Tenía 85 años. Fue una de las personalidades más destacadas de la orquesta de Dizzy Gillespie

Un último adiós para el popularísimo saxofonista y flautista James Moody

James Moody cosechó admiración y fieles seguidores en todo el mundo. Su último concierto fue el 28 de enero en San Diego, California, ciudad donde estaba radicado hace veinte años. Allí demostró una vez más sus talentos como flautista y saxofonista y fue aclamado por su virtuosismo y el inagotable swing de sus ejecuciones.

Moody nació el 26 de marzo de 1925 en Savannah, Georgia. Su padre era trompetista pero el niño prefirió el saxo, influido por Coleman Hawkins, Chu Berry, Ben Webster y Jimmy Dorsey. La musicalidad y el sonido de este último lo hicieron inclinarse por el saxo alto.

Entre 1943 y 1946 tuvo que cumplir con el servicio militar. Aprendió a leer música y escuchó al gran Lester Young, por lo que también estudió el saxo tenor. Una noche pasó por la base militar la orquesta de Dizzy Gillespie. El trompetista, después de escuchar a Moody, le recomendó que fuera a New York y se incorporara a su banda.

Moody grabó sus primeros registros con el genio del «bebop»: «Dizzy goes to College» (octubre de 1947) y «A concert in Pasadena» (julio de 1948) son tempranas muestras de su singular destreza. Estando en una gira por Europa, en 1949, grabó con un combo sueco «Moody’s mood for love», basado en una ingeniosa reinterpretación de la balada «I’m in the mood for love», compuesta tres lustros antes.

El disco se convirtió en un éxito fenomenal y Moody ganó enorme popularidad. El cantante Eddie Jefferson le puso letra y posteriormente fue cantado por figuras como Aretha Franklin, Amy Winehouse, Rod Stewart, Queen Latifah y Van Morrison.

En los años cincuenta el «rhythm and blues» atrajo su atención por un tiempo. Pero después de escuchar a Yusef Lateef, Herbie Mann y Frank Wess, decidió estudiar la flauta. En 1963 volvió a la banda de Dizzy Gillespie y con ella se mantuvo por ocho años, grabando espléndidos discos como «Something old, something new» (sello Mercury, 1963), «The melody lingers on» (Limelight, 1966) y The real thing» (Perception, 1970).

En la década del setenta pasó siete años como músico de entretenimiento en Las Vegas, participando en shows con Liberace, Elvis Presley, Bill Cosby y otros famosos de la farándula. Aburrido de tocar todas las noches «Danubio azul» y melodías románticas, volvió al jazz neoyorquino. Cuando Gillespie fundó su United Nation Orchestra, nuevamente el interminable y querido James ocupó el puesto de saxos alto, tenor y flauta, junto a Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval, Steve Turre, Danilo Pérez, Airto Moreira y otras luminarias de esa agrupación.

En 1985 fue nominado para el Grammy como mejor solista de jazz instrumental en un disco del cuarteto vocal Manhattan Transfer. Cinco años después se repitió la nominación, esta vez por su actuación en un disco de la orquesta de Gillespie. En 2007 recibió el premio Kennedy Center Living Jazz Legend y el año pasado otra nominación al Grammy como mejor álbum de jazz instrumental. En enero de 1996 estuvo en Punta del Este en el primer festival de Lapataia.

De su abundante discografía como líder pueden destacarse álbumes como «Hi-Fi party» (de 1955, con Dave Burns y Pee Wee Moore), «Everything you’ve always wanted to know about sax» (1960, con Howard McGhee y Hank Jones), «Never again» (1972, con Mickey Tucker) y «Moving forward» (1987, con Kenny Barron y Todd Coolman).

«James Moody personificó lo mejor que el jazz tenía para ofrecer», sentenció el empresario George Wein. «El amaba tocar sus instrumentos y lo hacía con enorme expresividad hacia el público. Cada minuto en el escenario con James era puro placer. El tenía ese don de hacer con su música inmensamente feliz a la audiencia».

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