Rector Rafael Guarga: "Lo primero es hacer posible la utopía construíble"
Por qué postularse a rector nuevamente en un momento sumamente crítico para la Universidad y sin contar con el apoyo estudiantil?
–Mis planes en el año 98 eran volver al laboratorio de mecánica y fluidos de ingeniería ambiental. Lo que en definitiva es mi vocación.
En ese momento fui convencido de postularme al rectorado, ya que podría tener una mayoría muy amplia y allí jugó un papel de extremada importancia la FEUU, el orden que definió de manera más clara el apoyo a mi candidatura.
El proceso de relacionamiento con los estudiantes fue muy bueno y se lograron consensos.
El posicionamiento de la FEUU, que en definitiva lleva a que apoye a otro candidato, no ocurrió, por lo menos en forma documental hasta agosto de 2001.
Sin embargo fue visible y cuantificable que aumentó el apoyo de los egresados y de los docentes de manera significativa.
Si bien en la FEUU los votos se expresan a través del mandato imperativo hubo centros que apoyaron mi gestión.
En consecuencia el panorama que surge de estas consideraciones era evidente que la inmensa mayoría de la Universidad me respaldaba.
Espero que el diálogo se recomponga y que los problemas concretos se superen.
–¿Cuál debe ser el rol de la Universidad en este período tan crítico para el país?
–Nosotros tenemos que planificar en términos de décadas y así lo hemos hecho a través del Plan Estratégico de Desarrollo Universitario. En consecuencia y en función de los medios de que dispongamos trabajaremos sobre ese plan estratégico.
Creo que la Universidad tiene un papel importante que cumplir, tiene un peso social no acostumbrado por el hecho de que casi por 150 años ha sido la única en el país, hoy cuenta con el 90% de los estudiantes universitarios y la inmensa mayoría de los profesionales son egresados de esta casa. Tiene un poder de convocatoria muy grande, un relacionamiento fluido con todos los actores sociales, trabajadores, empresarios, cooperativistas, el Interior y con el ámbito político.
Eso también nos asigna una responsabilidad muy especial.
En una primera instancia veo esa responsabilidad ejercida a través de la comisión social consultiva, que es un ámbito de diálogo que hemos creado, donde la Universidad ha incorporado a estos sectores sociales.
En este ámbito lo que pretendemos es la elaboración de una agenda que sea de preocupación de todos, por ejemplo, la producción, políticas sociales, el papel de las grandes empresas del Estado en la construcción de una economía productiva.
–En este contexto, ¿qué puede hacer la Universidad para frenar la emigración de los jóvenes?
–Creo que lo primero es hacer creíble la utopía. La utopía construible, no tan desprendida de la realidad que no pueda ser. Tenemos que engendrar esa esperanza de grandes acuerdos entre los uruguayos, que desde el ámbito político puedan traducirse en políticas de Estado que aludan a la salud, a la educación, al trabajo, al comercio.
En nuestra generación nos fuimos del país cuando peligró nuestra vida. En aquel momento la esperanza era derrocar a la dictadura. Las condiciones económicas para muchos de nosotros eran muy adversas.
Las condiciones materiales hoy son, obviamente, uno de los objetivos centrales a ir cambiando.
Pero creo que es necesario forjar una esperanza colectiva, no es sólo la esperanza de cada quien en su destino individual, que haga pensar a los jóvenes que vale la pena quedarse, como un desafío de vida.
Creo que esta crisis que afecta a la sociedad en su conjunto puede ayudar a salir de ópticas individualistas, ya que cada vez más nos estamos moviendo para recomponer ideas de compromiso colectivo.
La Universidad mantendrá su apertura irrestricta, porque elevar el nivel cultural de este país, y la capacidad de la población en su conjunto en cuanto al manejo de conocimientos, está dentro de este gran cauce.
–¿De qué forma va a tener que adaptarse el Plan Estratégico de Desarrollo Universitario? ¿Qué aspectos van a tener que cambiar?
–Como plan estratégico los lineamientos son los sustantivos de la institución, pero hay aspectos centrales que vamos a tener que enfatizar. Es imprescindible tomar medidas para mejorar las retribuciones del personal docente, o al menos evitar una desmejora agudizada de las retribuciones.
Esto es una preocupación central de las autoridades de la Universidad.
Otro elemento es poner recursos al servicio de estos compromisos que la Universidad tiene que asumir en relación a los otros actores sociales. Me refiero a los que están en la Comisión Social Consultiva pero también a los que no están allí, como lo son, cada vez más, amplios sectores de la población que se podrían denominar marginales. Que tienen muy poca voz y en forma sorda y en silencio se acumulan miles de personas en situaciones terribles de pobreza extrema. Buscaremos la forma de tener interlocución con ellos, establecer programas e iniciativas. Vamos a tener que destinar dinero en estudios de trabajo científico y de apoyo técnico.
–¿Cómo se va llevar adelante la relación con el gobierno?
–La Universidad es una institución del Estado y como tal tiene deberes, también tiene derechos, como recibir las partidas presupuestales que están votadas.
La Universidad llevará adelante el cumplimiento de los deberes que establece la ley orgánica y exigirá por parte del gobierno sus derechos.
Nuestro relacionamiento con el gobierno tendrá la calidad que resulte de esta compulsa.
Ojalá el cambio de ministro permita hoy resolver coyunturalmente la situación del Clínicas y cierta diferenciación favorable dentro de una rendición de cuentas que se sabe compleja y difícil.
–Hay quienes creen que debería haber adoptado otro tipo de posicionamiento respecto al gobierno, es decir de mayor confrontación a la hora de los reclamos y no un relacionamiento tan estrecho.
–Creo que el rector adopta la conducta que le fija el Consejo Directivo Central. Yo me mantendré en esos términos y actuaré como representante de la máxima autoridad de la Universidad.
–¿Cómo se interpreta el cierre del servicio de emergencia del Hospital de Clínicas dentro de la delicada situación de la Universidad?
–El Hospital de Clínicas desde la designación de la doctora Ubach en la dirección ha tomado un camino de mejora sistemática de su gestión interna.
Se ha venido manejando con el presupuesto que se le otorgó y en los últimos dos años no pidió refuerzos, lo cual muestra la eficiencia por dos lados: por uno se controla el gasto y por otro lado ese control va acompañado de una mejora de la gestión.
Hoy la deuda de $100 millones equivalente a un año de gastos e inversiones implicó una disminución drástica en la entrega de insumos por parte de los proveedores. Eso hace que la posibilidad de brindar una asistencia técnicamente aceptable en el hospital se vaya reduciendo. Sin embargo no hubo reacciones desde el gobierno en cuanto a mejorar la situación de la deuda.
Entonces hubo que ir a la única solución posible: la disminución de la población hospitalaria. El 70% de los usuarios ingresa por la emergencia, por lo que una forma de disminuir ese flujo fue cerrar las puertas. Es una decisión dolorosa, pero se hace porque de lo contrario estaríamos validando una parodia de la atención a la salud.
Vamos a ver si con esta nueva instancia que se abre con el cambio de ministro, logramos un relacionamiento fluido que permita una negociación con los proveedores.
–¿Qué futuro le plantea el proyecto de Rendición de Cuentas a la Universidad?
–Al momento no tenemos claro cuál va a ser el destino de la Rendición de Cuentas.
Existen mensajes de todos los partidos de que habrá una consideración especial respecto a la educación.
Naturalmente los impactos que hoy tenemos son todos negativos. La devaluación de la moneda hace que los suministros en dólares tengan que reducirse, el aumento de precios en plaza hace que tenga que bajar la compra de bienes, tampoco la Universidad va tomar medidas respecto a la limitación del número de estudiantes, de modo tal que los estudiantes siguen fluyendo. El presupuesto en pesos está congelado y a esto se suma una deuda del Poder Ejecutivo de $260 millones. Estas son realidades que demuestran que la Universidad se encuentra en una situación difícil en extremo.
–¿Considera que estas políticas de gobierno, del Banco Mundial, de la Organización Mundial del Comercio, intentan imposibilitar la continuidad de la Universidad pública?
–Creo que es una consecuencia, pero no es el único contenido de estas políticas. En general estas políticas apuntan a una disminución del peso del Estado, cuando ya nuestros Estados comparados con los desarrollados son extremadamente pequeños. Nuestro Estado maneja el 20% del Producto Bruto Interno y los desarrollados manejan el 40% del PBI. Entonces en materia educativa, el papel que no ocupa el Estado, teóricamente dentro de estas utopías neoliberales lo ocuparía una agresiva voluntad de lucro privado. La realidad es que los ámbitos privados están cerrando y nosotros cada vez más recibimos a jóvenes que revalidan sus estudios de las universidades privadas. Son políticas que hoy estamos viendo su colapso en particular en el ámbito educativo. *
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