Qué pasará con los clientes de Movistar en Uruguay ahora que Telefónica vendió su negocio
Telefónica tiene una deuda de 30.000 millones de euros, por lo que la retirada de Uruguay no es una reacción a las condiciones del mercado local: se enmarca en una estrategia internacional más grande.

Luego de dos décadas de presencia en el Cono Sur, Telefónica ha completado la venta de su filial uruguaya, Telefónica Móviles del Uruguay S.A. (TMU), conocida comercialmente como Movistar, al grupo Millicom –propietario de la marca Tigo– por un valor empresarial de 440 millones de dólares.
La transacción, rubricada este martes 7 de octubre tras la aprobación final del gobierno uruguayo, no solo representa un adiós definitivo para la operadora española en el país, sino que encaja en una estrategia más amplia de desinversión que ha visto a Telefónica deshacerse de activos en media docena de naciones latinoamericanas este año, con el objetivo de aligerar su deuda y concentrarse en sus bastiones europeos y brasileños.
Para los 1,4 millones de clientes de Movistar en Uruguay –que representan cerca del 29% del mercado móvil local–, la noticia llega con una promesa de estabilidad: no habrá interrupciones en el servicio. Las líneas, planes de datos, recargas y cobertura –que alcanza al 97% de la población, con avances en 5G– seguirán operando sin contratiempos durante la transición. Millicom, un gigante regional con raíces en Luxemburgo y operaciones en 15 países, ha reiterado su compromiso con la continuidad, enfatizando que la integración busca «sinergias en redes y operaciones» para potenciar la innovación digital y la inclusión. Sin embargo, a mediano plazo, no se descartan cambios graduales, como un posible rebranding hacia Tigo o ajustes en tarifas, aunque la empresa ha evitado detalles específicos por ahora.
¿Por qué Telefónica opta por la retirada? Una estrategia de supervivencia en tiempos turbulentos
El repliegue de Telefónica en América Latina no es un capricho, sino una respuesta calculada a presiones financieras y estratégicas que han azotado al sector telecomunicaciones global desde la pandemia. Bajo la batuta de su presidente, José María Álvarez-Pallete, la compañía ha priorizado la reducción de deuda –que ronda los 30.000 millones de euros– y el foco en mercados rentables donde genera el 80% de sus ingresos: España, Reino Unido, Alemania y, sobre todo, Brasil, donde Vivo (su marca local) lidera con más del 35% del mercado móvil y acaba de superar a rivales como Claro y TIM en cuota de suscriptores.
En Latinoamérica, el panorama ha sido menos halagüeño. La filial Hispanoamérica (Hispam) ha sido un lastre: márgenes bajos por competencia feroz de gigantes como América Móvil (de Carlos Slim, con su marca Claro), regulaciones estrictas y una saturación de mercados con bajo ARPU (ingreso promedio por usuario). Solo en 2024, Hispam aportó apenas el 10% de los ingresos totales de Telefónica, pero consumió recursos desproporcionados en inversiones para 5G y fibra óptica.
La venta de Uruguay, que reduce la deuda neta en unos 384 millones de dólares, forma parte de un paquete de desinversiones que ha aliviado la presión financiera en 1.500 millones de euros solo en los últimos meses. «Es una limpieza de cartera para fortalecer el core business», explican analistas, recordando que el endeudamiento heredado de adquisiciones pasadas –como el boom expansivo de los 90– ya no es sostenible en un entorno de tipos de interés al alza.
Además, el contexto geopolítico juega a favor: gobiernos latinoamericanos, ávidos de inversión extranjera, han agilizado aprobaciones regulatorias, como la del Ministerio de Industria uruguayo, que dio luz verde a la operación tras verificar su impacto en la competencia. Para Millicom, esta adquisición no es solo un trofeo: fortalece su huella en el Mercosur, complementando sus operaciones en Paraguay y Bolivia, y le permite escalar en un mercado uruguayo de alta penetración digital, donde el 90% de la población accede a internet móvil.
De Ecuador a Chile, el mapa de la despedida de Movistar
Uruguay es solo el último eslabón en una cadena de salidas que Telefónica ha ejecutado con precisión quirúrgica en 2025. La estrategia, anunciada en mayo, ha visto caer filiales en:
- Colombia: Vendida a Millicom en marzo por 400 millones de dólares, sumando 13 millones de clientes a la cartera de Tigo y liberando a Telefónica de un mercado hipercompetitivo dominado por Claro.
- Ecuador: Transferida también a Millicom en los primeros meses del año, por un monto no divulgado, pero que encaja en el mismo patrón de consolidación regional.
- Perú: En abril, Telefónica cedió su operación a Integra Tecel (dueña de Bitel) por unos 3.700 millones de dólares en valor empresarial, una de las mayores transacciones, que le permitió deshacerse de deudas locales y enfocarse en Brasil.
- Argentina: La filial se vendió a Telecom Argentina en febrero, por 1.240 millones de dólares, en un país azotado por inflación y regulaciones cambiarias que complicaban las remesas de dividendos.
¿Qué gana Uruguay –y qué pierde– con este cambio de manos?
Para los uruguayos, Millicom promete inyecciones de capital para expandir la cobertura rural y acelerar el 5G, en un país que ya presume de ser uno de los más conectados de la región. Pero también hay interrogantes: ¿mantendrá Tigo los precios accesibles de Movistar, o impondrá modelos más agresivos de upselling?
Analistas como los de DPL News ven una oportunidad para Millicom de desafiar el duopolio local (liderado indiscutiblemente por Antel y seguido por Claro), pero advierten que la integración técnica podría generar glitches temporales.

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