Reapertura del Estrecho de Ormuz: por qué las navieras aún no se animan a cruzar
"¿Quién querría ser el primer pingüino que se lanza del hielo para probar cómo está el agua?".
Las navieras desconfían de la apertura de Ormuz
El anuncio de Irán sobre la reapertura del Estrecho de Ormuz generó un impacto inmediato en las pizarras financieras: las bolsas y los bonos treparon, mientras que el petróleo y el gas natural sufrieron caídas importantes. No obstante, en el terreno logístico, la situación es muy distinta.
Entre el 19-20 de abril, fuerzas de EE. UU. bajo el mando de Donald Trump atacaron y capturaron un buque de carga iraní en el Golfo de Omán, a 3 días de la reapertura anunciada por Irán del Estrecho de Ormuz tras un acuerdo de alto el fuego, calificando la acción de Estados Unidos como «piratería» y violación de tregua, mientras mantienen un bloqueo naval y aseguran que la zona sigue bajo tensión.
Horas antes, durante la tarde luego de que Irán anunciara la reapertura, las grandes navieras admitieron que no tienen apuro por testear la seguridad del paso. La incertidumbre por la posible presencia de minas y la falta de garantías sólidas de las potencias mantienen a los buques fondeados, a la espera de una resolución sobre los seguros de guerra.
El «efecto pingüino»: escepticismo total en el sector marítimo
A pesar de las noticias que llegan desde Teherán, los propietarios de los buques comerciales que operan en el Golfo Pérsico mantienen la cautela. Según un relevamiento de la agencia Bloomberg entre más de una docena de agentes, navieras y brókeres, la sensación dominante es el escepticismo. Hasta el momento, no hay reportes de embarcaciones que hayan retomado la ruta.
«¿Quién querría ser el primer pingüino que se lanza del hielo para probar cómo está el agua?», graficó de forma contundente una fuente del sector naviero. La metáfora refleja el miedo real a los explosivos que podrían quedar en el agua, especialmente en las rutas cercanas a Omán. El panorama no se aclaró ni siquiera con los comentarios de Donald Trump en redes sociales, quien afirmó que Irán «ha retirado, o está retirando» las minas del Estrecho «con ayuda de Estados Unidos».
Versiones cruzadas y la advertencia de los expertos
La seguridad en la zona sigue siendo un rompecabezas. Jakob Larsen, responsable de seguridad de BIMCO (la asociación de transporte marítimo más grande del mundo), fue tajante al señalar que el anuncio del presidente estadounidense sobre la apertura total es «inexacto». Según Larsen, «el estado de las amenazas por minas es poco claro y BIMCO considera que las navieras deben considerar evitar la zona».
En la misma línea, el Operativo de Comercio Marítimo de Reino Unido advirtió que la estabilidad regional es precaria. «La seguridad en la región sigue siendo volátil, con actividad militar y una continua amenaza a los envíos comerciales», explicaron desde el organismo que coordina la relación entre la armada británica y los buques mercantes.
El rol de las aseguradoras: «El Estrecho lo cierra Lloyds»
Más allá de la seguridad física, el factor económico es determinante. Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis Gestión, ya había advertido que «el Estrecho lo cierra Lloyds», en alusión al peso de las aseguradoras en la toma de decisiones. Sin pólizas que cubran el riesgo, ningún barco se mueve.
Actualmente, las navieras están en plena pulseada para renegociar las tarifas. El mercado asegurador nunca se retiró del todo, pero los costos se volvieron prohibitivos. En marzo, las primas por riesgo bélico saltaron del 0,25% hasta alcanzar picos del 3% del valor del buque. Para un petrolero de 250 millones de dólares, esto significa que el costo por trayecto pasó de 625.000 dólares a varios millones, una cifra que hoy hace inviable cualquier operación normal.
«El mercado va a tratar este anuncio con optimismo cauto, pero no con una confianza total», analizó el Capitán Farhad Patel, director de la Agencia de Comercio Marítimo Sharaf. Para el experto, aunque la medida pueda aliviar la presión sobre los flujos energéticos, «el entorno de operaciones sigue siendo muy controlado y muy sensible».
Las condiciones de Teherán y la ambigüedad de Washington
La «apertura» anunciada por el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, tiene letra chica. Si bien dijo que el paso estaba «completamente abierto» durante lo que queda del alto el fuego en Líbano, aclaró que el tránsito debe realizarse por una «ruta coordinada». Esto implica que los barcos deben reportarse ante la Guardia Revolucionaria, algo que el sector interpreta como un control estricto más que como un libre tránsito.
Por otro lado, Donald Trump celebra la apertura mientras mantiene el bloqueo militar sobre los puertos iraníes. Esta contradicción alimenta la desconfianza.
Mientras Alemania se niega a participar militarmente y Francia junto al Reino Unido buscan una misión defensiva alternativa al bloqueo de EE.UU., el escenario sigue siendo el de un Ormuz militarizado. Aunque existen fondos de reaseguro estadounidenses por 20.000 millones de dólares para incentivar el tráfico, la realidad es que el Estrecho sigue siendo tratado, en la práctica, como una zona de guerra intransitable.
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