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Montevideo, cuando comenzó la demolición de las murallas

¿Montevideo dejará de ser una plaza fuerte?

Un decreto firmado por el presidente Fructuoso Rivera ordena la demolición de las murallas que encierran la coqueta ciudad de San Felipe de Montevideo, capital del novísimo Estado Oriental del Uruguay.

La medida ha generado una inusual polémica en la que se mezclan argumentos de carácter estratégico militar con otros más bien urbanísticos. Las más modernas tendencias en el arte bélico sugieren la inconveniencia de que las ciudades estén amuralladas, y es esta corriente la que parece haber triunfado. «Ya no vivimos en la Edad Media», comentaba un coronel. «Se terminó la época de los castillos y de las ciudades fortificadas, pues las técnicas de la guerra moderna han hecho que las murallas sean obsoletas.»

La opinión pública está dividida pues hay muchos que entienden que con estos viejos murallones desaparecerá toda una tradición, y que Montevideo no puede transformarse de la noche a la mañana en una ciudad sin memoria. «No se puede construir el futuro barriendo y olvidando el pasado», comentó un urbanista llegado de Europa.

Contra esta postura se levantan las voces modernizadoras con el argumento de que es preferible mil veces usar los adoquines para pavimentar las calles –que se vuelven intransitables por las lluvias– antes que mantener fortificaciones inútiles. «El progreso es enemigo de las tradiciones», comentó, nostálgico, un vecino a nuestro corresponsal. «Esgrimiendo su piqueta fatal, borra de un plumazo mil recuerdos queridos», reflexionó con amargura.

La fortaleza o Ciudadela será remplazada por una plaza trazada según las más modernas tendencias urbanísticas, que unirá el casco antiguo con la ciudad nueva que ya se desarrolla sobre ambas aceras del Camino Real. *

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