Tres trabajadores con plombemia fueron dados de alta por falta de medicamentos
En diálogo con LA REPUBLICA, Miguel Estévez, uno de los pacientes que tiene 53,5 microgramos de plomo por decilitro de sangre, recordó que la internación se concretó el 13 de febrero por expresa indicación médica.
Según la indicación de los facultativos tratantes, los afectados debía recibir –el primer día de tratamiento– una dosis de barcenato (fármaco quelante) y luego dos dosis.
«Pero en la mitad del tratamiento se terminó el medicamento, lo que nos fue comunicado por la nurse el día sábado 16″, destacó Estevez.
«Por disposición del médico tratante, nos mandaron para nuestras casas y se nos dijo que el medicamento había que traerlo de Argentina pero no nos dieron fecha para continuar con el tratamiento».
El trabajador relató que cuando tomó conocimiento de los niveles de contaminación de los otros dos compañeros, que llegaron a 76 y 60 microgramos de plomo por decilitro de sangre, adoptó la precaución de someterse a chequeos médicos. «El resultado me lo entregaron el 7 de febrero y tengo 53,5 microgramos por decilitro de sangre».
Cabe aclarar que lo admitido internacionalmente para los trabajadores expuestos al plomo es de 30 microgramos.
Estévez padece de dolores corporales, intensas jaquecas y sufre de insomnio. Todos son síntomas característicos del saturnismo, denominación que identifica a la patología que padecen.
Los quelantes –que es el medicamento administrado a los pacientes– se componen de sustancias que se unen al plomo y forman un complejo que se elimina por excreción renal. Su función es disminuir los niveles del metal en la sangre.
José Radesca, ex trabajador de la misma fábrica denunció en LA REPUBLICA: «Estamos sufriendo la contaminación desde los años 60, cuando nos hacían un análisis llamado coproporfirina (análisis de sangre y orina). En aquella época no nos entregaban los resultados, sino que nos decían que estaba todo bien. Muchos muchachos que se jubilaron hace 20 años se están enterando ahora de la contaminación que tenían».
Radesca, cuyo padre fue hermano de uno de los dueños, recordó que «muchos de los viejos trabajadores murieron de cáncer a los huesos, al estómago o de insuficiencias renales». El obrero atribuye las muertes a la contaminación.
Señaló que mientras los trabajadores de Funsa «que era la competencia, trabajaban seis horas y se podían jubilar por el dos por tres (dos años de trabajo se tomaban como tres), nosotros trabajábamos en régimen común y 8 horas por día y en condiciones insalubres».
Radesca señaló que entre 1959 y 1979 se vaciaba un camión de escoria de plomo por día en el barrio Lavalleja donde actualmente hay un asentamiento. Luego de esa época, la operación se hacía en Felipe Cardozo y Cochabamba.
La edila forista Cristina Ferro anunció a LA REPUBLICA que el martes próximo, la Comisión de Higiene de la Junta Departamental recibirá a los directores municipales Miguel Fernández Galeano y Luis Lazo, responsables de los departamentos de Salud y Desarrollo Ambiental respectivamente.
Explicó que los jerarcas deberán informar sobre «los controles que se le hacen a Radesca y cuál es el conocimiento y la evaluación que la IMM ha hecho respecto de la contaminación de los trabajadores de la empresa». *
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