Peñarol derrotó por penales a Nacional y se consagró campeón de la Supercopa Uruguaya
El conjunto carbonero se hizo de la Supercopa en la tanda de penales, dejando en el camino a su rival histórico.

En el templo del fútbol uruguayo, donde la historia se escribe con sudor y corazón, Peñarol levantó la primera copa de la temporada en una noche de nervio puro, fricción clásica y resolución desde los doce pasos. El Carbonero se coronó campeón de la Supercopa Uruguaya tras derrotar a Nacional 4-2 en una definición por penales que culminó un partido áspero, táctico y lleno de incidentes, donde las luces fueron los arqueros y la sombra, las expulsiones.
Diego Aguirre sorprendió con un planteamiento de línea de cinco, una apuesta conservadora para un partido que, desde el pitido inicial, se desenvolvió como un juego de ajedrez a alta tensión. La premisa era clara: no errar. Los primeros 45 minutos fueron un pulso entrecortado, con más lucha que fútbol, donde las aproximaciones al arco fueron escasas y valiosas. Britos y Mejía, imponentes bajo los tres palos, se cruzaron para mantener el cero en el pizarron.
La segunda parte estalló en un lapso de locura. A los 50 minutos, Leandro Umpiérrez vio la roja directa por un planchazo sobre Sebastián Coates. En la jugada inmediata siguiente, la respuesta tricolor fue igual de extrema: Gonzalo Carneiro, por un manotazo a Remedi, equiparó las cifras y dejó el clásico en una tensa igualdad de diez contra diez.
El partido se enredó aún más con un choque entre Remedi y Maximiliano Silvera, que derivó en empujones y gestos de violencia que tensaron la cuerda al máximo. El trámite se volvió previsible: dos equipos cansados, con miedo a errar, buscando llegar a los penales casi por inercia. El alargue fue un trámite de desgaste, con Peñarol algo más cercano al gol a través de la pierna educada de Leonardo Fernández, pero sin la puntería final.
La definición desde el punto penal fue la justicia poética para un arquero: Sebastián Britos, sólido durante los 120 minutos, se convirtió en héroe al taparle el tercer penal a Juan Cruz de los Santos. La errata de Felipe Dos Santos y la frialdad carbonera desde los doce pasos sellaron el título para la banda aurinegra.
Compartí tu opinión con toda la comunidad