Los multimillonarios preparan un búnker en Argentina para salverse solos de una guerra mundial
Seis multimillonarios convirtieron 32.000 hectáreas en Mendoza en su plan B contra el apocalipsis. Pero este santuario andino es solo para invitados que puedan pagarlo.

A 75 kilómetros del pueblo más cercano, Pareditas, y a una hora por camino de ripio, Wamani ocupa un terreno cinco veces más grande que Manhattan. La propiedad, adquirida por el multimillonario argentino Martín Varsavsky junto a cinco coinversores, se extiende por 32.000 hectáreas de campo, precordillera y montaña en San Carlos, Mendoza, con el Cerro Wamani —que supera los 5.000 metros— como pico más alto.
El nombre no es casualidad. En la cosmovisión andina, Wamani designa al espíritu protector de la montaña, el guardián silencioso que habita las cumbres. La ironía de bautizar un refugio de multimillonarios con el nombre de una deidad ancestral de los pueblos originarios no ha pasado desapercibida.
Varsavsky, de 66 años, es la cara visible del proyecto. Fundador de Jazztel y Ya.com, entre otras empresas, ha construido una fortuna que Forbes estima en 700 millones de dólares. Hoy está metido también en el negocio de la fertilidad y la biotecnología. Pero su obsesión actual es geopolítica.
“Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial, las líneas de batalla ya están trazadas”, declaró al Financial Times. Según su diagnóstico, el conflicto enfrenta a Rusia, China, Corea del Norte e Irán contra “la mayor parte del resto” del mundo. Un escenario que, para Varsavsky, hace que “simplemente tenga sentido tener un refugio”.
Un escondite para pocos con mucho dinero
El proyecto, sin embargo, no es un búnker subterráneo tradicional. En los últimos dos años, en Wamani han surgido casas prefabricadas, domos geodésicos y una pista de aterrizaje. El plan incluye paneles solares para autonomía energética, acceso directo a agua de deshielo, cría de ganado y sistemas de inteligencia artificial operados de forma independiente de los servidores globales.
“Mi idea no es solo tener pequeños grupos encerrados en búnkeres”, afirmó Varsavsky al periódico británico Financial Times. Su visión es más amplia: según él, “toda Argentina y la región del Cono Sur” podrían sostener “sociedades complejas” después de una guerra nuclear, debido a su distancia de los objetivos de misiles y las nubes de radiación, y a la abundante producción de alimentos y energía.
Los otros cinco socios del proyecto conforman una lista de élite del ecosistema tecnológico y financiero global. Alec Oxenford, cofundador de OLX y DeRemate, es también, desde noviembre de 2024, el embajador argentino en Estados Unidos, designado por el gobierno de Javier Milei.
Que uno de los socios del refugio sea, al mismo tiempo, el representante oficial del país ante Washington, dibuja un mapa de superposición entre el poder político y el económico que difícilmente podría ser más explícito.
“Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial, las líneas de batalla ya están trazadas” – Martín Varsavsky
El resto de los inversores completa el arca: Mike Santos, que vendió Technisys por 1.100 millones de dólares; Matías Nissensohn, capitalista de riesgo (venture capitalist); David Kamenetzky, emprendedor germano-estadounidense; y Dan Lubetzky, fundador de las barritas Kind.
Millonarios paranoicos: búnkeres que ya son tendencia
Varsavsky no inventó la tendencia. Peter Thiel, cofundador de PayPal, compró tierras en Nueva Zelanda y ha intentado construir un complejo de 10 dormitorios allí. Mark Zuckerberg tiene un refugio bajo su rancho en Hawái. Y Reid Hoffman, fundador de LinkedIn, calculó que la mitad de los multimillonarios de Silicon Valley ya tenía algún tipo de “seguro contra el apocalipsis”.
Hoffman lo dijo en 2017 al New Yorker: más de la mitad de sus pares en Silicon Valley había adquirido un búnker para el fin del mundo. La diferencia es que Varsavsky lo hizo con vista a los Andes, y con un discurso que insiste en que el refugio es “para toda la Argentina”. Pero, con una población de más de 45 millones de personas, ¿Cómo meterían estos millonarios a “toda la Argentina” adentro? Parece difícil, si no imposible.
“Mi idea no es solo tener pequeños grupos encerrados en búnkeres”, repite Varsavsky ante cada micrófono. Es la versión corporativa de un argumento que busca desactivar la incomodidad: si de verdad creyera que cualquier rincón del país es igual de seguro, no habría pagado por 32.000 hectáreas específicas, con montaña, agua y ganado propio, junto a cinco socios elegidos a dedo.
El espaldarazo a Javier Milei
La compra de la propiedad en diciembre de 2023, semanas después de que Javier Milei asumiera la presidencia, no fue casualidad. Varsavsky es un declarado partidario de Milei y no disimula su admiración. Ha propuesto al presidente y al ministro de Economía, Luis Caputo, una “Visa de la tranquilidad” para atraer millonarios extranjeros: un permiso de residencia para quienes inviertan al menos 500.000 dólares en el país.
La propuesta, según declaró el empresario, ya fue presentada a figuras internacionales como Elon Musk. Y para cerrar el combo tecno-milenarista, instaló Starlink en el campo y mantiene comunicación directa con Musk, el hombre que planea colonizar Marte mientras otro planea colonizar Mendoza.
El Financial Times destacó que Wamani es cinco veces más grande que Manhattan y que su propuesta apunta a una supervivencia activa al aire libre, no a un encierro subterráneo. Varsavsky dijo al medio que él y Thiel no coordinaron sus movimientos, aunque alcanzaron una conclusión parecida: “Casualmente llegamos a la misma conclusión: que, de todos los lugares a los que podrías ir en caso de una Tercera Guerra Mundial, Argentina es el mejor”.
La elección de Argentina no es arbitraria
Un estudio de 2017 señaló que Mar del Plata sería el lugar más seguro del mundo si Corea del Norte lanzara un misil nuclear. El hemisferio sur ofrece ventajas comparativas: baja densidad poblacional en zonas cordilleranas, abundancia de recursos naturales y tierras aptas para la ganadería y la agricultura, y un aislamiento estratégico que aleja a la región del impacto directo de conflictos nucleares o colapsos sistémicos.
La historia personal de Varsavsky refuerza la narrativa: sus padres, judíos europeos, encontraron en Argentina un refugio durante la Segunda Guerra Mundial. “Mientras Europa ardía, Argentina fue un santuario. Hoy, podría volver a serlo”, declaró el empresario a medios internacionales.
Sin embargo, el proyecto no está exento de críticas porque, mientras el país enfrenta pobreza, inflación y exclusión, el anuncio de un refugio para millonarios extranjeros levanta preguntas incómodas sobre la desigualdad y el acceso a la supervivencia. “Es el mal de época: convertir la tragedia en oportunidad de inversión”, opinó un sociólogo del Conicet que habló en anonimato.
La propuesta de una “Visa de la tranquilidad” —traducción libre: convertir a Argentina en el Airbnb de lujo para gente que quiere sobrevivir cómoda a la extinción del resto— profundiza esa incomodidad.
Ellos se salvan solos
Lo que hace a Wamani particularmente punzante no es que los ricos se preparen para el apocalipsis. Es que lo hagan con relaciones públicas: vendiéndolo como un gesto filantrópico hacia “toda la nación”, cuando en los papeles figura exactamente lo que parece: una propiedad privada, con dueños privados, y un cerco de 32.000 hectáreas entre ellos y el resto de los mortales.
Si la Tercera Guerra Mundial estalla de verdad, la imagen final no va a ser una película de Hollywood con misiles cruzando el cielo. Va a ser mucho más argentina: seis multimillonarios con wifi satelital, criando ganado al pie de un cerro sagrado, brindando con Malbec de su propia bodega mientras el resto del planeta se pregunta cómo consiguieron departamento en el fin del mundo antes que nadie.
El fin del mundo, al final, también tiene lista de invitados. Y en Mendoza, ya está completa.
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