HISTORIA BORRADA

Nuevos estudios de ADN revelan que el 35% de los guerreros samurái eran mujeres

El paradigma comenzó a resquebrajarse al analizar fosas comunes históricas. En el sitio de la batalla de Senbon Matsubaru, un conflicto datado en el año 1580, los científicos se toparon con un dato revelador: de 105 esqueletos examinados, 35 pertenecían a mujeres.

A la izquierda, un retrato de Tomoe Gozen, la legendaria valiente Samurai que lucho durante los años
A la izquierda, un retrato de Tomoe Gozen, la legendaria valiente samurái que lucho durante los años 1180. A la derecha Nakazawa Koto (1839-1927), una formidable espadachina y una de las últimas mujeres samurái.

Nuevos hallazgos de ADN reescriben la historia de Japón: las mujeres samurái ocupaban un tercio de los campos de batalla

La imagen tradicional del guerrero japonés, perpetuada durante décadas por la cultura popular, está sufriendo un sacudón sin precedentes. Recientes investigaciones arqueológicas y pruebas genéticas realizadas en territorio nipón han sacado a la luz una realidad fascinante: la presencia femenina en las filas samuráis fue inmensamente superior a lo que los libros de historia nos contaban. Los nuevos datos revelan que, en determinados combates, hasta un 35% de los caídos eran mujeres.

El paradigma comenzó a resquebrajarse al analizar fosas comunes históricas. En el sitio de la batalla de Senbon Matsubaru, un conflicto datado en el año 1580, los científicos se toparon con un dato revelador: de 105 esqueletos examinados, 35 pertenecían a mujeres.

Esta tendencia no es un caso aislado. Las excavaciones llevadas a cabo en Kamakura Zaimokuza arrojaron cifras idénticas, con aproximadamente un 30% de restos óseos femeninos. Estas pruebas tangibles obligan a la academia a replantearse el monopolio masculino en la élite militar nipona, demostrando que la participación de las combatientes era una constante y no una simple anomalía.

Más allá del mito: las letales ‘onna-musha’ en la primera línea

Lejos de la creencia popular que relegaba a las mujeres de la casta samurái a la mera defensa del hogar en tiempos de asedio, los registros óseos confirman que peleaban codo a codo en las vanguardias. Conocidas históricamente como onna-musha u onna-bugeisha, estas combatientes recibían un riguroso adiestramiento en disciplinas marciales.

En el campo de batalla, eran especialistas en el manejo del arco y de la naginata (una lanza tradicional de hoja curva), además de dominar el uso de espadas cortas. Su letalidad y destreza en la primera línea de fuego son hoy un hecho arqueológico irrefutable.

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El Museo Británico y una muestra que redefine a la élite de Japón

Tomando nota de esta revolución historiográfica, el British Museum de Londres se prepara para inaugurar en 2026 una exhibición temporal que promete no dejar a nadie indiferente. Bajo el escueto pero contundente título de “Samurai”, la muestra abrió sus puertas desde el 3 de febrero hasta el 4 de mayo, proponiendo un recorrido por más de un milenio de legado de esta casta.

El eje central de la exposición parte de una premisa que ya está dando de qué hablar: superado el año 1615, las mujeres representaban la mitad de la población samurái total.

Para los organizadores, la clave está en entender el término como una clase social hereditaria y no exclusivamente como un sinónimo de soldado activo. A partir de 1615, con el arranque del extenso y pacífico período Edo, los combates cesaron casi por completo. La casta mutó; pasaron de ser tropas de choque a convertirse en burócratas, académicos y gestores estatales. Rosina Buckland, curadora principal de la institución, destaca que durante esa época los integrantes de esta élite “no eran guerreros en la práctica”.

En diálogo con el diario The Guardian, la experta fue categórica respecto al objetivo de la muestra: “Lo que quiero mostrar en la exposición es cómo la percepción de los samuráis se ha reducido a este guerrero masculino con armadura y espada”. A lo que añadió: “Este redescubrimiento de la historia de las samuráis femeninas reestructura siglos de mitos de género y desafía la imagen hiper-masculina del samurái que aún domina en el cine, el anime y los videojuegos.”

Reliquias cotidianas, arte y misiones al Vaticano

La exhibición agrupará más de 280 piezas, combinando el acervo propio del museo londinense con préstamos de otras partes del globo. El recorrido se estructura en tres grandes bloques: el nacimiento de estos luchadores de honor, su reconversión en una cúpula política y cultural, y su innegable peso en el entretenimiento contemporáneo (donde se incluirán obras inéditas encargadas al artista japonés moderno Tetsuya Noguchi, junto a referencias de manga, televisión y videojuegos).

Entre los tesoros que estuvieron en la muestra, destacan una armadura de reciente adquisición, cascos, cerámicas, indumentaria, armamento y una joya pictórica incalculable: un retrato pintado en 1585 por Domenico Tintoretto. El cuadro plasma a Ito Mancio, un joven samurái que cruzó el mundo en la primera misión diplomática de Japón hacia el Vaticano.

Asimismo, se expusierion objetos íntimos que pintan de cuerpo entero la vida en la paz del período Edo. Manuales de buenas costumbres, batas de mujer, sets de maquillaje y hasta un mazo de cartas de entre 1828 y 1833 —usado por los guardias para matar el aburrimiento— confirman que la identidad de la casta trascendía la sangre y el barro.

La polémica está servida: ¿guerreras excepcionales o una regla general?

El postulado de la exposición sobre que “la mitad de los samuráis eran mujeres” encendió la pradera en foros y medios especializados. El nudo del debate radica en la propia definición de la palabra. Para el sector más purista, incluir a los miembros femeninos del hogar dentro del término diluye su peso marcial original.

Jeff Broderick, profesor y prestigioso artesano de monturas de sables japoneses, publicó una columna en el medio Japan Forward donde cuestiona este enfoque. “Es fantástico visibilizar historias de mujeres que tradicionalmente fueron ignoradas”, reconoce Broderick, “pero no hasta el punto de implicar que las guerreras eran comunes”. El especialista remató su análisis advirtiendo que “esta exposición podría ir demasiado lejos promoviendo una agenda de diversidad si postula que las samuráis femeninas eran la regla general”.

En esa misma publicación, el titular de la filial europea de la Japanese Armor Society, Luc Taelman, minimizó el impacto real de las combatientes en la cronología militar de la isla: “Creo que es solo una nota al pie en la historia de los samuráis. No recuerdo el nombre de ninguna mujer samurái importante”.

Heroínas con nombre propio y roles cruciales

Pese al escepticismo de algunos sectores, la documentación histórica tiene empadronadas a varias líderes de armas tomar. La más célebre, aunque envuelta en las brumas del mito, es Tomoe Gozen. Su letalidad en el siglo XII quedó plasmada en la obra clásica The Tale of the Heike. Más cerca en el tiempo, Sasaki Rui comandó una milicia a comienzos del período Edo, y Niijima Yae se batió a tiros en la Guerra Boshin del siglo XIX antes de colgar las armas para dedicarse a la educación.

El periodista David Pilling, en un reciente artículo para el Financial Times, aportó otro matiz sombrío pero fundamental. A través de pergaminos y arte antiguo, se evidencia que las mujeres tenían a su cargo el lavado, inventariado y etiquetado de las cabezas decapitadas de los enemigos, una tarea administrativa macabra pero esencial para el conteo de bajas y victorias.

Fuera de la carnicería bélica, las piezas que llegarán a Londres en 2026 demuestran un nivel cultural superlativo. Las cajas de cosméticos y los kimonos finamente bordados evidencian que las mujeres de la élite solían ser, en palabras que recoge Pilling, “damas educadas en espera y artistas consumadas”.

Finalmente, uno de los objetos más curiosos que respaldan esta visión poliédrica es una campera de bombero color rojo bermellón. Esta prenda era vestida por mujeres dentro del imponente Castillo Edo, quienes recibían entrenamiento específico para sofocar incendios y proteger los recintos interiores de una ciudad históricamente vulnerable a las llamas. Un recordatorio más de que, para entender a los samuráis, hoy hay que mirar mucho más allá del filo de una katana.

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Tomoe Gozen: el «círculo perfecto» que aterrorizaba en el frente de batalla

Si hay un nombre que encarna el poderío de las onna-musha, es el de Tomoe. Nacida aproximadamente en el año 1157 en el seno de una familia samurái, su propio nombre ya era una declaración de intenciones: significa «círculo perfecto». Siguiendo la tradición de su linaje, tanto ella como las demás mujeres de su casa fueron instruidas desde temprano en el arte de la naginata, una habilidad considerada indispensable para la protección doméstica.

Sin embargo, su destino estaba lejos de quedarse cuidando la retaguardia. El histórico relato épico Heike Monogatari la inmortalizó con una descripción que no deja lugar a dudas sobre su ferocidad:

«Tomoe era especialmente hermosa, de piel blanca, pelo largo y bellas facciones. También era una excelente arquera y como espadachina era una guerrera que valía por mil, dispuesta a confrontar un demonio o un dios, a caballo o en pie. Domaba caballos salvajes con gran habilidad; cabalgaba por peligrosas pendientes sin rasguño alguno. Cuando una batalla era inminente, Yoshinaka la enviaba como su primer capitán, equipada con una pesada armadura, una enorme espada y un poderoso arco; y ella era más valerosa que cualquiera de sus otros guerreros».

De la toma de Kioto a la traición imperial

La destreza de Tomoe fue puesta a prueba durante las cruentas Guerras Gempei, un conflicto bélico que se extendió por un lustro y que enfrentó a sangre y fuego a los clanes Minamoto y Taira. Su capacidad táctica brilló especialmente en el año 1184, cuando logró tomar la ciudad de Kioto tras alzarse con la victoria en la determinante Batalla de Kurikara.

A pesar de que el clan Minamoto resultó vencedor en la guerra, el triunfo trajo consigo intrigas políticas letales. El shōgun de Kamakura, Minamoto no Yoritomo, acusó de conspiración al marido de la guerrera, Minamoto no Yoshinaka. Esta maniobra derivó en que el propio Emperador lo tildara de enemigo del Estado, ordenando su inmediata ejecución.

El misterio de Awazu: ¿esposa caída, asistente o monja?

El desenlace de la vida de Tomoe es un rompecabezas histórico lleno de versiones cruzadas. Algunos registros apuntan a que encontró la muerte junto a su esposo en 1184, durante la Batalla de Awazu.

No obstante, el Heike Monogatari ofrece un final muy distinto: asegura que sobrevivió al combate, siendo una de las cinco personas del grupo Kiso que lograron salir con vida de ese duelo. Curiosamente, este mismo texto señala que Tomoe no era en realidad la esposa de Yoshinaka, sino que cumplía el rol de asistente. Para sumar más misterio, otras crónicas sostienen que la guerrera cayó derrotada a manos de Wada Yoshimori, con quien posteriormente se casaría, terminando sus días recluida como monja tras enviudar de este último.

No hay pruebas documentales absolutas fuera de lo narrado en el Heike Monogatari. Sin embargo, los arqueólogos lograron un avance clave: el hallazgo de la tumba de Yamabuki Gozen, quien fuera su asistente femenina. Este descubrimiento físico, sumado a que la comunidad de historiadores valida como reales la gran mayoría de los eventos descritos en la obra épica, le otorga a la leyenda de Tomoe un peso histórico innegable.

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