lo límite de lo ético

Un periodista se hizo pasar por docente del Liceo Dámaso, se infiltró en una asamblea y hasta votó

Un periodista se coló en una asamblea docente, votó resoluciones que irán a la ATD nacional y se fue con una constancia sellada por Secundaria. Nadie le preguntó nada. ¿Periodismo encubierto o algo más?


El periodista Sebastián Cabrera, del diario El País, generó fuertes reproches y críticas en redes sociales después de admitir que se infiltró en una Asamblea Técnico Docente (ATD) haciéndose pasar por docente, votó en el plenario y se retiró con una constancia oficial sellada por Secundaria.

Él mismo lo relató en una crónica publicada por el diario. La pregunta que su propio texto instala es incómoda: ¿eso es periodismo de investigación o tiene consecuencias legales?

Lo que hizo, en términos concretos, abre un debate muy profundo sobre los límites del periodismo y qué tanto está dispuesto a hacer un comunicador para conseguir un texto y, en la lógica del clickbait, arrastrar un poco de tráfico a su cántaro digital.

Lo que hizo: ¿se rompieron límites?

Cabrera ingresó al Liceo Dámaso Antonio Larrañaga sin identificarse como periodista, participó de una comisión temática, votó los tres informes del plenario y obtuvo una constancia con sello de la Dirección General de Educación Secundaria, que acredita su presencia como si fuera un profesor.

No falsificó ningún documento ni usurpó la identidad de una persona real: simplemente no dijo quién era y nadie se lo preguntó. O sea que no se le puede achacar delito alguno. 

La respuesta más rigurosa a la pregunta de si se traspasaron límites éticos es abierta: depende de cómo se interprete la constancia que se llevó y de qué piensen las autoridades más adelante (o si deciden judicializar algo de lo sucedido).

El artículo 239 del Código Penal uruguayo tipifica la «falsificación ideológica por un particular«: quien, ante un funcionario público y con motivo del otorgamiento de un documento público, preste una declaración falsa sobre su identidad o estado, o cualquier otra circunstancia de hecho, será castigado con tres a veinticuatro meses de prisión.

La constancia que emite una ATD lleva sello oficial de Secundaria, lo que la convierte en un documento público. Si Cabrera recibió esa constancia induciendo implícitamente la creencia de que era docente ante quien la extendió, podría argumentarse que se configura el tipo.

No obstante, el propio periodista aclara en su crónica que nadie le preguntó nada: no hubo declaración expresa, sino silencio. Eso debilita considerablemente una potencial imputación, porque el artículo exige una declaración falsa activa, no una mera omisión pasiva.

El artículo 243, que castiga el uso de un documento o certificado falso, público o privado, tampoco aplica con claridad: la constancia no era falsa en sí misma, fue extendida legítimamente por quien tenía facultad para hacerlo. La irregularidad estaba en quién la recibió, no en el documento.

Un caso debatible (pero éticamente objetable)

La figura de suplantación de identidad incorporada al Código Penal por la ley 20.327 tampoco encaja: requiere que el autor usurpe la identidad de otra persona física o jurídica valiéndose de medios tecnológicos o sistemas informáticos, con intención de dañar a su legítimo titular. Cabrera no suplantó a nadie en particular ni utilizó herramientas digitales para hacerlo.

En suma, desde el ángulo estrictamente penal, el caso no se configuraría. No hay falsificación documental, no hay suplantación de una persona concreta, y la declaración falsa es difícil de probar cuando la constancia se entregó sin que mediara identificación alguna. Un fiscal tendría dificultades reales para sostener la acusación. Lo que sí es claro: el problema ético.

Que la conducta sea penalmente impugnable (o del todo no configure delito alguno) en términos prácticos no la convierte en éticamente neutra. Cabrera participó en una instancia colectiva de decisión —con voto incluido— sin revelar su identidad ni su propósito.

Aunque la influencia de su voto haya sido marginal, votó sobre resoluciones que serán elevadas a la ATD nacional como expresión legítima del cuerpo docente. Contaminó, en alguna medida, ese registro.

Liceo Dámaso Antonio Larrañaga, ubicado en Jaime Cibils 2878. Foto: Google Street View
Liceo Dámaso Antonio Larrañaga, ubicado en Jaime Cibils 2878. Foto: Google Street View

No inventó el periodismo encubierto, eso sí

El periodismo encubierto tiene una larga tradición y está ampliamente aceptado cuando es la única forma de acceder a información de interés público que de otro modo permanecería oculta.

Pero su legitimidad ética generalmente exige tres condiciones: que no haya otro método viable, que el interés público justifique la intromisión, y que el periodista no participe activamente en los hechos que cubre. Cabrera cumplió las dos primeras con cierta holgura. La tercera es más discutible: votar y obtener una constancia no es solo observar, es intervenir.

El debate que abre su crónica —sobre los controles inexistentes en las ATD, el anonimato que las caracteriza, la facilidad con que cualquiera puede colarse— es periodísticamente valioso. La forma en que lo obtuvo merece, al menos, la misma discusión que el contenido.

Críticas al método: las redes sociales ardieron

La respuesta a la forma de proceder del periodista no se hizo esperar: en las redes sociales, las críticas fueron y vinieron, y también la respuesta del propio Cabrera. «Alguien que se hace pasar por funcionario público, ingresa a una ATD liceal, vota, lleva constancia y relata su delito (hacerse pasar por un funcionario público es delito penado con 12 a 24 meses de prisión) y lo hace con el objetivo de desprestigiar los docentes y la educación pública», comentó una persona que se identificó como Martin Fagundez, adentro de la misma nota del diario.

«Un periodista de El País de Uruguay, que si hace falta recordamos que es el diario de la dictadura, cuenta como si no fuera nada que usurpó la identidad de una persona y se infiltró en las Asamblea Técnico Docente (ATD). Muy triste considerar periodismo a esto», comentó en X (antes Twitter) el usuario @Boletero_.

«Yo creo que los insultos no están bien así como tampoco está bien cometer un delito haciéndote pasar por otra persona. Y destrozando la ética periodística», fue el comentario de Rubén Ferreria, también en X.

«Ruben, te respondo porque no hay insulto y veo que sos estudiante avanzado de comunicación. No me hice pasar por otra persona. Entré a una asamblea y nadie me sacó, que es distinto. Conversalo con los profesores de la facultad. Saludos», replicó Cabrera.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje