"Operación Tero" que desplegó la dictadura para capturar a Wilson en 1984 autorizaba a abrir fuego en contra de la "turba marxista"
El entonces presidente de facto Gregorio Alvarez y la Junta de Comandantes en Jefe, integrada por los comandantes en jefe de la Armada, Rodolfo Invidio, del Ejército, Hugo Medina y de la Fuerza Aérea, Manuel Buadas elaboró la «Operación Tero» con el objetivo de «capturar a los máximos dirigentes de la sedición que aún se hallaban prófugos», según un memorándum secreto que circuló en aquel momento.
Un informante militar confió a LA REPUBLICA detalles de aquel operativo, diseñado el 12 de junio, que movilizó al grueso de las Fuerzas Armadas del Uruguay. Como el anunciado viaje al país, desde Buenos Aires, se haría por mar, los militares encomendaron al contraalmirante Jorge Fernández, considerado por sus pares como un «duro» de la dictadura, la elaboración del «Plan de Operaciones y Orden de Operaciones».
La Orden de Operaciones, propiamente, fue elaborada por el contraalmirante Mario Martínez Lanzani y el brazo ejecutor de la captura sería el entonces prefecto del Puerto de Montevideo, capitán de fragata Carlos Giani (quien, años después, ascendería a comandante en jefe). El 14 de junio, a media mañana, se aprobó el plan, en una reunión de la Junta de Generales celebrada en la sede del Estado Mayor Conjunto, clasificado como «SECRETO ARMADA». Ese mismo día, en el microcine del cuarto piso del Comando de la Armada, se dio difusión a los distintos grupos de tareas de la denominada «Operación Tero». La idea, según la fuente consultada, era «confundir a los posibles adeptos de Wilson que, se sabía, concurrirían al puerto a recibirlo: como el tero, que cacarea en un lado distinto al que pone el huevo». «La orden disponía lo siguiente: se interceptaría el barco que venía desde Buenos Aires, con una lancha de Prefectura, la denominada ROU 70, a su ingreso en aguas uruguayas. Embarcaría el prefecto del Puerto de Montevideo (capitán Giani) con un grupo de choque de la Prefectura, para proceder a la detención del cabecilla. La acción sería apoyada por efectivos de particular, que ya venían embarcados desde Buenos Aires y por la corbeta Pedro Campbell, a las órdenes del capitán de Fragata Leopoldo Fernández, quien estaba autorizado (por escrito) a abrir fuego con sus cañones, si el barco no acataba las órdenes». La fuente agregó un elemento no conocido, de disidencia interna, en la planificación del operativo: el rechazo de un oficial a cumplir determinadas órdenes, lo que le costó su carrera militar. La «Operación Tero» disponía que el capitán de corbeta Gustavo Canziani, que prestaba servicios en el Servicio de Armamento de la Armada, fuera el responsable de impedir el ingreso a «la turba» al recinto portuario. La Orden de Operaciones disponía, textualmente, que: «deberá emplear el poder de fuego contra la turba marxista, que apoyando a la cúpula sediciosa realizara una asonada en el país, focalizando sus esfuerzos por liberar a los detenidos».
«Canziani, en la reunión informativa previa, preguntó, una y otra vez detalles de la orden, pacientemente escuchó las explicaciones del entonces capitán de corbeta Carlos Maglioca (ayudante del contraalmirante Fernández, actual agregado militar en Estados Unidos), solicitó que se le aclararan algunos términos ambiguos y finalmente, en medio de la reunión, dijo (palabras más, palabras menos): «Yo no voy a dar cumplimiento a esta orden, esto es ilegal e inmoral, no voy a abrir fuego contra civiles, por el solo hecho de que quieran recibir a su histórico líder político».
Canziani fue relevado del cargo, sancionado con 30 días de arresto a rigor y, a partir de aquel día, pasó a integrar la lista de los «oficiales marxistas de la Armada, en el archivo ROJO- 3, con el número 646, del servicio de Inteligencia Naval, del piso sexto del Comando de la Armada».
«Operación Tero»
Durante la noche, el «Ciudad de Mar del Plata II» avanzó a marcha lenta. Decenas de periodistas, uruguayos y extranjeros, aprovecharon para hacer notas con dirigentes blancos y representantes de otras organizaciones, que también viajaban. A las 8 de la mañana del sábado 16, Wilson convocó a una conferencia de prensa a bordo del buque. A lo lejos, ya se divisaba la costa uruguaya, pero también los navíos de guerra. El dirigente blanco confiaba en que la movilización popular en Montevideo sería pacífica. Entre los uruguayos a bordo, con dificultades para transmitir y recibir despachos radiales, corría el rumor de grandes movimientos populares en Montevideo. Alguna emisora, que transmitía un comunicado de la dictadura, amenazaba con fuertes represalias a quienes participaran en manifestaciones. El «Ciudad de Mar del Plata II» recibió una orden radial de mantenerse a 50 millas de la línea demarcatoria internacional, navegando en paralelo a ella, hasta nuevas órdenes. En caso de no acatar la orden de la Armada, el navío sería abordado por oficiales de la marina que procederían a detener a «los dos ciudadanos uruguayos requeridos por Tribunales Militares». A las 10.05, cuatro naves de guerra flanqueaban al buque de pasajeros y dos aviones navales volaban alrededor. La nave había traspuesto el límite internacional y se encontraba en aguas jurisdiccionales uruguayas. La lancha ROU 70 de la Armada comenzó a maniobrar cerca del buque.
«La idea –de acuerdo con el informante– era en este caso, bajar en lancha a Wilson y otros dirigentes sediciosos como: Juan Raúl Ferreira, Luis Alberto Lacalle y Carlos Julio Pereyra, entre otros. Se limitaba a diez el número máximo de detenidos, que trasladaría la lancha hasta el muelle del Dique Nacional, en el Cerro». «Desde ese lugar, helicópteros de la Fuerza Aérea se harían cargo», narró la fuente. El desembarco de Wilson y los otros detenidos, agregó, «se debería realizar con discreción para evitar que la población, que esperaría en proximidades del puerto, se desplazara hacia el Cerro». Sin embargo, ocurrió lo inesperado. Wilson no permitió que lo bajaran. «Naturalmente, si se utiliza la fuerza tendré que acceder, y abandonar esta nave, pero sólo si se utiliza la fuerza. Y hay una sola forma de evitarlo y es permitir que el barco llegue, capitán, regularmente, al puerto de Montevideo», le dijo Wilson al capitán del Ciudad de Mar del Plata II, que se ofreció a mediar entre los militares y el dirigente nacionalista.
Fue el momento de mayor tensión. Giani volvió a insistir en la búsqueda de diálogo y Wilson accedió. Después de varias horas de negociación en el puente de mando, culminó: se evitó el uso de la fuerza y se desistió de trasladar a Wilson y su hijo a bordo de la patrullera. El buque militar se apartó, aunque fue abordado por personal médico y otros militares: los dirigentes ya estaban «técnicamente detenidos». «Tendremos una agradable excursión a Punta del Este», dijo Wilson a los periodistas. Sin embargo, poco después un oficial de la Armada comunicó al dirigente las novedades: el barco giró en redondo y se dirigió a Montevideo, lo que fue calificado como un «triunfo». A las 14.30, el buque ingresó al Puerto de Montevideo, que amaneció rodeado de tropas, vehículos militares y varios helicópteros, dos de los cuales trasladarían detenidos a Wilson y a su hijo a unidades del Interior. Miles de personas manifestaron pacíficamente en Montevideo. *
Te recomendamos
separando conceptos
Debate en el Senado: por qué el FA prefiere tratar el antisemitismo en Derechos Humanos y no en una comisión
La votación en el Senado reabrió un debate que cruza historia, política exterior y definiciones jurídicas. “El primer enemigo del pueblo judío está siendo su presidente, Netanyahu”, dijo un senador frenteamplista.
Compartí tu opinión con toda la comunidad