Orgullosa de ser obrera

Eso era Jorgelina Martínez, la «Negra», que lo ejercía como compañera de lucha dónde y cuándo se necesitara. La conocí en 1960 cuando la huelga del COT (setiembre a octubre). Nuestro Sindicato de Fábrica se organizó en 1959.

«Hija» política de un gremio, de una industria en la que la mayoría eran mujeres, pero que muy pocas lograron trascender la condición de afiliadas y acaso militantes, pero que no llegaron a ser, tampoco, de cuadros dirigentes. La «Negra» transitó por todos ellos sin nada «regalado», conquistando a pulmón los lugares por donde anduvo, militando con una fuerte personalidad, con entereza, renunciando a la comodidad, dando de sí todo lo que podía dar.

Dureza contra los enemigos de la clase trabajadora, firmeza, elasticidad, paciencia y una enorme solidaridad frente a sus hermanos(as) de clase, cuando de ascenso de conciencia de los trabajadores se trataba. Y no fue referente de clase sólo para las mujeres trabajadoras sino que también, muchos compañeros, aprendieron de ella.

Siempre mostró firmeza de convicciones de qué mundo quería. El compañero Huguet nos informaba desde su columna sobre una situación grave que iba a suceder en Hungría (1956) y yo recuerdo cuando en 1968 la URSS invadió Checoslovaquia, ella fue una de la mayoría de los(as) dirigentes de COT que condenamos tal invasión. Tenía claro que la vía del ascenso de los pueblos no era la bota militar, tuviera el color que tuviera, sino que el camino era y seguiría siendo, la organización de los trabajadores y del pueblo en general construyendo poder social.

Coherente con ello, quiso y supo militar en el Movimiento Sindical y en el Frente Amplio, como dos organizaciones de distinta especie, pero que podían discutir, acordar y accionar con voluntad política frente a las necesidades del pueblo y, dentro de él, a los trabajadores (as). Paralelamente tuvo firmeza en la defensa de la autonomía e independencia de clase, frente al FA como a cualquier otro partido político o cualquier otra organización que no fuera la propia de los trabajadores.

Recuerdo que por 1980 la fuimos a ver con otro compañero a su quiosco, para conversar un rato y antes de irnos nos dijo: «Estoy buscando a alguien que me tire una piola para seguir aportando más». No la amilanaba que aún hubiera plena dictadura. No fue casualidad que la «Negra» fuera una de las cinco personas que asesoró al PIT cuando éste se fundó a principios de 1983.

Jubilada desde hacía unos cuantos años, el corolario de esa vida plena de lucha, fue aceptar la responsabilidad de integrar el Tribunal de Conducta Política del FA, ello sólo es posible si se tiene determinadas y profundas condiciones morales y éticas y una muy buena dosis de objetividad.

¿Cuántas personas han existido en nuestro país que, desde su juventud hasta su muerte en muy avanzada edad (83 años), han transitado en forma permanente por la lucha obrera y partidaria? No muchas. Una de ellas fue Jorgelina Martínez.

Nuestro mejor homenaje será aplaudir su vida y seguir luchando por un mundo mejor.

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