Irlanda rompe el protocolo ante Israel en la Nations League: un gesto por Palestina
La selección irlandesa bajó la cabeza durante el himno israelí, usó brazaletes negros y evitó el saludo tradicional, en el marco de la presión interna por el genocidio en Gaza.

La selección de Irlanda evitó este domingo el saludo protocolar con Israel antes de su partido por la Liga de Naciones, en un gesto que se venía anticipando desde días antes del encuentro. El capitán irlandés, Dara O’Shea, no estrechó la mano de su par israelí, Manor Solomon, y ambos equipos prescindieron del intercambio tradicional de banderines en el círculo central.
El partido se disputó en el estadio de Debrecen, Hungría, sede neutral elegida por la UEFA para los dos cruces entre ambas selecciones. La segunda cita está prevista para el 4 de octubre en Serbia, también en territorio neutral y, en ese caso, sin público.
Durante la interpretación del himno nacional israelí, los jugadores irlandeses bajaron la mirada hacia el césped y permanecieron con las manos entrelazadas detrás de la espalda. O’Shea repitió el gesto minutos después, cuando se acercó al centro del campo para la charla previa con el árbitro: saludó al colegiado y a sus asistentes, pero mantuvo las manos cruzadas frente al capitán israelí.
El equipo irlandés también utilizó brazaletes negros durante todo el partido, en referencia a las víctimas del conflicto en Gaza. La agencia AP, presente en el estadio, confirmó cada uno de estos gestos en su cobertura desde Debrecen.
Republic of Ireland captain Dara O’Shea did not shake hands with Israel captain Manor Solomon before kick-off in Debrecen. pic.twitter.com/n6b5RFGDOc
— The Final Whistle (@Rufus_45) 27 de septiembre de 2026
El contexto que explica la protesta
Los gestos no surgieron de forma espontánea. Días antes del partido, unos 160 deportistas irlandeses —entre ellos atletas olímpicos, exfutbolistas internacionales, exjugadores de rugby y boxeadores— firmaron una carta abierta pidiendo a la Federación de Fútbol de Irlanda (FAI) que boicoteara los dos encuentros ante Israel. El texto sostenía que “no jugar este partido sería la cosa más deportiva que se podría hacer”.
El propio entrenador irlandés, el islandés Heimir Hallgrímsson, había elevado la tensión en la conferencia de prensa previa al afirmar: “No estamos jugando con el genocidio, estamos jugando contra el genocidio”. La frase generó una respuesta inmediata de la Federación Israelí de Fútbol, que en un comunicado en redes sociales acusó al entrenador de “estupidez, ignorancia e hipocresía”.
Finalmente, los jugadores irlandeses votaron mayoritariamente a favor de disputar el partido, tal como confirmó el propio Hallgrímsson en declaraciones previas al encuentro: “Ninguno de nosotros se siente cómodo jugando estos partidos, pero una vez que decidimos hacerlo, nos mantenemos unidos”. El acuerdo interno del plantel incluyó, sin embargo, dejar de lado los protocolos de cortesía habituales entre selecciones rivales.
Un caso adicional marcó la previa: el arquero suplente Gavin Bazuno decidió no formar parte de la convocatoria para ninguno de los dos partidos ante Israel, citando su “creencia personal de que matar a personas inocentes está mal”, según trascendió el sábado previo al encuentro.
Un estadio casi vacío en Hungría
El ambiente en Debrecen reflejó el clima de rechazo que rodeó al partido. El estadio estuvo prácticamente vacío, con apenas un pequeño grupo de hinchas israelíes presentes en las tribunas. Alrededor de diez personas sin camisetas de ningún color celebraron cuando Troy Parrott abrió el marcador para Irlanda a los 13 minutos de juego.
La decisión de la UEFA de trasladar ambos partidos a sedes neutrales —Hungría y Serbia— responde a un esquema ya aplicado en otras competiciones europeas cuando existen tensiones geopolíticas entre las federaciones involucradas. La medida no impidió, sin embargo, que la carga simbólica del cruce se trasladara al terreno de juego a través de gestos individuales y colectivos de los futbolistas.
Antecedentes en la relación FAI-Israel
La postura de Irlanda hacia Israel dentro del fútbol no es nueva. Meses antes de este partido, la Asamblea General de la FAI había aprobado una moción para solicitar formalmente a la UEFA la suspensión de la Federación Israelí de sus competiciones, en una votación que se remonta a noviembre. La solicitud, respaldada también por las federaciones de Noruega y Turquía, fue finalmente rechazada por el organismo europeo.
Ese antecedente ayuda a entender por qué la FAI terminó aceptando disputar los partidos pese a la presión interna: la vía institucional para evitar el cruce ya se había agotado semanas antes, dejando a los propios jugadores como último actor capaz de expresar una postura dentro de las reglas del juego.
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