Quienes siguen las reglas no reciben recompensa alguna, mientras que quienes las rompen no enfrentan consecuencia alguna.” Tercero, lo que describió como un “leviatán burocrático” que pretende dictar cómo deben vivir las personas.

Ese último punto alcanzó a las agendas de género, ambiente, inmigración y regulación económica, presentadas como intromisiones en la soberanía de los Estados. Sobre la pandemia, calificó los confinamientos como un “experimento global de control social disfrazado de ciencia”, en línea con la decisión argentina de retirarse de la Organización Mundial de la Salud.

Alineamiento ciego con Israel y Estados Unidos

En política exterior, Milei reafirmó un alineamiento “inequívoco” con Occidente, Estados Unidos e Israel. Acusó a los miembros de votar sistemáticamente contra Israel mientras guardaban silencio ante el terrorismo islámico y ante “genocidios judeocristianos en África”.

Condenó los ataques iraníes contra Israel y anunció la designación de la Guardia Revolucionaria Iraní como organización terrorista, una decisión con efectos migratorios y financieros concretos para quien quede alcanzado por esa calificación.

Inteligencia artificial: “frontera”, no amenaza

El tramo tecnológico fue el más propositivo. Milei dijo que Argentina “no regulará de manera preventiva” la IA y que se ubicará “en la vanguardia de la libertad”. Citó la fábrica de alfileres de Adam Smith para sostener que la tecnología ampliará la productividad: “La IA será la fábrica de alfileres del siglo XXI.”

Las propuestas fueron dos: responsabilidad limitada para empresas que operen con agentes de IA e incentivos fiscales para el sector. Y una advertencia diplomática que resume su posición frente a los foros multilaterales: “No debemos confundir cooperación con subordinación.”

 

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