Los testigos del casamiento del 17 de julio de 1958
Es imposible determinar hoy si todas las partes uruguayas, juez, fiscal y varios testigos del casamiento de Mengele, fueron partícipes de un «acto de amistad», de una irresponsabilidad jurídica o, simplemente, fueron cómplices en el ocultamiento de paradero del médico nazi. Lo único comprobable es que todos los participantes directos de esa ceremonia testimoniaron bajo juramento que «José Mengele y Marta María Will eran residentes en Nueva Helvecia».
El juez Izacelaya certificó «mediante información sumaria» que de su anterior matrimonio José Mengele tenía un hijo menor que quedó a cargo de su madre, sin que «esta tenga bienes del hijo a su cargo». Lo mismo hizo para Marta María Will. En ambas certificaciones anota que previa inclusión en el expediente respectivo se recibió la aprobación del fiscal Oscar Infantozzi Soba en el dictamen 1355 del 21 de julio de 1958. Los certificados judiciales están fechados el 23 de julio de ese año.
En el acta matrimonial, además de los nombres del abogado Juan Carlos Germán y su esposa Lidia Florio de Germán, figuran los de otros testigos de la boda: Juan Vila, oriental, de 39 años, casado, empleado en la Oficina del Correo vecino al Juzgado, se presentó por Joseph Mengele; en tanto que Luis Eduardo Casas, oriental, de 22 años, soltero y funcionario de Asignaciones Familiares, cuya oficina también estaba a un lado de la sede judicial, fue presentado por la novia. En tanto que Oscar Peláez, oriental de 34 años, empleado y Juan E. Peláez, de la misma edad, soltero, empleado, ratificaron que «Mengele y Will eran hábiles para contraer matrimonio y no tenían impedimientos».
En el certificado de matrimonio, el juez Pedro Izacelaya certifica que «el 17 de julio de 1958 se libraron dos edictos como manda el artículo 92 del Código Civil, siendo uno fijado en la puerta de esta oficina y en el periódico Helvecia. Pero el edicto de matrimonio de Mengele no fue publicado en la prensa local ocho días antes del casamiento, como lo establecía la ley, sino que se publicó cinco días después del matrimonio. «Yo lo recuerdo porque fui la que colgó el edicto en la puerta del juzgado», dijo Bernatsky.
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