Uruguay puntúa bien en el Índice de Prosperidad de América Latina y el Caribe 2026
Uruguay está en buena posición en el IMD Latin America and Caribbean Prosperity Rating 2026, elaborado por el World Competitiveness Center del International Institute for Management Development (IMD), con sede en Lausana, Suiza.

El International Institute for Management Development (IMD), con sede en Lausana, Suiza, publicó su Latin America and Caribbean Prosperity Rating 2026, el estudio más exhaustivo disponible sobre prosperidad multidimensional en la región.
Uruguay obtuvo la categoría A2, el segundo nivel más alto de una escala que va de A1 a D2, colocándose entre los tres países más prósperos de América Latina y el Caribe entre 34 economías evaluadas. En la misma posición también están Bahamas, Panamá y Puerto Rico.
Solo dos países superaron esa marca: Chile y Costa Rica, los únicos en alcanzar la categoría A1.
Qué mide el índice y por qué importa
El estudio no se basa en el PIB ni en un indicador único. Evalúa 78 variables distribuidas en cuatro pilares: desafíos económicos, gobernanza e instituciones, dinámica empresarial y empoderamiento social.
Este enfoque permite identificar qué funciona y qué traba el desarrollo en cada país, con una precisión que los rankings tradicionales no ofrecen.
El resultado es una radiografía de la prosperidad real, no de la riqueza bruta. Brasil y Argentina, por ejemplo, tienen perfiles de ingreso comparables al de Uruguay pero no figuran entre los niveles superiores. Están clasificados en B1.
Por qué Chile y Costa Rica lideran solos
Chile y Costa Rica son los únicos dos países de la región en alcanzar el nivel A1. Sus fortalezas son reales, pero tienen perfiles distintos.
Chile sobresale en eficiencia económica y desarrollo de mercados. El informe destaca su ecosistema empresarial con indicadores positivos en creación de empresas y acceso a servicios financieros.
Sin embargo, el propio IMD señala una zona de mejora: en desempeño económico estricto, el país cae a la categoría B1, lo que refleja la necesidad de fortalecer la inversión, la productividad y el crecimiento sostenido.
Costa Rica construyó su liderazgo sobre bases distintas. El informe la señala como el país que lidera la productividad en toda la región, y la describe como una economía que combina instituciones democráticas sólidas, inversión sostenida en educación y salud, liderazgo ambiental y un entorno atractivo para la inversión extranjera. Su equilibrio entre bienestar social, sostenibilidad y estabilidad política es el más alto de América Latina.
Ambos países comparten una característica que el informe subraya como decisiva: la credibilidad institucional. Y es precisamente en ese terreno donde Uruguay también se destaca.
Uruguay: Estado de derecho como ventaja competitiva
El informe del IMD identifica a Uruguay y Costa Rica como los dos países de la región que obtienen los puntajes más altos en el indicador del estado de derecho, diferenciándose claramente de los países de peor desempeño como Haití y Venezuela.
Esa fortaleza institucional no es un dato abstracto. Según el estudio, es uno de los factores que más separa a los países prósperos de los rezagados, y es la base sobre la cual se construyen las condiciones para la inversión, la innovación y el desarrollo social.
Uruguay también figura entre los tres países de mayor desarrollo humano de toda la región, junto a Puerto Rico y Chile. El informe señala que estos países «demuestran que una mayor prosperidad es alcanzable dentro de los condicionantes de la región», aunque aclara que son la excepción: la mayoría de los países han avanzado en algunos frentes mientras se estancan en otros.
El gran desafío que frena a la región
El IMD identifica la dinámica empresarial como el principal cuello de botella para América Latina. Las debilidades en productividad, acceso al financiamiento, creación de empresas y capacidad de innovación limitan la movilidad ascendente incluso en países con instituciones sólidas.
El economista principal del informe, José Caballero, planteó una advertencia directa: «Si China termina desplazando cadenas productivas hacia América Latina para mitigar los efectos de los aranceles estadounidenses, las oportunidades manufactureras serán reales y sustanciales. Pero sin las condiciones adecuadas, la región corre el riesgo de perderse el momento por completo.»
Para Uruguay, ese diagnóstico tiene implicancias concretas. El país tiene las instituciones. Tiene el desarrollo humano. Tiene los ingresos. Lo que el índice no evalúa explícitamente para Uruguay, pero que el contexto regional sugiere, es si la dinámica empresarial local está a la altura de la plataforma institucional que ya tiene construida.
La región, fragmentada
El IMD describe una paradoja que define a América Latina hoy: las ganancias en instituciones, educación y capacidad económica no se están traduciendo en una mejor calidad de vida para todos. Un país puede fortalecer sus instituciones mientras su sector productivo permanece estancado. Otro puede crecer económicamente sin que eso se traduzca en inclusión social.
Uruguay, Chile y Costa Rica son señalados como los países que logran articular esas dimensiones de forma más coherente. En un continente donde la prosperidad se distribuye en fragmentos, los tres forman un grupo propio.
En las categorías más bajas, según el índice, Bolivia, Guatemala y Nicaragua -en la categoría D1-, y Haití, Honduras y Venezuela -en la categoría D2-, que cierran la parte menos halagüeña del índice.
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