El teatro es acción
Ella está vinculada al teatro como actriz desde 1978; pero en los últimos tiempos, ha reinventado su carrera artística y ha emprendido, con un dinamismo y una energía que le son características, las múltiples tareas de la dirección.
Patricia Yosi nació como Ofelia Hernández Yosi, el 28 de junio de 1951, la menor de dos mujeres en una familia de cinco hermanos. Sus padres, Germán Hernández Rela y Ofelia Yosi la apodaron «Patricia» para diferenciarla en el trato familiar de la madre, que tenía el mismo nombre de pila. Se crió y educó en un ambiente vinculado al arte, puesto que una de sus tías, Aurelia Yosi era concertista, otra de sus tías Marina Yosi, era violinista y su marido bandoneonista: tenían una orquesta que tocaba como acompañamiento de los filmes del cine mudo. Patricia se interesó por la fotografía, pero el más intenso de sus primeros intereses artísticos fue la música y en particular el estudio del piano, estudios que por razones económicas no hubo de emprender. De los músicos le interesó especialmente Beethoven, con quien misteriosamente debía reencontrarse, años mediante y a través de otro arte, en este «Concierto de Aniversario-Cuarteto», que trata de la ejecución de un cuarteto de Beethoven.
Su dedicación al teatro comienza en 1974, cuando aprueba el concurso de la Escuela Municipal de Arte Dramático. Cursa allí estudios por dos años y simultáneamente ingresa por concurso al Teatro Circular, en 1975. Cuando a fines de 1975 da el último examen, que aprueba, se integra al Teatro Circular donde fue alumna de maestros como Omar Grasso, Walter Reyno, Dervy Vilas, Mary Minetti, Nelly Goitiño, Jorge Curi y Mercedes Rein. Culmina sus estudios con la representación de «El jardín de los cerezos» de Chejov, donde interpreta a Varia, bajo la dirección de Dervy Vilas; en un intercambio de escuelas, el grupo de Patricia representó la pieza en el Teatro San Martín de Buenos Aires. A partir de 1978 integra hasta hoy el elenco estable del Teatro Circular, actuando entre otras obras en «La farsa del palito» de Juan Graña, «Hermanos queridos» de Carlos Gorostiza, «El herrero y la muerte» de Jorge Curi y Mercedes Rein, «Con qué derecho» de Juan Graña, «Esperando la carroza» de Jacobo Langsner en la segunda versión del Teatro Circular, Juan Moreira de Sergio De Cecco, Carlos Pais y Peñarol Méndez, «La valija» de Julio Mauricio, «La casa de Bernarda Alba» de García Lorca, «Â¡Qué problema!» de Juan Graña, «Las tres hermanas» de Chejov, dirección de Ernesto Clavijo, «Interiores» de Woody Allen y «Hombre de la esquina Rosada» sobre el cuento de Borges, «Cuando me afeito» de Carlos Pais, del que ha interpretado hasta hace poco «Che Madam». Actuó también en espectáculos ajenos al Circular, como en «El protagonista» de Luis Agustoni, «Pasado amor» de Horacio Quiroga, adaptación de Elbio Rodríguez Barilari y dirección de Carlos Aguilera y «Crónica de la espera» de Carlos Manuel Varela, en el Teatro del Notariado. Ahora ha acometido la empresa, mucho más compleja y difícil, de poner en escena «Concierto de Aniversario» de Eduardo Rovner.
Paralelamente a su actividad artística Patricia, que cumplió tareas para el Instituto Nacional del Menor en su especialidad de informática es hoy Directora del Departamento de Información y Relaciones Públicas de la Dirección Nacional de Aduanas.
Patricia es alta, de hermosas y delicadas facciones que contrastan con una mirada aguda y enérgica. Está casada desde hace veinticinco años con el actor Walter Reyno, quien interpretará uno de los papeles de «Concierto de Aniversario – Cuarteto». Tienen un hijo, Leonardo, de 24 años.
Una tarde, en un intervalo de sus múltiples ocupaciones y responsabilidades, tuvimos con Patricia este diálogo.
¿Cómo aparece tu interés en la dirección de teatro?
Comenzó con la lectura de «Monogamia» de Marco Antonio de la Parra. Leí el texto y lo vi en la imaginación; reflexioné sobre cómo se podría hacer, sobre el tono adecuado, la ambientación, los detalles y me dije: «Si lo vi tan claramente, esto debería hacerse así». A continuación me dije «¿Por qué no?» La obra está pensada como un entretenimiento; me hizo sonreír y reír, y eso me movió a dirigirlo.
¿Qué obras son para ti lo mejor del teatro?
Me interesa mucho Chejov, como actriz, aunque es un autor muy difícil. García Lorca, Bertolt Brecht, entre los contemporáneos, Thomas Bernhard, por «Almuerzo en casa de Ludwig W» y «La fuerza de la costumbre» y Marius von Mayenburg, un joven autor alemán autor de «Cara de fuego» y «Parásitos».
¿Qué acontecimientos tuvieron importancia especial en tu vida?
El más grande, el que tuvo más impacto, fue el nacimiento de mi hijo Leonardo. Esto en positivo; en negativo, tuvo importancia en mi vida la dictadura. Viví la dictadura muy fuertemente, me tomó en plena adolescencia, cuando estaba cursando el Liceo; a veces quedaba encerrada en el IAVA (Instituto Alfredo Vázquez Acevedo) y recibía gases lacrimógenos lanzados por la Policía. De mi adolescencia a mi madurez, mi vida se desarrolló durante la dictadura. Para hablar de hoy el peor de los acontecimientos es la guerra de Estados Unidos contra Irak; es algo que pone muchas cosas en tela de juicio, algo que resulta hasta difícil de creer. Si uno piensa que se utilizan tan mal recursos económicos, humanos y técnicos que podrían emplearse para la vida, se siente aterrada porque los hombres sigamos sin poder querernos, aun sin poder convivir.
¿Cómo fue tu encuentro con esta obra de Eduardo Rovner?
Me interesé apasionadamente en «Cuarteto», que era el título original de la pieza tal como se la conoce hoy, título inclusive anterior al «Cuarteto» de Heiner Müller, la misma noche en que lo leí. Leo de noche, sin interrupciones; no pude dejar la lectura. Apagué la luz, pero no podía dormir, las imágenes de la obra se me aparecían por todos lados. Al día siguiente al despertar, leí el texto de nuevo y supe que yo habría de trasmitir las palabras y el arte de Rovner contenidos en esta pieza, aquí, en el Uruguay, en Montevideo. Rovner la había estrenado con gran éxito en Buenos Aires, en los espectáculos de «Teatro Abierto», como «Concierto de aniversario» (1983); sus mismos colegas de dramaturgia le sugirieron reeditarla más tarde, y Rovner escribió las escenas iniciales y modificó la obra. En cuanto a mi labor con la obra, a medida de que lo iba trabajando me iban surgiendo ideas, el texto fue un disparador de ideas, sentimientos, vivencias; me llegó a obsesionar, y cada vez que pensaba en «Concierto de aniversario» se me ocurrían nuevas cosas. Leí, para entenderlo mejor, todas las obras de Eduardo Rovner. Creo que «Concierto de aniversario» es un texto muy sugerente y fermental y además muy diferente de los demás textos del autor, junto con «Una foto», que es de su misma estirpe. «Concierto de aniversario» tiene una estructura y un poder de sugestión y de reflexión muy particulares, que no tienen relación visible con, por ejemplo, «Volvió una noche», que tiene sus grandes méritos pero en otro ámbito.
¿Qué te interesó más en «Concierto de Aniversario»?
Lo que me pareció más brillante en este texto de Rovner es la disección de la intolerancia, que es llevada hasta el fin. El fanatismo, aun por lo que aparentemente es el arte, tiene la capacidad contaminante de transformar grandes verdades en grandes mentiras. En aras de cosas tan bellas como la alegría, la paz, el arte y la música, los personajes se despegan poco a poco de la realidad hasta sacrificar lo mejor, has
ta ser capaces del crimen. «Concierto de aniversario» hace ver que el arte desempeña una función de contacto, de relación humana particularmente valiosa y esencial. Necesariamente el arte tiene un sentido social, un destinatario.
¿Cómo imaginas el destinatario ideal de «Cuarteto»; para quién está hecho, a quién querés llegar?
A todos los seres humanos sin distinción, para incitarlos a reflexionar sobre lo que estamos viviendo, sobre esta intolerancia que tenemos a nuestro lado, la de todos los días, la de lo cotidiano, la agresividad en la familia uruguaya, las mujeres golpeadas, los acosos sexuales; y también la demostración de agresividad que vemos a escala mundial. El centro de la obra es no comprender al otro, prestar oídos sordos al otro, dominados los personajes por ideas de realización personal y de poder.
¿Un mensaje para los lectores de LA REPUBLICA?
En relación al tema último de «Concierto de aniversario», que es la intolerancia: hagamos algo para que esto no siga. *
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