“No soy cómplice”: la frase de Ed Sheeran que le está costando un boicot masivo
Ed Sheeran, entre dos fuegos: la gira que se le desmoronó por callar sobre Gaza. Además aclaró que la salida de Macklemore había sido una determinación de la promotora y de los propios estadios, y no una decisión suya de manera directa.

El músico británico Ed Sheeran atraviesa uno de los momentos más complicados de su carrera reciente. Un escándalo de proporciones globales entre los fans, seguidores y figuras de movimientos sociales se desató en torno a su figura, alimentado por su decisión de mantenerse al margen del debate político y no pronunciarse con claridad sobre la guerra en Medio Oriente. Esa postura de neutralidad y silencio terminó por generar un efecto en cadena: una renuncia tras otra de todos sus teloneros y una lluvia de señalamientos de “complicidad” por parte de activistas y seguidores que defienden la causa palestina.
Para entender cómo llegó su Loop Tour a esta situación de crisis, conviene reconstruir los hechos paso a paso.
El punto de partida: el veto a Macklemore
Todo empezó con el rapero estadounidense Macklemore, que se desempeñaba como artista invitado dentro de la gira de Sheeran. Durante una presentación en Nueva Jersey, el músico proyectó imágenes de la Franja de Gaza y cerró su actuación con un mensaje contundente: reclamó una “Palestina Libre” y habló abiertamente de un “genocidio”.
El gesto provocó la furia de organizaciones proisraelíes y de poderosos empresarios multimillonarios vinculados al negocio de los estadios. Entre ellos apareció Robert Kraft, dueño del Gillette Stadium y también propietario del equipo de la NFL New England Patriots, quien impulsó las presiones para apartar al rapero, señalándolo por una supuesta “retórica antisemita”. Frente a la posibilidad concreta de que se cayeran fechas completas del tour, la empresa organizadora, Messina Touring Group, resolvió desvincular a Macklemore.
La respuesta de Sheeran que prendió fuego las redes
Con el ambiente ya caldeado, Ed Sheeran decidió salir del silencio a través de un comunicado publicado en Instagram. Allí buscó posicionarse en un terreno estrictamente neutral, sin inclinarse por ninguno de los bandos.
En el texto se declaró “horrorizado por el conflicto entre Israel y Palestina” y sostuvo que el padecimiento de ambas partes constituye una tragedia. Además, aclaró que la salida de Macklemore había sido una determinación de la promotora y de los propios estadios, y no una decisión suya de manera directa.
El artista defendió, asimismo, su criterio de no utilizar su espacio profesional como escenario político. Argumentó que a sus recitales concurren niños y jóvenes que buscan sencillamente entretenimiento y un “refugio seguro”. Cerró con una definición que rápidamente se viralizó: “No soy cómplice”.
El efecto dominó: la renuncia en masa de los teloneros
Lejos de calmar las aguas, la explicación tibia de Sheeran encendió un rechazo inmediato dentro del mundo artístico. En menos de veinticuatro horas, la totalidad de los músicos invitados abandonaron la gira en un gesto de solidaridad con Macklemore y con el pueblo palestino. Muchos de ellos cuestionaron esa “neutralidad” del cantante, interpretándola como una manera de darles la espalda a los oprimidos.
Uno de los primeros en dar el paso fue Finneas —músico, productor y hermano de Billie Eilish—, quien canceló su participación con un mensaje directo: “No hay que silenciar a los artistas cuando alzan la voz por los oprimidos”.
También se bajó el cantautor irlandés Aaron Rowe, que apeló a la memoria histórica de su país. Recordó que los irlandeses conocen de cerca lo que significan la ocupación y el hambre, y expresó que no toleraba ver cómo “multimillonarios usan su poder para silenciar a quienes denuncian el genocidio”.
A ellos se sumó la banda danesa Lukas Graham, que dejó las fechas comprometidas bajo la idea de que el dinero no debería comprar ni condicionar las discusiones sobre derechos humanos.
El caso llegó incluso al escenario principal del propio Sheeran: Beoga, la agrupación tradicional de folk irlandés que lo acompaña habitualmente en vivo, también se retiró y denunció de manera pública lo que definió como “el silenciamiento de Macklemore por parte de los lobbies sionistas”.
Un boicot que trasciende la música
La reacción no quedó circunscrita al ambiente artístico. Colectivos de alcance internacional como el Movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) difundieron llamados oficiales para boicotear los conciertos que le restan a Sheeran en el continente americano. Según su lectura, el intento del británico de “quedar bien con ambos lados” no hace más que invisibilizar la crisis humanitaria que se vive en Gaza.
De esta forma, una gira concebida como un espectáculo musical de gran despliegue terminó convertida en el epicentro de una disputa política y ética que combina libertad de expresión, presiones económicas y el rol de los artistas frente a las causas humanitarias. El desenlace, por ahora, deja a Ed Sheeran en el centro de una tormenta que no muestra señales de amainar.
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