El trabajo registrado en Argentina cayó a su punto más bajo en décadas y se “uberiza” más su economía
Según análisis de Argendata-Fundar, el porcentaje de asalariados formales cayó al 45% en 2026, el nivel más bajo en veinte años, mientras el cuentapropismo alcanzó el 28%, su punto más alto en al menos 25 años.

El gobierno de Javier Milei ha logrado aprobar en el Parlamento casi todo lo que se propuso, siendo uno de sus buques insignia la llamada Ley de Modernización Laboral (Ley 27.802), que avasalló derechos laborales conquistados por décadas y dejó a los trabajadores en posición desfavorable respecto a los empresarios.
El discurso libertario giraba, por supuesto, en torno a que los derechos laborales son un estorbo para el desarrollo productivo, y que una compañía y un trabajador (en la imaginación de Milei, claro), negocien de igual a igual un contrato laboral. Nada de esto pasó, no hubo un aluvión de blanqueamientos de trabajadores “en negro” (informales) ni se crearon puestos laborales.
Es más: durante la era Milei, se han perdido entre 300.000 y 314.000 puestos de trabajo registrados (considerando sector privado, público y empleos independientes), pero solo el sector privado vio desaparecer más de 200.000.
Lo que Milei no cuenta: la “uberización” acelerada del trabajo
Entre 2012 y 2015, los asalariados formales representaban alrededor del 52% del empleo total. Para 2026, esa proporción se redujo al 45%. En paralelo, el empleo no asalariado ganó terreno de manera constante. Esta tendencia refleja la dificultad de la economía argentina para generar puestos de calidad en sectores tradicionales.
Los asalariados informales se mantuvieron relativamente estables, pero el gran impulso vino del cuentapropismo. Este segmento presenta niveles de informalidad superiores: mientras el 37% de los asalariados opera en la informalidad, entre los no asalariados la cifra se acerca al 60%. Muchos de estos trabajadores ni siquiera emiten facturas ni se encuentran registrados como monotributistas.
Un cambio sectorial que va más allá de las plataformas
Es cierto que sectores como transporte y hoteles y restaurantes ganaron participación, lo que podría vincularse parcialmente con el crecimiento de las aplicaciones de delivery. Sin embargo, el empleo en estas plataformas es mayoritariamente masculino y suele funcionar como complemento de ingresos más que como ocupación principal. Un relevamiento del BID de 2024 señaló que el 65% de los trabajadores en plataformas argentinas dedica menos de tres horas diarias a esa actividad.
El verdadero motor del cambio se encuentra en otras actividades. La industria perdió peso relativo, mientras que el comercio y los servicios personales avanzaron. Este reacomodamiento responde a la necesidad de las familias de generar ingresos adicionales en un contexto de ingresos estancados.
La revolución silenciosa del cuentapropismo femenino
En 2012, las mujeres representaban solo el 34% del empleo no asalariado. Para 2026, esa participación subió al 42% y continúa en ascenso. Esta feminización es mucho más marcada en el cuentapropismo que en el empleo asalariado, tanto formal como informal.
Esta evolución coincide con la fuerte caída de la tasa de fecundidad registrada desde 2014. Menos hijos por mujer liberó tiempo antes destinado al cuidado, permitiendo una mayor inserción laboral. Al mismo tiempo, el deterioro de los ingresos familiares impulsó a muchas mujeres a buscar formas de generar recursos propios.
Qué actividades concentran a las mujeres cuentapropistas
Los datos desagregados muestran patrones claros. Casi el 40% se concentra en comercio, principalmente de alimentos y ropa. Muchas operan como feriantes, venden desde sus hogares o a través de redes sociales.
Un 14% adicional se dedica a servicios comunitarios y personales, donde destacan la peluquería y los tratamientos de belleza. El boom de salones de uñas y centros de estética en los últimos años es una manifestación visible de esta tendencia.
Otro 13% corresponde a industria manufacturera, pero no en fábricas tradicionales sino en producciones artesanales realizadas en casa: elaboración de alimentos, confección de ropa y artesanías. La línea entre fabricación y comercio es difusa, ya que muchas producen y venden directamente.
Los servicios profesionales y empresariales representan otro 13%, con mujeres freelance que ofrecen consultoría, marketing, servicios contables o legales. El resto se distribuye entre hoteles y restaurantes, salud y otras actividades.
Por qué no se genera suficiente empleo formal
La economía argentina acumula más de diez años de estancamiento. Incluso en periodos de crecimiento, el empleo formal no avanza porque la expansión se concentra en sectores con baja intensidad de mano de obra, como el agro, el petróleo, la minería y las finanzas.
Ante esta realidad, muchas mujeres “fabrican” su propio empleo. Esta estrategia permite conciliar responsabilidades familiares con la necesidad de ingresos, aunque a costa de menor protección social y estabilidad.
Impactos en el futuro del trabajo en Argentina
El crecimiento del cuentapropismo femenino no es solo un dato estadístico. Representa un cambio cultural y económico profundo que obliga a repensar las políticas públicas. Mejorar el acceso a financiamiento, simplificar la formalización y fortalecer capacidades digitales pueden ayudar a elevar la calidad de estos emprendimientos.
Mientras el foco mediático permanece en las aplicaciones de delivery, la realidad del mercado laboral muestra un proceso más amplio y feminizado que ocurre en hogares, ferias y pequeños comercios. Entender esta dinámica es clave para diseñar respuestas efectivas ante los desafíos estructurales del empleo en el país.
Compartí tu opinión con toda la comunidad