El caso que sacude a la izquierda: ¿corrupción o abuso de prensa?

Las denuncias contra Mario Areán

Al culminar la feria judicial mayor, la Justicia uruguaya comenzó el análisis de uno de los casos rompecabezas de mayor contenido político de los últimos tiempos: las denuncias del semanario Brecha contra Mario Areán, chofer y secretario particular del intendente Mariano Arana. A la fecha la certeza posible indica que, a menos que desde la cúspide del Encuentro Progresista aparezcan elementos de prueba nuevos, a la luz de los conocidos, los periodistas denunciantes podrían pagar caro lo escrito y publicado.

A partir del 1º de febrero, el juez Roberto Timbal y la fiscal Mónica Ferrero, comenzaron las actuaciones e interrogatorios entre todos los involucrados en las denuncias del periodista Sergio Israel contra Mario Areán, a quien acusara de tráfico de influencias en beneficio de concesionarios de la Intendencia de Montevideo, entre otras acusaciones.

Casi simultáneamente, desde la Junta Departamental, hasta el Encuentro Progresista, sin dejar de lado a la propia Intendencia y la Vertiente Artiguista, el sector al que pertenece Areán, todos abrieron investigaciones o tribunales, buscando dilucidar el asunto. Precisamente hoy, el secretario de Arana es aguardado en la Junta Departamental (véase nota en pág. 5).

A estas alturas, desde quienes respaldan a Areán, concentrados en la Vertiente Artiguista y el entorno de Arana; hasta quienes buscan su cabeza tanto en filas opositoras, como en las alas más combativas del sindicato municipal, a ciencia cierta nadie se atreve a aventurar hacia qué platillo de la ciega Justicia, se inclinará el veredicto.

Al cierre de esta crónica, la artillería era cuidadosamente apuntada y la munición dispuesta.

Al consecuente lector de LA REPUBLICA, bien puede haberle resultado extraño que a la fecha no hubiera una investigación «de la casa» sobre el asunto: en realidad la hay desde el primer día, pero en tanto la certeza de dejar paso a la exactitud, cuando lo delicado de la situación lo impone, buscamos la palabra de cada protagonista, antes que especular o intuir. Puede confiar el lector en lo exacto de cada apunte: lo develado es irreprochable, las piezas que falten al rompecabezas es tarea de la Justicia y los tribunales, dilucidarlas.

Comienzo tienen las cosas

El 19 de diciembre de 2002, el nombre de Mario Areán era desconocido del gran público. El secretario particular de Mariano Arana compartía, con el intendente de Montevideo, bastante más de la comúnmente asignable a un chofer, algo que Areán atribuye a la confianza ganada desde que condujo su camioneta y la agenda del arquitecto, en la campaña frenteamplista de 1984.

El 20 de diciembre, el periodista Sergio Israel denuncia en la página 20 del semanario Brecha, una decena de puntos que involucran a Areán en hechos sintetizables bajo una sola palabra: corrupción.

Aunque el periodista hace un llamado de atención, de que para su nota «fue consultada una serie de jerarcas y ex jerarcas de la IMM, así como dirigentes y militantes del Frente Amplio (…) que solicitaron mantenerse en el anonimato», la conmoción estaba creada: los denunciados exigían «pruebas y testimonios» de la presunta corrupción en la cúpula municipal.

El fuego se expandió con los partidos tradicionales mirando desde afuera, a lo sumo arrimando algún leño por incontestados pedidos de informes a la Junta Departamental sobre puntos vinculados a la cuestión. Aunque elegantemente, los políticos tradicionales se abstuvieron, dejando el costo político de la trifulca para el Encuentro, aguardando tal vez echar leña al fuego más adelante: cuanto más se extienda el caso, más beneficio a la hora de detractar al Frente.

La primera de las páginas que Brecha dedicó a Areán tenía cinco columnas de lectura.

La primera, afirma que una empresa («cuyo nombre está en poder de Brecha pero que a su pedido se mantiene en reserva») se negó a pagar a Areán «una coima por decenas de miles de dólares por una licitación aún en curso». En la misma columna se afirma que el consenso para que Areán deje su cargo está pautado por los 65 votos que en 2.500 votantes, tuvo el susodicho en las elecciones internas de la Vertiente Artiguista. La misma columna concluye que la secretaria general de la Comuna, María Julia Muñoz, y el actual director de comunicaciones, Peter Coates, «habrían recomendado el alejamiento del secretario en forma insistente».

«Tras determinada actividad, de la que Bengoa o Roselli pueden mostrar todo el expediente, decae y aparece un subarrendatario. A texto expreso la concesión de Elizalde en 1988, habilitaba el subarrendamiento. W empieza a funcionar y hacen un contrato entre partes; la Intendencia solamente tiene que dar el visto bueno: es un contrato entre particulares. En 1990 la administración de Tabaré González da el visto bueno a ese subarrendamiento. Yo jamás otorgué ni di nada a W». En cuanto a los autos de valor que habría adquirido desde el comienzo de su carrera, deberá ser la Justicia quien defina la certidumbre de su detalle. Areán así lo explica: «Yo cuando ingreso a la Intendencia tengo un Volkswagen ‘Santana’ . Lo vendo particular, compro una camioneta Elantra donde hago la entrega con lo que vendí del auto y una financiación en el ABN. Luego entrego Elantra y otra entrega, prolongo la financiación en el ABN, y antes de venderla liquido tres o cuatro cuotas que quedaban para poder venderla en 28.000 dólares. Con el auto y algo más de dinero compré una Galloper 4×4, que a su vez la vendí, para poder hacer la entrega del apartamento en el que vivo actualmente».

En cuanto a la disparidad entre sus ingresos y las propiedades inmuebles, automovilísticas y motociclístas que reconoce, apunta a su esposa.

«Sumamos dos sueldos. Los 41.000 pesos, que son menos acorde a los descuentos, al día de hoy son mil y poco dólares. Pero eran más de dos mil dólares. Es como el tema de las motos: me gustan las motos. Al estar metido en el tema de los autos, conozco lo que son los importadores y demás. Pero no lo conozco por la Intendencia: lo conozco de mucho tiempo atrás. Puedo comprar un vehículo a un precio que de repente un particular no lo puede comprar: a precio de distribuidor.

Pero si además tengo un familiar que es el administrador de una importadora de motos, puedo tener la facilidad de pagarlo a precio de distribuidor y como yo quiera. Ahora, lo cierto y lo concreto es que la última moto, por ejemplo, la tuve que vender, y de lo que la vendí tuve que pagar parte de lo que debía. O sea que si era una moto que costaba diez pesos, la vendí en quince, tuve que pagar cinco, para terminar de saldar lo que debía.

Areán dice que hoy, el auto que tiene, es un Nissan V-12, al que valora en 3.000 dólares.

El carozo del melón

La primera crónica de Brecha concluye vinculando a Areán con Ernesto Laguardia, ex secretario privado de Julio María Sanguinetti, y por cuyas irregularidades fue conducido ante la Justicia. También como asistente a las comidas del controvertido Club Armonía, donde convergen políticos, militares, policías y jueces, entre otros.

Areán descartó a LA REPUBLICA contactos con Laguardia más allá de los inherentes a los cargos que simultáneamente llegaron a ocupar.

«Siendo Laguardia secretario del Presidente de la República, y yo secretario del intendente, existía una comunicación muy fluida que no existe con el actual secretario, Marcelo Graniero, con quien tenemos comunicación cuando hay que tenerla; pero en aquellos cinco años la comunicación era mucho más fluida; de repente por la impronta del Presidente, o determinadas cosas que sucedían en Montevideo, o determinadas obras, donde había que agendar o hacer intercambios de información entre Pres
idencia e Intendencia». En los últimos puntos de «La cuestionada gestión del secretario privado del intendente», como se titulaba la crónica, hay referencias a los vínculos de Areán con Pablo Boselli, procesado por defraudación tributaria, sobre lo que Areán explica que por la afición de ambos al paddle, existieron contactos que, dice, no pasaron de lo deportivo. Allí se deja constancia por vez primera de la propiedad de Areán en la megadisco Bahía, del Cerro, sobre la que se ahondará días después. aunque eso, es otro baile. *

 

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