El velo, la minifalda y la lucha eterna por la libertad femenina: El antes y después de 1979
Hacemos un recorrido riguroso sobre cómo cambió todo desde aquella época de 1970 antes de la Revolución Islámica promovida por la intervención de la CIA y el MI6, porque cuando se generaliza demasiado la verdad queda oculta.

Irán: El eco de una libertad perdida y la lucha femenina que vuelve a las calles
«Vi muchas fotos de mi abuela de antes de la revolución, ella con el velo y mi mamá con una minifalda, viviendo en armonía, una al lado de la otra.»
Este recuerdo personal de Rana Rahimpour, una destacada presentadora iraní-británica para el servicio persa de la BBC, no es un caso aislado ni se circunscribe únicamente a su esfera familiar. Refleja una realidad contundente: antes de la Revolución Islámica de 1979, Irán no imponía el riguroso código de vestimenta que hoy obliga legalmente a las mujeres a usar el velo y prendas «islámicas» modestas.
«Irán era un país liberal. A las mujeres se les permitía vestir lo que querían», asegura Rahimpour. Estas declaraciones fueron tomadas con especial relevancia en un momento en que decenas de ciudades iraníes fueron escenario de masivas protestas, desencadenadas por la trágica muerte bajo custodia policial de una joven de 22 años, detenida por la «policía de la moral» encargada de hacer cumplir estas normas indumentarias.
De la convivencia al control: testimonios de una sociedad en transición
Aunque nacida después del punto de inflexión revolucionario, Rahimpour ha explorado a fondo la transformación post-Sha de su nación a través de las vivencias de su familia y su incansable labor periodística. Un cambio que, en sus primeros años, fue mucho más allá de la mera vestimenta.
La periodista iraní Feranak Amidi, reportera de Asuntos de la Mujer para el Servicio Mundial de la BBC en la región del Cercano Oriente, corrobora este panorama a BBC Mundo: «No teníamos segregación de género antes de la revolución. Pero después de 1979, las escuelas fueron segregadas y los hombres y mujeres que no tenían parentesco eran arrestados si los sorprendían socializando entre ellos».
Amidi incluso relata una experiencia personal que subraya esta represión: «Cuando era adolescente en Irán, la policía moral me arrestó por estar en una pizzería con un grupo de amigos y amigas». Complementando esta visión, recuerda una sociedad vibrante donde «Antes de 1979, había discotecas y locales de entretenimiento y la gente era libre de socializar como quisiera».
Incluso las producciones cinematográficas pre-revolucionarias atestiguan una época donde las mujeres gozaban de la libertad de elegir entre atuendos occidentales o más tradicionales. «Veías una variedad de formas de vestir. Algunas usaban el velo negro o chador, pero no de la manera en la que el gobierno en la actualidad exige».
La dinastía Pahlaví: Reformas y el despertar del movimiento femenino
Previo al levantamiento de 1979, Irán estuvo bajo el gobierno de la dinastía Pahlaví, cuyo inicio se remonta a dos golpes de Estado. En 1926, el líder golpista, Reza Khan, fue coronado como Reza Sha Pahlaví, designando a su hijo, Mohamed Reza Pahleví, como príncipe heredero, quien a la postre sería el último Sha.
Un artículo de 1997 del prestigioso Wilson Center recoge una entrevista de su programa de radio Dialogue con Haleh Esfandiari, autora de «Reconstructed Lives: Women and Iran’s Islamic Revolution» («Vidas reconstruidas: las mujeres y la Revolución Islámica de Irán»). Esfandiari, quien abandonó Irán en 1978 y regresó catorce años después para investigar el impacto de la revolución en las mujeres, narró que «el movimiento de mujeres en Irán comenzó a fines del siglo XIX, cuando las mujeres salieron a las calles durante la revolución constitucional».
Posteriormente, un significativo número de ellas impulsó proyectos sociales vanguardistas, como la apertura de escuelas para niñas y la edición de revistas femeninas. Esta red, inicialmente consolidada en la capital, Teherán, se expandió con el tiempo a otras provincias, «lo que llevó al desarrollo del movimiento de mujeres».
El velo: entre la prohibición y la reintroducción obligatoria
La vestimenta femenina ya era un tema recurrente en la agenda política iraní a principios del siglo XX. «El velo no se abolió oficialmente en Irán hasta 1936, durante la era de Reza Shah Pahlaví, el padre del Irán moderno», precisó Esfandiari. Años antes, este líder había incentivado a las mujeres a prescindir del velo en espacios públicos o, en su defecto, «a usar un pañuelo en vez del tradicional velo largo».
La autora enfatiza la dualidad inherente a esta medida: «Cuando finalmente se abolió oficialmente el velo, fue sin duda una victoria para las mujeres, pero también una tragedia, porque se les quitó el derecho a elegir, tal como sucedió durante la República Islámica cuando se reintrodujo oficialmente el velo en 1979″. Esfandiari describe cómo muchas mujeres «se vieron obligadas a abandonar el velo y salir a la calle sintiéndose humilladas y expuestas». No obstante, la académica reconoce que el padre del último sha implementó otras reformas que tuvieron un impacto positivo en la vida de las mujeres.
La Revolución Blanca: sufragio y la expansión de derechos femeninos
En 1941, su hijo, Mohamed Reza, ascendió al poder, marcando el inicio de la «modernización del país», como apunta Amidi. Este ambicioso programa de reformas, conocido como la Revolución Blanca, otorgó a las mujeres el derecho al voto en 1963 y les concedió los mismos derechos políticos que a los hombres. Además, se procuró mejorar el acceso a la educación, especialmente en las regiones más alejadas y desfavorecidas.
Durante su reinado, se promulgó la ley de protección de la familia, que regulaba aspectos cruciales como el matrimonio y el divorcio. Amidi explica que esta legislación amplió significativamente los derechos de las mujeres. «La ley de protección de la familia aumentó la edad mínima para el matrimonio de las niñas de 13 a 18 años, y también dio a las mujeres más influencia para pedir el divorcio». Incluso, limitó a los hombres a tener una única esposa, un hecho progresista para la época. «Todo esto fue bastante progresista en comparación con otros países de la región», subraya Amidi.
A pesar de su carácter autocrático, el Sha era un líder con inclinaciones progresistas y una marcada predilección por la cultura occidental, lo que impulsó un programa de secularización en el país.
Mujeres en la esfera pública y el contraste con el papel tradicional
Durante este período, las mujeres alcanzaron relevantes posiciones de poder en la sociedad iraní. «Tuvimos mujeres ministras, juezas», recuerda Rahimpour.
Sin embargo, Amidi matiza que, a pesar de las promesas de la Revolución Blanca, «las mujeres todavía estaban confinadas a los roles tradicionales». Aunque reconoce la presencia femenina «en el Parlamento», sostiene que «las mujeres no tenían una gran participación en la esfera política». Aclara, no obstante, que «debemos tener en cuenta que eso fue hace casi medio siglo y las mujeres de todo el mundo en ese tiempo no tenían mucho poder político». Aun así, destaca el rol social cada vez más visible y activo de sus compatriotas: «Tenían una presencia vibrante en la sociedad».
Arte, represión y la voz silente de la inconformidad femenina
Amidi resalta «el gran impacto» de la reina Farah Pahlaví, consorte de Mohamed Reza, en el ámbito artístico y cultural. Un ensayo de Maryam Ekhtiar y Julia Rooney, del departamento de Arte Islámico del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, describe «el florecimiento artístico en Irán» que se extendió desde los años 50 hasta los 70.
«Estas décadas vieron la apertura de Irán a la escena artística internacional», explican las autoras. Gran parte de esta efervescencia cultural se nutrió de la prosperidad económica del país, si bien la vasta mayoría de los iraníes no se beneficiaba directamente de esa riqueza. Pese al apoyo de la realeza a las artes, los artistas no eran ajenos a esta realidad ni a la creciente represión que ejercía el régimen contra los disidentes. Nahid Hagigat fue una de las pocas artistas que «expresó las preocupaciones de las mujeres durante los años previos a la revolución». «En sus grabados, capturó el sentimiento de tensión y miedo en una sociedad dominada por hombres bajo el escrutinio del gobierno».
El declive del Sha, la unidad femenina y la caída de un régimen
Hacia 1971, Mohammad Reza, autoproclamado «shahanshah» o «Rey de los Reyes», ostentaba no solo una de las mayores fortunas mundiales sino también el poder absoluto en Irán. Su régimen, sin embargo, se tornaba cada vez más represivo contra la disidencia política. «En el régimen anterior (a la revolución) la gente tenía libertades sociales, pero cero libertades políticas», evoca Rahimpour.
«Eso fue un gran problema. Todos los partidos estaban controlados por el rey, era una sociedad vigilada, no había libertad de prensa, cualquier tipo de activismo político podía terminar en prisión». El descontento social se desbordó en las calles, culminando en protestas masivas contra el Sha en 1978. Según Esfandiari, el avance conseguido por las mujeres se vio minado hacia el final del reinado: «En reacción a los elementos tradicionalistas cada vez más vocales en la sociedad, el Sha retiró drásticamente su apoyo a una mayor participación de las mujeres en los puestos de toma de decisiones».
La Revolución Islámica no fue solo apoyada por religiosos; muchos iraníes que «no eran necesariamente religiosos», como explica Rahimpour, se unieron clamando por una «democracia verdadera». «Contó con el respaldo de todos los grupos, con los liberales, los comunistas y los religiosos». Las mujeres, sin importar su vestimenta o religiosidad, fueron una fuerza clave en la caída del Sha en 1979. Esfandiari recuerda vívidamente: «En las marchas que llevaron a la revolución, había mujeres profesionales sin pañuelo y mujeres de origen conservador con el tradicional velo negro; había mujeres de familias de clase baja y media con sus hijos. Todas estas mujeres caminaron hombro con hombro, esperando que la revolución les trajera una mejora en su estatus económico y una mejora en su estatus social. Y sobre todo una mejora en su estatus legal».
Visiones contrapuestas y el legado de la elección en una sociedad profundamente religiosa
Amidi cuestiona si las mujeres «se sentían necesariamente más independientes» antes del cambio de régimen. «Irán todavía era una sociedad religiosa muy conservadora. Pero en ese entonces había voluntad política para romper ese molde tradicional y conservador, y permitir que las mujeres florecieran y ocuparan más espacios en la sociedad». Sin embargo, ese florecimiento, aclara, no se materializó completamente en todos los ámbitos. Rahimpour señala que existen visiones opuestas sobre la independencia femenina pre-revolucionaria.
«Las mujeres religiosas dirían que se sentían más cómodas a la hora de salir después de la revolución, pero las mujeres liberales no estarían de acuerdo con ellas». Subraya que «No hay que olvidar que hay una parte de la sociedad iraní que es muy religiosa», lo que explica que algunas mujeres respalden ciertos aspectos del sistema actual.
Al observar imágenes de archivo de mujeres iraníes con vestimenta occidental y sin velo, una mujer iraní le comentó que esas fotos no reflejan la vida general femenina antes de 1979. Muchas mujeres, de distintas edades, optaban por el hiyab o el velo y ropa más conservadora porque «la sociedad era posiblemente mucho más conservadora y religiosa en comparación con la actual».
De la promesa de libertad a la realidad actual: Un nuevo capítulo de protestas
Muchos iraníes participaron en la revolución con la promesa de libertad, una ilusión que, según Rahimpour, se desvaneció rápidamente. «Después de la revolución, nos dimos cuenta de que muchas personas religiosas se sentían incómodas con las minifaldas y con las libertades que hombres y mujeres tenían, y por eso también estuvieron de acuerdo con la revolución». No obstante, resalta que una gran parte de la población «profundamente religiosa» en Irán considera que el uso del velo «tiene que ser una elección». «Deja de ser religión cuando se obliga».
Al momento de todas estas declaraciones, Irán se encontraba en medio de un estallido de protestas a nivel nacional, provocado por la trágica muerte de Mahsa Amini, una joven de 22 años en septiembre de 2022, bajo custodia de la «policia de la moral» por supuestamente no cumplir con las normas del hiyab (una de tantas y entre tantos otros abusos perpetrados por este régimen inmoral antiético). Aunque las autoridades atribuyen su deceso a problemas de salud preexistentes, su familia y un vasto sector de la sociedad iraní sostienen con firmeza que falleció a causa de una brutal golpiza. Estas movilizaciones representan el desafío más serio que han enfrentado los líderes iraníes en años, abriendo un nuevo y crucial capítulo en la historia de movilizaciones populares del país.






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