El futuro de América Latina

Será un gran desafío para los gobiernos progresistas implementar políticas que puedan pasar la página del neoliberalismo.

Imagen de dron de un mitin de campaña del candidato presidencial izquierdista colombiano, Gustavo Petro. Foto: Twitter / Gustavo Petro
Imagen de dron de un mitin de campaña del candidato presidencial izquierdista colombiano, Gustavo Petro. Foto: Twitter / Gustavo Petro

América Latina ingresó al siglo XXI dominada por gobiernos neoliberales. Era la región del mundo con los gobiernos más neoliberales y los más radicales. El neoliberalismo llegó a América Latina a través de los Chicago Boys durante la dictadura de Pinochet.

Por ello, fue la región del mundo donde surgieron las mayores manifestaciones de resistencia popular a los efectos de las políticas neoliberales. Desde el caracazo en Venezuela, en 1989, hasta las manifestaciones en Argentina, a principios de este siglo, hasta expresarse en gobiernos antineoliberales.

El continente vivió así la impresionante secuencia de elecciones de gobiernos antineoliberales: Hugo Chávez en 1998, Lula en 2002, Néstor Kirchner en 2003, Tabaré Vázquez en 2004, Evo Morales en 2005, Rafael Correa en 2006. Gobiernos que favorecieron políticas sociales, en lugar de los ajustes fiscales; los procesos de integración regional, en lugar de los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos; y el rescate del papel activo del Estado, en lugar de la centralidad del mercado.

La primera década del siglo XXI estuvo marcada por estos gobiernos, que lograron reducir significativamente las desigualdades, el desempleo y la pobreza en esos seis países. Y se proyectaron los principales líderes políticos de izquierda en el mundo.

En la segunda década hubo crisis de algunos de estos gobiernos, retorno efímero de gobiernos conservadores –algunos vía golpes de Estado–, hasta que los gobiernos antineoliberales se extendieron a México, Honduras, Chile, Perú. Y el continente llega a la tercera década del siglo con la posibilidad de que Colombia y Brasil se sumen a este grupo de gobiernos, constituyendo el mayor bloque de gobiernos progresistas que haya conocido el continente. Lo que, a la vez, representa la situación de mayor aislamiento de Estados Unidos en América Latina.

A partir de la tercera década del siglo, ¿qué futuro podemos imaginar para América Latina?

La primera pregunta es saber, ¿hasta qué punto los gobiernos progresistas podrán superar el neoliberalismo e instalar un nuevo modelo económico? ¿Hasta qué punto podrán pasar de ser antineoliberales a posneoliberales?

Es un obstáculo muy grande, porque el neoliberalismo sigue predominando en el capitalismo a escala mundial. Además, incluso en los países latinoamericanos, el peso del capital financiero sigue siendo muy grande, bloqueando la posibilidad de retomar un nuevo ciclo de crecimiento económico, condición para la generación de empleo y las políticas de distribución del ingreso.

Será un gran desafío para los gobiernos progresistas implementar políticas que puedan pasar la página del neoliberalismo. Esto solo es posible a través de tres factores: el primero es la integración de los gobiernos latinoamericanos y la construcción de políticas económicas coordinadas.

El segundo es la necesidad de superar el aislamiento de América Latina, lo que se puede hacer a través de los BRICS, un espacio que reúne a gobiernos favorables a un mundo multipolar, con países emergentes.

El tercero es la necesidad de construir otro tipo de Estado que pueda democratizar radicalmente nuestras sociedades.

El futuro de América Latina depende de estos factores, pero depende especialmente del futuro de algunos países clave del continente, como Brasil, Argentina, México, Colombia y Bolivia, cuyo peso en el continente es decisivo.

Que en Argentina, aprovechando la crisis de gobierno, la derecha no pueda ganar las próximas elecciones presidenciales. Que el peronismo logre, una vez más, reencontrarse, tener una candidatura consensuada y dar continuidad a la reconstrucción del país.

Que López Obrador, a pesar del sabotaje de las grandes empresas, logre que la economía mexicana vuelva a crecer, para apoyar las políticas sociales del gobierno.

Que Petro triunfe en Colombia y logre pacificar el país, luego de décadas de violencia e inestabilidad.

Que Lula vuelva a ser elegido presidente en Brasil y logre recuperar al país de la peor crisis de su historia, vuelva a ser el gran líder que necesita Brasil, con una destacada actuación internacional, que vuelva a proyectar a América Latina como el epicentro de la democracia.

El futuro de América Latina está abierto. Ya cuenta con varios gobiernos progresistas y un apoyo popular antineoliberal muy fuerte. Pero la supervivencia del neoliberalismo en el continente y en el mundo, y la existencia de una derecha y una ultraderecha que llegaron para quedarse, presentan desafíos que los gobiernos y líderes políticos latinoamericanos tienen que enfrentar.

El destino de América Latina en los próximos años definirá el destino del continente en toda la primera mitad del siglo y, de alguna manera, pesará en el destino del neoliberalismo y del posneoliberalismo en el mundo.

 

Emir Sader
Emir Sader

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